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Los patos ayudan a salvar a los ecosistemas del cambio climático

Una reciente investigación reconoce el valor del papel de las anátidas en el transporte y dispersión de semillas.

Uno de los efectos observables del cambio climático antropogénico es el desplazamiento de determinados ecosistemas hacia otras áreas meteorológicamente idóneas.
Aunque seguramente la tendencia será distinta según las zonas, en general, el aumento de la temperatura global hará que las áreas óptimas para cada ecosistema se vayan desplazando hacia altitudes o latitudes más elevadas, mientras que la desertificación se irá extendiendo paulatinamente. Este efecto es, por ejemplo, el que seguramente se observará en España.

Los ecosistemas también se desplazan

Para que los distintos ecosistemas puedan soportar el cambio, será necesario que sean capaces de desplazarse al mismo ritmo que el clima, migrando hacia lugares que serán óptimos en el futuro. Y sí, como curiosidad, es cierto que los ecosistemas pueden desplazarse de un lugar a otro.
Para los ecosistemas profundamente antropizados, —manejados por el ser humano—, como las dehesas, los cultivos forestales o agrícolas, este desplazamiento es relativamente sencillo; llevamos desplazando nuestros recursos productivos casi desde que se inventó la agricultura.
Sin embargo, para los ecosistemas silvestres, el desplazamiento es mucho más difícil de conseguir a la velocidad óptima. A diferencia de otros cambios climáticos del pasado —algunos también causantes de desastres y extinciones masivas—, el cambio climático antropogénico alcanza una magnitud muy alta en un lapso de tiempo extremadamente corto, reduciendo en gran medida la capacidad de adaptación de los seres vivos.
Para que un ecosistema se desplace a un nuevo entorno que suponga un óptimo climático es necesario que se muevan los animales y plantas que viven en él. La mayoría de los animales tienen una capacidad de desplazamiento razonablemente buena. El desplazamiento de las plantas, por el contrario, es mucho más lento, y representa el principal factor limitante.
Salvo algunas especies concretas muy bien conocidas, las plantas no tienen la capacidad de desplazarse individualmente, el transporte de las comunidades vegetales depende de la dispersión de sus semillas. Cuanto más lejos puedan dispersarse, y cuanto más rápido germinen y crezcan formando poblaciones estables, más rápido se desplazará el ecosistema.
Pero el desplazamiento de un ecosistema es mucho más complejo que el movimiento de las comunidades vegetales que lo componen. En el nuevo entorno debe formarse el suelo adecuado, con la microbiota propia del entorno, y se debe adquirir la estructura vertical completa, un largo proceso que puede llevar décadas o incluso siglos. Si las plantas van colonizando entornos nuevos gradualmente, siguiendo los procesos ecológicos de sucesión primaria, y se dispone del tiempo suficiente, los nuevos ecosistemas llegarán a ser tan fuertes como aquellos de los que proceden.

El indispensable papel de los animales

En toda esta dinámica los animales tienen un papel crucial, pues son capaces de desplazar las semillas de un lugar a otro, ya sea deliberada o accidentalmente. Es bien sabido que especialmente las aves, ingieren frutos carnosos, y en el proceso de digestión transportan y dispersan las semillas, depositadas con las heces a grandes distancias de su origen.
Pero hasta ahora se asumía que las semillas de plantas que carecen de estos frutos carnosos comestibles no podían ser dispersadas por las aves u otros animales, sino que dependían de fenómenos físicos para alcanzar otros entornos: la fuerza de arrastre del viento, del agua, o la caída por una ladera, efecto de la gravedad.
En Europa, el 92 % de las plantas con flores tienen frutos que no son atractivos para las aves frugívoras. Esto supone una gran dificultad para el desplazamiento de los ecosistemas, especialmente si la zona óptima está a mayor altitud: las semillas no pueden caer a elevaciones superiores a las que se encuentra el árbol madre, ni pueden nadar aguas arriba.
Además, otro problema que se ha observado en este aspecto está relacionado con las estaciones. Las aves migran a entornos más fríos —los más deseables— durante la primavera; pero la mayoría de frutos se producen en otoño, justo cuando las aves viajan a entornos más cálidos, y, por lo tanto, menos adecuados para su colonización que los ecosistemas que ya están ocupando. La dispersión durante el otoño es poco eficiente.

Los patos, salvadores de la vegetación

Ante este escenario, parece que no hay muchas opciones para el desplazamiento exitoso de los ecosistemas a entornos más fríos.
Sin embargo, un grupo de investigación, coliderado por los investigadores Andy J. Green, de la Estación Biológica de Doñana (CSIC), y Ádám Lovas-Kiss, del Instituto de Ecología Acuática de Debrecen, Hungría, ha podido observar un comportamiento fascinante. Los resultados de su investigación han sido recientemente publicados en Global Ecology and Biogeography.
Ánade azulón; acaba de descubrirse que puede representar un dispersor de semillas

ÁnadeÁnade azulón; acaba de descubrirse que puede representar un dispersor de semillas

Los patos y otras anátidas no consumen frutos ni semillas de forma directa. Remueven y filtran el sedimento de los lagos y lagunas cuando se alimentan. Pero en ese proceso, recogen y consumen involuntariamente semillas que cayeron al agua y fueron depositadas en el fondo meses atrás, en otoño. En su tracto digestivo, las transportan durante su migración primaveral a entornos más fríos, y, por lo tanto, más adecuados, y en el momento óptimo para su germinación.
Los ánades azulones, objeto de estudio de esta investigación, pueden migrar hasta 2300 kilómetros entre las zonas de invernada y las áreas de cría estivales. Los investigadores analizaron más de 600 deposiciones de ánade y consiguieron recuperar de ellas más de 5000 semillas, de las cuales, hasta el 40 % eran viables.
Según los investigadores, los patos están ofreciendo una oportunidad vital a las plantas y a los ecosistemas dispersando, en el mejor momento y a lugares adecuados, las semillas de plantas que, hasta ahora, se pensaba, solo podían dispersarse apenas unos metros, una distancia insuficiente para compensar el avance del cambio climático.
Referencias:
Urgyán, R. et al. 2022. Plants dispersed by a non-frugivorous migrant change throughout the annual cycle. Global Ecology and Biogeography, 00, 1-13. DOI: 10.1111/geb.13608

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