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Recuperan un virus congelado en permafrost prehistórico

El descongelamiento de los hielos perpetuos del subsuelo en elevadas latitudes a causa del cambio climático podría liberar patógenos desconocidos.

Algunos efectos del cambio climático antropogénico son muy evidentes. El aumento general de las temperaturas, los cambios en la estructura y el funcionamiento de los ecosistemas que nos son próximos o el desplazamiento de determinadas especies son evidentes. Otros efectos, sin embargo, son mucho más sutiles, como el cambio en la calidad de determinados alimentos o la aparición de nuevas alergias.

El permafrost se descongela

Entre estos efectos sutiles se encuentran todos los que se derivan del derretimiento del permafrost, una capa de suelo o del subsuelo que se encuentra permanentemente congelada, durante todo el año. Se ubica principalmente en latitudes elevadas del hemisferio norte, y lleva congelado e invariable desde las últimas glaciaciones. Algunas regiones de Siberia presentan un permafrost de más de un kilómetro de espesor.
El deshielo del permafrost es un tema de preocupación científica desde hace tiempo. El impacto principal derivado de este fenómeno es una mayor liberación de gases de efecto invernadero; derivado de un círculo vicioso difícil de frenar: el derretimiento del permafrost libera gases de efecto invernadero, estos gases favorecen el aumento de la temperatura y el resultado es que se derrite más aún el permafrost.
Pero, este suelo congelado no solo ha preservado un reservorio de carbono que se libera al derretirse. El permafrost actúa, en todos los sentidos, como una cápsula del tiempo, preservando durante milenios todo lo que otrora estuvo vivo en el subsuelo. Afortunadamente, no existen seres vivos con organización celular capaces de sobrevivir al proceso de congelación durante tanto tiempo, al menos, que sepamos. Pero no todas las entidades biológicas son seres vivos con organización celular.

Virus prehistóricos congelados

En el año 2014, un grupo de investigación liderado por el profesor Matthieu Legendre, de la Universidad de Aix-Marsella (Francia), aisló con éxito un virus del grupo Megavirales a partir de permafrost siberiano congelado de 30 000 años de antigüedad. Las partículas víricas del llamado Pithovirus sibericum son de gran tamaño, aunque su genoma es relativamente corto.
En este punto, es razonable e incluso lógico que la curiosidad del descubrimiento dé paso al temor por la liberación de un nuevo virus —o mejor dicho, viejo—. No obstante, P. sibericum es totalmente inocuo para el ser humano y para cualquier otra especie animal.
Se trata de un virus de ADN que infecta a protistas unicelulares, como las amebas del género Acanthamoeba. Lo que sí pudo verificar este grupo de científicos es que los virus aún eran viables: mantenían su capacidad para infectar y matar a esas amebas.
Sin embargo, donde existe un virus puede haber más. La mera existencia de P. sibericum es prueba suficiente de que ciertos virus pueden permanecer en el permafrost, y el deshielo tal vez no esté exento de futuras amenazas para la salud humana o de otros animales. Este descubrimiento abría las puertas de un nuevo conocimiento.

Nuevos viejos virus viables en el permafrost

Tras un par de investigaciones más, el estudio de virus congelados en permafrost pareció estancarse. Esto podría dar la idea de que estos virus son un suceso extraño o excepcional. Pero esa percepción errónea es producto de un sesgo; algo no se ve o no se estudia no significa en absoluto que no esté ahí.
Un nuevo equipo de investigación de la misma Universidad francesa, esta vez liderado por el virólogo Jean-Marie Alempic, está desarrollando actualmente una investigación analizando más permafrost siberiano. En un artículo en formato pre-print, publicado recientemente, han anunciado el descubrimiento de 13 nuevos virus aislados a partir de nueve muestras distintas de permafrost, una perteneciente al crisol de Kamchatka, otra procedente del río Lena y siete de Siberia.
Estos ‘nuevos viejos virus’ pertenecen a cinco grupos distintos —Pandoravirus, Cedratvirus, Megavirus, Pacmanvirus y Pithovirus—, y, según los investigadores, son también viables.
Si los resultados de este pre-print se confirman, se estaría verificando que la capacidad infecciosa de virus de ADN se puede mantener después de permanecer congelados en permafrost durante más de 48 500 años. Y aunque estos virus afectan también a amebas, los estudios metagenómicos a gran escala del antiguo permafrost muestran rastros genómicos de Poxvirus, Herpesvirus o Asfavirus, patógenos que, potencialmente, podrían afectar a humanos y a otros vertebrados.
Los autores del estudio muestran su preocupación ante la posibilidad de que otros virus enterrados en el permafrost puedan suponer un riesgo para la salud humana y animal. Es, por lo tanto, primordial seguir investigando estos hielos. Será más sencillo combatir un ‘nuevo viejo virus’ descongelado del permafrost por acción del cambio climático, si ya se conoce con anterioridad.
Referencias:
Alempic, J.-M. et al. 2022. An update on eukaryotic viruses revived from ancient permafrost [Preprint]. Microbiology. DOI: 10.1101/2022.11.10.515937
Legendre, M. et al. 2014. Thirty-thousand-year-old distant relative of giant icosahedral DNA viruses with a pandoravirus morphology. Proceedings of the National Academy of Sciences, 111(11), 4274-4279. DOI: 10.1073/pnas.1320670111
Rigou, S. et al. 2022. Past and present giant viruses diversity explored through permafrost metagenomics. Nature Communications, 13(1), 5853. DOI: 10.1038/s41467-022-33633-x
Schuur, E. a. G. et al. 2015. Climate change and the permafrost carbon feedback. Nature, 520(7546), 171-179. DOI: 10.1038/nature14338
Sharma, V. et al. 2015. Pithovirus sibericum, a new bona fide member of the “Fourth TRUC” club. Frontiers in Microbiology, 6.

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