Nuclear Throne, un juego roguelike a lo Mad Max

Nuclear Throne fue lanzado en 2015 tras dos años de early access en Steam y se convirtió en un referente de los juegos indie.

 

Hace poco, revisando mi buzón de correo, vi que compré Desktop Dungeons ocho años atrás. Había oído a mucha gente hablar bien de él en aquella época, la del surgimiento de los juegos indie en la que pudimos ver la salida al mercado de los grandes representantes del género; juegos como Braid, Super Meat Boy o Castle Crashers.

Desktop Dungeons fue mi primer contacto con los llamados roguelike, un género muy conocido en la actualidad pero algo menos popular para las grandes masas de jugadores en aquel momento. Estos juegos se caracterizaban por la aleatoriedad de cada partida, una dificultad más elevada de lo normal, la muerte permanente y (si es necesario) una jugabilidad más trabajada que el aspecto gráfico.

El juego consistía en avanzar por turnos por mazmorras generadas aleatoriamente, enfrentándote a enemigos posicionados al azar y teniendo mucho cuidado en el orden de enfrentamiento ya que podrían tener un nivel muy superior al tuyo y si te acercabas sin haberte preparado previamente no les durabas ni dos espadazos. Con una mecánica tan sencilla como esa y unos gráficos muy justos, pasé horas y horas explorando las mazmorras y descubriendo los secretos que escondían.

Imagen: Nuclear Throne/ Vlambeer.

Tras Desktop Dungeons, llegaron clasicazos como The Binding of Isaac o Faster Than Light. Pero fue en 2013 cuando llegaría el que para muchos es la joya de la corona de los roguelikes, Nuclear Throne (Dead Cells y otros también podrían ocupar ese puesto, que no se nos enfade nadie). Desarrollado por Vlambeer, pequeñísimo estudio holandés compuesto únicamente por Rami Ismail y Jan Willem Nijman, y usando Game Maker como motor de juego consiguieron crear lo que sería una auténtica revelación en el programa early access de Steam. No sería hasta dos años después cuando se daría por finalizado su desarrollo y antes ya habían producido maravillas como Super Crate Box, un juego gratuito en Steam que ofrece partidas endiabladamente rápidas y adictivas.

Un trono entre escombros y residuos

Pero centrémonos en Nuclear Throne. El argumento del juego, sencillo en apariencia, parte de un apocalipsis nuclear tras el que la Tierra cambió totalmente y humanos, animales y robots se han convertido en mutantes. Con el paso de los años, una leyenda apareció sobre un trono nuclear en un misterioso palacio que sería la clave para recuperar la estabilidad en el planeta. Poco a poco, las distintas razas del mundo fueron mandando representantes para comprobar si la leyenda era cierta. Como ya hemos dicho, la historia de Nuclear Throne parece sencilla pero nos oculta incontables secretos que difícilmente conoceremos si solamente nos dedicamos a jugar sin consultar alguna de las muchas guías que rondan por Internet.

Imagen: Nuclear Throne/ Vlambeer.

Siendo fiel a una de las reglas básicas de los roguelike, cada partida es distinta a la anterior. Aunque siempre comenzamos en el mismo nivel y vamos pasando de uno a otro en orden (a no ser que tomemos atajos), la estructura de estos siempre será distinta; nunca se repetirán los niveles, con lo que nunca podremos saber dónde acecha el enemigo. También cambia la posición donde aparecen los cofres con armas o vida y los tarros de residuos radiactivos. Estos tarros permiten a los personajes subir de nivel y, cada vez que lo hacemos, se nos da la opción de elegir una de tres mutaciones distintas. Estas alteraciones genéticas en el personaje irán cambiando al momento de elegirlas y varían entre un amplio abanico de opciones: más vida, mayor probabilidad de encontrar armas, más precisión en el disparo, la habilidad de que los enemigos sufran daño al tocarnos… Nuclear Throne ofrece una extensa colección de habilidades que se pueden combinar entre ellas, por lo que deberemos planificar una estrategia para ver cuáles nos conviene elegir si ya tenemos otras.

