‘God of War’, deicidio nuestro de cada día

La saga de juegos de Sony Computer Entertainment nos pone en la piel de un espartano en busca de venganza y perdón.

¿Qué es lo que hace grande a un dios? La idea de que existe un poder superior ha acompañado al ser humano desde antes de que fuese consciente de ello. Estaba en los elementos naturales tanto como en la personificación de estos a través de seres todopoderosos, capaces de doblegar y someter a cualquier hombre. Pero en 2005, un guerrero demostró al mundo que la ira es un fuego que lo consume todo y que hasta los dioses pueden perder la cabeza, literalmente. Ese año conocíamos a Kratos, el héroe (o el monstruo) de God of War.

 

En guerra contra el Monte Olimpo

Esta saga, cuya popularidad creció a un ritmo frenético para desaparecer durante años y volver a resurgir de sus cenizas como el ave fénix marcó el mundo de los videojuegos y convirtió a su protagonista en uno de los personajes más icónicos de las consolas. Más allá de lo divertido que resultaba el sistema de combate y los quick time events, el equipo encabezado por Cory Barlog consiguió trasladar al jugador la experiencia que supone ser una criatura tan poderosa y destructiva como Kratos.

Basándose en una conexión con el lado más primitivo de una persona, los impulsos violentos, God of War no solo nos permitía arrasar con todo, sino que nos animaba a ello y nos proporcionaba unas herramientas sin las que no se llegaría a entender la trama: las espadas del caos. Estas hojas cortas, con uno de los diseños más brutales que se hayan visto, son mucho más que un objeto de destrucción. Las espadas son la maldición del protagonista tanto por recordarle los crímenes que cometió y a los que está encadenado como por sacar a la superficie su verdadera naturaleza.

Y es que Kratos es un antihéroe de los que ya no hay y su historia resulta tan atrayente como desgarradora. Hijo de Zeus, el que fue un brillante soldado espartano tuvo que vender su alma al dios de la guerra (Ares) para poder vencer en combate y sobrevivir a cambio de convertirse en su siervo. Engañado por el dios, Kratos asesinaría a su esposa e hija y quedaría cubierto para siempre de sus cenizas, convirtiéndose en el ‘fantasma de Esparta’. Este dramón le llevó a jurar venganza contra Ares y buscar una redención que le sería imposible alcanzar.

 

La mitología griega, además de fascinante y rica, está plagada de dioses crueles que utilizaban y manipulaban a los humanos como si de sus marionetas se tratase. La península del Peloponeso fue el escenario perfecto para que Kratos, convertido en un arma y engañado por los dioses en los que confió, sobrepasase su vendetta personal y se alzara como un antisistema en toda regla, decidido a volcar su ira en un intento de acabar con el opresivo dominio del Olimpo al asesinar a todos sus dioses. Con la sangre de Zeus todavía quemando sus puños y la herida abierta de sus pecados, Kratos nos ofrecía un final propio de cualquier tragedia griega al suicidarse. O al menos creíamos que era el final.

 

El dios que surgió del frío

Era el E3 2016. Algo en el ambiente parecía gritar a los miles de asistentes a la conferencia de Sony que todo estaba a punto de cambiar. De pronto, con una puesta en escena impresionante, una orquesta empieza a tocar música en directo mientras un coro les acompaña con cánticos en islandés antiguo. En la pantalla aparece un niño vestido con pieles y jugando con muñecos de madera que es llamado por una voz ronca y profunda, más cercana a un rugido que a la voz de un hombre. Cuando se descubre la figura musculosa y cenicienta de Kratos, el público estalla en un clamor unánime.

Así fue como el mundo conocía la nueva entrega de God of War, la cual llegaba ocho años después del último juego. No solo presentaba unos gráficos de última generación propios de las nuevas generaciones de consolas, sino que dejaba claro que las cosas habían cambiado respecto a todo lo que conocíamos de la saga.

Tras acabar con todo un panteón de dioses y destruir la tierra, nuestro Nietszche particular se encuentra en el gélido norte de la mitología vikinga con un hacha arrojadiza mágica, una espesa barba y Atreyus, su hijo. Intentando dejar su pasado atrás, quien otrora fue el fantasma de Esparta se ha recluido a una vida de aislamiento en su cabaña del bosque, pero todo cambiará cuando deba cumplir el último deseo de su fallecida esposa y padre e hijo se embarquen en un épico viaje a través de los Nueve Reinos. Por si fuera poco, los dioses de Asgard han descubierto la identidad del Dios de la Guerra…

El juego había madurado junto al público que lo disfrutó y presentaba una historia que, aun teniendo sus momentos propios de la portada de un álbum de Death Metal, mostraba un mayor desarrollo de los personajes y nuevas funciones y características. Los combates dejaban atrás los quick time events por un sistema más completo en el que el ataque, la defensa y los combos debían combinarse con respuestas rápidas y una visión estratégica del jugador; además de la ayuda que Atreyus podía brindar con su arco. También incluía elementos de RPG tan populares en los últimos años como la recolección de materiales o el crafteo y mejora de armas y armaduras.

God of War, el que se considera la cuarta entrega principal de la saga, conquistó a la crítica y al público con un juegazo en todos los sentidos, desde el cuidado apartado visual hasta la solidez de su historia y la optimización de su jugabilidad. Como el propio Kratos hizo (tal vez con más respeto y menos sangre), esta entrega enterraba muchas de las señas de identidad de las anteriores y construía sobre ellas algo mayor de lo que, por ahora, solo hemos visto el principio.

 

‘Raising Kratos’, digno sucesor de ‘La Odisea’

En 2019, y tras el éxito que había supuesto, Sony Computer Entertainment publicó Raising Kratos, un documental en el que se veía todo el proceso que se había seguido para la creación del nuevo God of War, desde las primeras lluvias de ideas hasta las positivísimas críticas que recibió tras el lanzamiento. Además de estar disponible de forma gratuita en diversos canales (como Youtube) y doblado o subtitulado a numerosos idiomas, el vídeo refleja lo que supuso para el equipo de Cory Barlog embarcarse en un proyecto así.

Raising Kratos da a conocer lo que los fans de God of War no ven cuando juegan al título: el trabajo y compromiso de cientos de personas que pasaron años (sí, años) dando forma a algo tan grande como es este videojuego. Desde los creativos y diseñadores pasando por los actores que dieron vida a los personajes a través de la captura de movimiento, los desarrolladores o el equipo que compuso e interpretó la banda sonora; todos aquellos implicados en Santa Monica Studio tienen el reconocimiento a su trabajo y prueban que los videojuegos son mucho más que simples productos de entretenimiento. En este caso, God of War fue el resultado de un proceso largo y el esfuerzo y sacrificio de cientos de personas que, como Kratos, no desistieron.

Daniel Delgado

Daniel Delgado

Periodista en construcción. Soy de los que puede mantener una conversación solo con frases de ‘Los Simpson’ y de los que recuerda sus viajes por lo que comió en ellos. Es raro no pillarme con un libro o un cómic en la mano. Valhalla or bust.

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