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Descubierto un nuevo roedor prehistórico en España

Los dientes de una nueva especie de topillo muestran nuevos conocimientos sobre la evolución de los roedores ibéricos antes de las glaciaciones.

En paleontología existen diversas formas de estimar o calcular la antigüedad de una muestra. Para restos orgánicos relativamente recientes se puede emplear la famosa prueba del carbono-14, y para restos de madera de los últimos miles de años, la dendrocronología proporciona resultados óptimos.
Sin embargo, datar fósiles de cientos de miles o de millones de años entraña mayores dificultades. Algunos métodos de datación por radioisótopos aportan resultados fiables, pero son técnicas complejas que no siempre se pueden llevar a cabo. Uno de los métodos más empleados es el uso de fósiles guía; restos de seres vivos que vivieron en una época muy específica y bien conocida, fáciles de encontrar y de reconocer, y que indican, con su mera presencia, la antigüedad del yacimiento en el que se encuentran.

La importancia de los fósiles de roedores

Entre los fósiles guía más apreciados en yacimientos arqueológicos y paleontológicos recientes destacan los restos de microvertebrados, especialmente roedores y musarañas. Estos fósiles proporcionan información muy valiosa, no solo de la antigüedad del resto de muestras obtenidas, sino como indicadores del contexto ambiental en el que se encontraban.
Los dientes de los roedores son, además, piezas clave para su reconocimiento. Se puede trazar el árbol evolutivo de los roedores del Plioceno y Pleistoceno solo a partir de sus dientes, con una precisión asombrosa.
Los roedores del Plioceno, hace entre 5,3 y 2,6 millones de años, entre los que destaca el género Mimomys, presentan raíces profundas en sus molares. Este tipo de dentición es permanente y no se renueva, es óptima para alimentos blandos.
Pero este escenario cambió a principios del Pleistoceno, hace unos 2,59 millones de años. En esta época, y asociado con los cambios en la vegetación, aparecieron y se diversificaron los topillos arrizodontos como Allophaiomys, cuyas muelas no presentan raíces. Esta nueva forma de molar permite un mayor desarrollo vertical, y que el molar continúe creciendo. Una adaptación más adecuada para el consumo de plantas duras asociadas a climas más fríos, que desgastan constantemente los molares. No debemos olvidar que las hierbas, cuanto más duras, más abrasivas resultan para la dentadura.

Adaptarse o extinguirse

Mientras que en el centro de Europa, donde el cambio climático fue más rápido y drástico, Mimomys fue rápidamente sustituido por Allophaiomis, en la península ibérica, donde el cambio fue más suave durante las primeras etapas del Pleistoceno, ambos grupos de roedores coexistieron durante un tiempo.
Las pruebas obtenidas en yacimientos del sur de España muestran que, de hecho, la transición fue mucho más compleja. Pues en lugar de sufrir la sustitución de unos roedores por otros, lo paulatino del cambio climático dio margen a que el género Mimomys se adaptara a las condiciones nuevas. Recordemos que el mayor problema de un cambio climático no siempre es el cambio en sí, sino su magnitud y su velocidad. Las especies se adaptan a cambios lentos y paulatinos, pero no a cambios drásticos y repentinos.
La dentición de estos nuevos roedores comenzó a ser más alta, con las raíces más cortas, con un crecimiento constante, permitiendo que la vegetación dura, como papel de lija, desgastase las coronas sin que ello supusiera la pérdida de las piezas dentarias. Esta tendencia se observa especialmente en las especies más recientes, como Mimomys oswaldoreingi.
Y ahí es donde entra en juego el nuevo roedor, Manchenomys orcensis, descubierto por un grupo de investigación liderado por el profesor Jordi Agustí, de la Institució Catalana de Recerca i Estudis Avançats (ICREA), y cuyos resultados han sido recientemente publicados en Comptes Rendus Palevol.

Manchenomys orcensis

Manchenomys es un género de topillo arrizodonto —recordemos, sin raíces en sus molares— presente en el sur de la península ibérica, que se considera descendiente del género Mimomys. En este nuevo género se ha reubicado la especie M. oswaldoreingi, antes perteneciente a Mimomys, por su mayor afinidad con la nueva especie descubierta.
Los primeros registros del género aparecen hace 1,8 millones de años en la cuenca de Guadix-Baza, más concretamente en el Barranco de los Conejos, en la provincia de Almería, y en Cortes de Baza, en Granada. La nueva especie descubierta, Manchenomys orcensis, ocupa entornos más modernos, en torno a 1,2 millones de años, en los yacimientos de Fuente Nueva y Barranco León, Granada. Lo que significa que convivió con los primeros homínidos que poblaron Europa occidental.
Este género de topillo era capaz de excavar galerías, donde guarecerse de las inclemencias meteorológicas y de los depredadores, adaptándose con esta estrategia a la pérdida paulatina de masa forestal, a medida que los hielos se aproximaban desde el norte. Persistió en estos ecosistemas durante más de 800 000 años.
Sin embargo, y hasta donde sabemos, se extinguió hace unos 990 000 años. Y es que, aunque la evolución proporciona adaptaciones, no hace milagros y, probablemente, el cambio climático que provocó la primera gran glaciación del cuaternario terminó con la capacidad adaptativa de estos roedores.
Referencias:
Agustí, J. et al. 2022. A new genus and species of arvicolid rodent (Mammalia) from the early Pleistocene of Spain. Comptes Rendus Palevol, 39. DOI: 10.5852/cr-palevol2022v21a39

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