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¿Cómo respondieron los ecosistemas durante la erupción en La Palma?

Aunque se conocen los resultados finales, por primera vez se ha podido estudiar la respuesta de los seres vivos a una erupción volcánica en tiempo real.

El 19 de octubre de 2021 se iniciaba en la isla de La Palma la erupción volcánica más larga de esta isla desde que se tienen registros, y la tercera en la historia de España, tras la erupción del Tagoro, en El Hierro (2011-2012) y la de Timanfaya, en Lanzarote (1730-1736).
En los 85 días y 8 horas que duró la erupción, se estima que la Dorsal de Cumbre Vieja emitió hasta 45 millones de metros cúbicos de material piroclástico y unos 177 millones de metros cúbicos de lava, que llegaron a cubrir más de 12 kilómetros cuadrados de terreno y expandió la isla más de 40 hectáreas.

Un evento catastrófico

Sin duda, el impacto de un evento así sobre las poblaciones afectadas es inmenso. Por un lado, una erupción de este calibre provoca, en ocasiones, la pérdida de vidas humanas y también enormes pérdidas materiales. Afortunadamente, en esta ocasión, nadie murió por causas directas de la erupción, aunque la mortalidad en la región en este período sí se incrementó.
Pero, por otro lado, este tipo de sucesos tienen también efectos catastróficos sobre el medioambiente. En ecosistemas tan sensibles como las islas, la actividad volcánica puede ser la causa de pérdida de biodiversidad. Esto se ha comprobado en múltiples ocasiones, al observar el resultado, pero nunca se había analizado en vivo, durante la erupción.

La erupción estudiada en vivo y en directo

Recientemente, un equipo de investigación liderado por el investigador Manuel Nogales, del Instituto de Productos Naturales y Agrobiología (IPNA) del CSIC, monitorizó la respuesta de la biodiversidad ante el evento catastrófico de Cumbre Vieja.
La isla de la Palma fue declarada Reserva de la Biosfera en el año 2002. Este hecho atestigua la rica biodiversidad que alberga, con casi 6000 especies terrestres catalogadas, de las cuales, más de 1100 son endémicas. A pesar del impacto evidente, la erupción supuso una oportunidad única para los investigadores de evaluar la influencia del vulcanismo en un entorno tan rico y, a la vez, tan vulnerable. Los resultados del estudio fueron publicados recientemente en la prestigiosa revista Scientific Reports, dependiente de Nature.
En el estudio abordaron diversas cuestiones relacionadas con las plantas de la isla, entre las que se encontraban el momento en que colapsaron las poblaciones y a qué distancia estaban, de qué forma diversas especies se aclimataron a los efectos estresantes de la erupción o si hubo alguna planta que se viera beneficiada. También estudiaron aspectos relacionados con la fauna, por ejemplo, si el tamaño del cuerpo o la plasticidad en la alimentación fueron relevantes para la aclimatación y la supervivencia de los vertebrados.

La respuesta de los ecosistemas a la erupción

Al margen del terreno arrasado por las coladas de lava, la erupción tuvo impactos significativos sobre los ecosistemas cercanos. El ecosistema más afectado fue el bosque de pino canario, que es la vegetación dominante en las proximidades de los respiraderos volcánicos. La dominancia de los vientos durante la erupción arrastró restos de piroclastos y gases sulfurosos que afectaron a los pinares. Sin embargo, esta conífera mostró una gran resistencia al aumento de la temperatura y a la lluvia ácida causada por la actividad volcánica. Esto confirma una adaptación alta al ecosistema volcánico, y probablemente esta sea una de las claves de su elevada resistencia a los incendios forestales.
En el interior del bosque, los líquenes epífitos también mostraron una resistencia sorprendente a las emisiones volcánicas, un fenómeno que los investigadores del IPNA consideraron notable, puesto que suelen ser muy sensibles a la contaminación antropogénica.
El resto de la flora cercana al cráter vio interrumpido drásticamente su ciclo de vida. No solo perdieron gran parte del follaje, y, por tanto, su capacidad fotosintética y su crecimiento se detuvieron, sino que, a largo plazo, la deposición de material piroclástico y su lixiviación dejarán ver su impacto.
Por otra parte, las plantas que crecían más alejadas de la zona eruptiva, pero cercanas a las coladas de lava sufrieron más los efectos de las elevadas temperaturas que los derivados de la contaminación, y aquellos ejemplares con troncos más gruesos mostraron, en general, mucha mayor resistencia.
Los efectos sobre la fauna fueron más devastadores, especialmente, sobre los invertebrados. Las poblaciones se derrumbaron en apenas dos semanas. Las altas temperaturas, la llegada de material piroclástico y la abrasión de la cutícula que los recubre fueron, probablemente, las principales causas de su desaparición. Esta repentina desaparición de los insectos causó, a su vez, parte del colapso de las poblaciones de vertebrados. Pero como suele suceder en catástrofes de este tipo, se observó que un menor tamaño y una mayor plasticidad alimentaria beneficiaban la supervivencia. Algunos lagartos mostraron la capacidad de buscar alimento en el suelo cubierto de material piroclástico una vez enfriado.

El papel del vulcanismo en la selección natural

En general, se pudo observar que algunas poblaciones de seres vivos soportaron relativamente bien los distintos embates volcánicos, mostrando adaptaciones que permiten la supervivencia y la persistencia en un entorno tan hostil. Estas adaptaciones evolutivas pueden ser útiles en otras circunstancias como en el caso de incendios forestales, pero parecen desempeñar un papel esencial en respuesta al vulcanismo.
Esto parece indicar que la actividad volcánica puede tener un efecto muy relevante sobre los procesos evolutivos, en lo que a selección natural se refiere, según los investigadores, mucho más importante de lo que se sospechaba hasta entonces. Vale la pena considerar, concluye el artículo científico, que estos procesos evolutivos respondan o puedan estar vinculados a episodios volcánicos repetitivos en el pasado.
Referencias:
Nogales, M. et al. 2022. The fate of terrestrial biodiversity during an oceanic island volcanic eruption. Scientific Reports, 12(1), 19344. DOI: 10.1038/s41598-022-22863-0

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