Imagen: Nuclear Throne/ Vlambeer.

Como añadido, en algunos niveles encontraremos portales que nos permiten acceder a la Bóveda de la Corona, un templo donde podremos encontrar (sorpresa, sorpresa) coronas que nos darán acceso a más habilidades diferentes. La gracia de estos objetos es que llevan consigo un contrapunto negativo, pues pueden hacer que dejen de aparecer cofres con armas o que estos se conviertan en cofres malditos.

Si todos estos elementos de personalización no fueran suficientes, cada personaje que podemos elegir al principio de la partida cuenta con dos habilidades únicas. Yung Venuz dispara más rápido y puede hacer un disparo doble, Crystal comienza con más vida y puede generar un escudo protector, Chicken comienza con una katana y puede sobrevivir cuando le matan corriendo (literalmente) como pollo sin cabeza… Cada personaje tiene sus particularidades por lo que los distintos jugadores se sentirán más cómodos con un tipo u otro, pero siempre debiendo probarlos todos aunque sea una sola vez.

Nuclear Throne también es famoso por ocultar muchísimos secretos y retos que harán que cualquier jugador esté entretenido durante meses o incluso años. Algunos te permiten desbloquear nuevos personajes y otros conocer zonas hasta entonces ocultas. Por mencionar algunos: si no destruyes ningún contenedor de residuos durante los primeros niveles te enfrentarás con Horror, si llevas un destornillador y golpeas un coche en particular en la Ciudad Congelada se accede al nivel de la mansió Yung Venuz y si en las alcantarillas usas una granada con la única tapa redonde que hay se descubre un nivel con cuatro tortugas y una rata (clara referencia a las Tortugas Ninja y el maestro Splinter).

Imagen: Nuclear Throne/ Vlambeer.

Y si hablamos de un roguelike, no podemos dejar de mencionar los combates con jefes finales; personajes a los que odiar con todas tus fuerzas a un nivel similar al de cualquier rival de Dark Souls. Los enfrentamientos que tendrán lugar durante el juego serán contra Big Bandit en el desierto, Big Dog en el basurero, Lil Hunter (cómo te odio…) en la Ciudad Congelada y con el Trono Nuclear en el palacio. Es precisamente ahí donde se esconde el gran secreto del videojuego: si se consigue derrotar al trono y destruir los cuatro reactores se podrá un loop para volver al principio del juego (en la misma partida) pero con diferencias sustanciales como armas distintas, enemigos más fuertes o nuevos jefes finales.

Mucho más que un juego pixel art

Hemos mencionado los principales elementos que componen el mundo de Nuclear Throne, pero no nos hemos olvidado de otros muchos detalles importantes que ayudan a dar forma al conjunto y consiguen crear una de las mejores experiencias que se pueden encontrar en un juego indie: la música y la jugabildiad. La OST corre a cargo de Jukio Kallio, con melodías geniales que ayudan a dar forma a unos gráficos pixel art grandiosos y que se puede encontrar gratis en Spotify. Por otra parte, los controles cuentan con una sencilla y genial implementación que ayuda a sentir, desde la primera partida, que tenemos la situación bajo control y que si nos matan es solo culpa nuestra. Esto hará que queramos empezar una nueva partida de inmediato y podamos pasar horas jugando, ya que es muy fácil caer en el anzuelo de Nuclear Throne sin siquiera darse cuenta.

Alguien dijo una vez “pregúntamelo un par de veces y puede que te diga que es el GOTY de todos los tiempos”; y si se piensa bien no es una frase dicha a la ligera. Nuclear Throne esconde mil detalles, mil horas de diversión y mil secretos que todo jugador debe experimentar en primera persona. Si todavía no lo habéis hecho, no podemos más que recomendar que Nuclear Throne sea el próximo título en vuestra lista de Steam ("¡Corred, insensatos!").

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