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La coquina, manjar de nuestras costas, podría extinguirse

Este marisco, víctima de la sobreexplotación, presenta un alto aislamiento entre poblaciones, lo que pone en riesgo su supervivencia a largo plazo.

Entre la rica gastronomía que encontramos en España, el marisco ocupa un lugar especial. Son alimentos que se componen de moluscos o crustáceos, muy apreciados y, en algunos casos, tan caros que se convierten en artículos de lujo.
En las costas de Galicia, la Comunidad Valenciana y Andalucía occidental, especialmente Cádiz y Huelva, era habitual que las coquinas (Donax trunculus) formasen parte de los platos y menús de marisco. Gracias a su textura fina y a su sabor agradable, se consideran todo un manjar para muchos. Pero, desde hace algún tiempo, las coquinas empiezan a escasear.

La coquina como parte de la fauna litoral

La coquina es un molusco bivalvo que vive en aguas templadas y cálidas, cuya distribución nativa se extiende desde el mar Negro, por el Mediterráneo, hasta la costa atlántica, desde el norte de Francia hasta Senegal.
Desde el punto de vista científico, es una especie que se emplea con frecuencia en estudios de monitorización ambiental, como especie centinela para el estudio ecotoxicológico de playas de arena. Además de ser de fácil recolección, la coquina presenta muchas ventajas para este tipo de análisis: una distribución amplia, tiene capacidad de bioacumulación de toxinas, respuestas específicas y fáciles de interpretar ante la presencia de contaminantes, y su biología, fisiología y ecología están muy bien estudiadas.
Hasta hace relativamente poco, sin embargo, no existían estudios realizados desde una perspectiva de la biología de la conservación, aunque sí se ha evidenciado que la población de coquinas se encuentra en grave decrecimiento.

La sobreexplotación: el principal problema

El consumo de coquinas en las últimas décadas ha sido masivo. Solo en Europa, en el año 2005 se capturaron hasta 1355 toneladas del medio natural. Antes de esta fecha, los datos son inciertos; aunque se sabe de desembarcos pesqueros desde 1972, pescadores y mariscadores no tenían la obligación de declarar el volumen de capturas hasta el año 1998.
Lo que sí está claro es que estos grandes volúmenes quedaron atrás. Desde finales de la década del 2000 se observa un declive casi constante en el rendimiento de las capturas. Y el principal factor que amenaza a las coquinas es la sobreexplotación.

El efecto del aislamiento genético

No todas las poblaciones de coquinas sufren el mismo nivel de sobreexplotación. Ante una especie de amplia distribución, lo habitual es que exista cierto flujo de ejemplares entre unas poblaciones y otras, que ayuden a recuperar las comunidades. La mejor forma de comprender la conectividad entre poblaciones es mediante el estudio de la estructura genética.
Este tipo de análisis tienen implicaciones importantes en la conservación, pues permite determinar las unidades poblacionales existentes y establecer escalas espaciales adecuadas para su preservación y su manejo.
En esta dirección trabajó un equipo de investigación internacional, liderado por Amandine D. Marie, de la Universidad del Pacífico Sur, en Fiji, en colaboración con la Universidad de la Sorbona en París, la Estación Biológica de Doñana y el Instituto de Ciencias Marinas de Andalucía, entre otros.
Sus resultados, publicados en la revista científica Scientific Reports, dependiente de Nature, mostraron que entre las barreras biogeográficas que separan las poblaciones diferentes de coquinas son suficientemente fuertes como para generar un aislamiento genético significativo.

La regla 100/1000

En ecología, se considera la población mínima viable como el límite inferior en la población efectiva de una especie, suficiente como para que pueda sobrevivir en la naturaleza. Suele considerarse, en este sentido, la llamada ‘regla 50/500’, que indica que la población efectiva mínima para sobrevivir a los efectos negativos de la endogamia es de 50 individuos, y de 500 la necesaria para mantener una presencia que perdure en el tiempo con potencial evolutivo. Pero esta ‘regla’ no es igualmente aplicable a todos los seres vivos.
Según el estudio de la profesora Marie y colaboradores, para las poblaciones de coquina, esta regla debe tomarse en valores de 100/1000. Es decir, que es necesaria una población de 100 individuos para evitar el riesgo de extinción inmediata por endogamia, y de al menos 1000 para persistir a largo plazo y preservar su potencial evolutivo, sin que se extinga por la pérdida de diversidad genética.
En el citado trabajo, se analizaron poblaciones de coquinas de Isla Canela —Huelva—, Parque Nacional de Doñana —Huelva y Sevilla—, Caleta de Vélez —Málaga—, Cabo de Gata —Almería—, Gandía —Valencia—, Sant Carles de la Rápita —Tarragona— y Roses —Girona—. Aunque todas las localizaciones mostraban población suficiente para mantenerse de forma inmediata sin sufrir los efectos de la endogamia, solo el Parque Nacional de Doñana mostraba una población efectiva superior a 1000, suficiente para mantenerse en el tiempo. En el resto, las poblaciones efectivas son insuficientes y muestran un alto riesgo de extinción a largo plazo.
Referencias:
Marie, A. D. et al. 2016. Implications for management and conservation of the population genetic structure of the wedge clam Donax trunculus across two biogeographic boundaries. Scientific Reports, 6(1), 39152. DOI: 10.1038/srep39152
Tlili, S. et al. 2019. The wedge clam Donax trunculus as sentinel organism for Mediterranean coastal monitoring in a global change context. Regional Environmental Change, 19(4), 995-1007. DOI: 10.1007/s10113-018-1449-9

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