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3 Animales que emplean el miedo como estrategia

Existen criaturas que tratan de intimidar a otras, ya sea en su competencia con sus congéneres, o para evitar ser cazados; algunas lo hacen de forma involuntaria, y otras deliberadamente.

Cuando un animal percibe una amenaza suele generar una reacción, la respuesta de estrés agudo, descrita por primera vez por el fisiólogo estadounidense Walter B. Cannon, como reacción de lucha o huida. Esta respuesta puede adquirir formas muy diferentes. Algunos animales, como las ratas o los cuervos, evalúan sus opciones antes de reaccionar, estiman si huir es o no una opción viable, y si no lo es, contraatacan. Otros se paralizan, fingen estar heridos o muertos, o buscan un lugar donde refugiarse gracias a su patrón de colores; otros incluso cambian de color para tratar de esconderse.
La respuesta de estrés agudo no siempre es inmediata. Cuando dos animales se encuentran uno frente a otro, puede haber un tiempo en el que cada uno evalúa a su oponente; en algunas ocasiones se produce algún tipo de negociación, de sumisión o de exhibición de calma, en un intento por evitar la confrontación.
Sin embargo, otros animales emplean un método más intimidatorio: tratan de infundir miedo en su oponente —ya sea de su misma especie o de otra—.
El miedo es una emoción atávica; pocos animales osan enfrentarse a lo que les aterra; por eso es una forma útil de evitar la confrontación. En ocasiones, el que más miedo provoca no siempre es el más fuerte o el que saldría mejor parado en el combate. Muchas veces se trata de exhibiciones meramente aparentes que tratan de mostrar que uno es más fuerte, más grande o más peligroso que el otro, aunque no sea cierto.

Rugidos y golpes en el pecho

Un gorila macho de espalda plateada rugiendo amenazante

Animales miedo gorilaUn gorila macho de espalda plateada rugiendo amenazante

Prácticamente en todos los grupos taxonómicos que presentan un sistema nervioso lo suficientemente complejo, hay animales que utilizan la intimidación y el miedo como estrategia. Pero quizá, por proximidad evolutiva, a los seres humanos nos resulta más fácil comprender el comportamiento amenazante que exhiben algunos primates, para evitar el conflicto físico; muy común entre los primates de gran tamaño incluido el ser humano—.
El caso más fácil de observar es el de los gorilas. El gorila macho, cuando percibe una amenaza hacia él o hacia su familia, se yergue sobre dos patas, grita y se golpea con fuerza el pecho con los puños, tratando de intimidar a su oponente. Hace a uno plantearse si emplea tal fuerza para golpearse a sí mismo, cuánta empleará si golpea a otro.
Este comportamiento es muy común que se dé como respuesta a la intromisión de un gorila en el territorio del otro. Generalmente, es el gorila más grande y que golpea con más fuerza el que gana la contienda antes de llegar a la violencia física. También emplean estas técnicas para amedrentar a otros primates si intentan ‘pasarse de la raya’.
Pero no siempre es eficaz. Cuando una familia de gorilas se enfrenta a un grupo bien organizado de chimpancés, la exhibición de fuerza y fiereza no siempre tiene el efecto deseado y, en ocasiones, ni siquiera sirve para retrasar el conflicto. Al contrario, el intento de intimidación puede provocar en los chimpancés una respuesta de lucha que acelere el conflicto, con desastrosas consecuencias.

Una avispa de mentira

Escarabajo avispa

Escarabajo avispaEscarabajo avispa

En algunos casos, los animales utilizan la intimidación de forma deliberada, pero otros lo llevan como parte inherente de su biología. La forma, el patrón de colores o el modo de moverse de un animal puede hacer que parezca algo que no es. Rasgos intrínsecos, propiciados por la selección natural, que les hacen infundir miedo involuntariamente a sus depredadores naturales, que evitarán cazarlos.
Pocos animales se atreven, por ejemplo, a cazar una avispa. Son insectos peligrosos, con un vuelo ágil, velocidad de reacción muy rápida, y capaces no solo de morder, sino también de picar, con un aguijón afilado con el que inyectan su veneno. Además, las avispas, a diferencia de las abejas, no pierden su arma al atacar: el aguijón, liso como una aguja hipodérmica, sale de la carne de su víctima con la misma facilidad que entró y listo para volver a picar.
El escarabajo avispa (Clytus arietis) no tiene aguijón, ni mandíbulas fuertes para desgarrar la carne. Es un coleóptero cerambícido, que se alimenta del néctar de las flores, ayudando así a su polinización. Es un animal totalmente inofensivo, pero pocos depredadores se atreven a atacarlo. Y se debe a su apariencia.
El patrón de colores y la forma de su cuerpo le dan el aspecto de una avispa. Incluso aunque su imagen no llegue a engañar a todos, el patrón de colores sigue siendo muy llamativo. Sus bandas amarillas y negras están mandando el mensaje: “soy un animal peligroso”. Este mensaje es suficiente para infundir miedo en los depredadores, que preferirán no arriesgarse a atacar a un animal que tal vez se defienda con un picotazo doloroso y, en ocasiones, mortal.

El pulpo de las mil caras

Pulpo imitador imitando a una platija venenosa (A), a un pez escorpión (B) y a serpiente marina (C), y los tres animales imitados (respectivamente D, E, F). (Norman et al., 2001)

Miedo pulpoPulpo imitador imitando a una platija venenosa (A), a un pez escorpión (B) y a serpiente marina (C), y los tres animales imitados (respectivamente D, E, F). (Norman et al., 2001)

Algunos animales llevan a un nivel mucho más alto que el escarabajo avispa esto de parecer peligroso sin serlo realmente. Existen muchos depredadores que pueden atacar a un pulpo; su cuerpo es relativamente blando, y, a menos que se trate de alguna especie venenosa, su única defensa es lanzar un chorro de tinta para confundir al depredador y huir rápidamente con un sistema de propulsión a chorro. Pero el pulpo imitador (Thaumoctopus mimicus) cuenta con un sistema optimizado con el que intimidar a casi cualquier depredador. Es, probablemente, una de las curiosidades más fascinantes de los pulpos —y tienen muchas—.
Como la mayoría de los pulpos, es muy inteligente, capaz de establecer relaciones con facilidad y reconocer patrones. Y lo más sorprendente, aprende cuáles son los depredadores naturales de sus propios depredadores.
Si se ve amenazado por un pez que es presa habitual de las serpientes marinas, cambia su forma y color, escondiendo parte de su cuerpo por debajo del suelo, para asemejarse a una serpiente marina. Si el depredador teme las aletas espinosas del pez escorpión, adquiere su forma, textura, color, y sus hábitos natatorios.
Medusa, raya, anémona, morena… este pulpo no solo tiene la capacidad de mimetizarse para adquirir la apariencia de hasta quince especies distintas de animales más peligrosos que él mismo, sino que presenta una toma de decisiones activa para adquirir el aspecto idóneo, acorde al tipo de amenaza que percibe. Elige voluntariamente la criatura que más miedo provoque en su depredador y se disfraza de forma extremadamente convincente.
Este comportamiento dice mucho sobre las capacidades de este animal. No solo muestra la capacidad de relacionar conceptos, examinando qué forma es la mejor para cada amenaza, sino que es capaz de analizar aspectos morfológicos y de comportamiento de otros animales y asimilarlos, reconocer conscientemente su propio cuerpo y manejarlo, interactuando deliberadamente con el entorno.
De todos los animales que emplean el miedo como estrategia, puede que el pulpo imitador sea una de las especies conocidas que lo haga de la manera más elaborada.
Referencias:
Herrel, A. et al. 2006. Ecology and Biomechanics: A Mechanical Approach to the Ecology of Animals and Plants. CRC Press.
Norman, M. D. et al. 2001. Dynamic mimicry in an IndoMalayan octopus. Proceedings of the Royal Society of London. Series B: Biological Sciences. DOI: 10.1098/rspb.2001.1708
Southern, L. M. et al. 2021. Lethal coalitionary attacks of chimpanzees (Pan troglodytes troglodytes) on gorillas (Gorilla gorilla gorilla) in the wild. Scientific Reports, 11(1), 14673. DOI: 10.1038/s41598-021-93829-x
Ureña Gómez-Moreno, J. M. 2019. The ‘Mimic’ or ‘Mimetic’ Octopus? A Cognitive-Semiotic Study of Mimicry and Deception in Thaumoctopus Mimicus. Biosemiotics, 12(3), 441-467. DOI: 10.1007/s12304-019-09362-y

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