Voy a transportar a mi gato, ¿cómo hago el viaje agradable?

Acostumbrar a un felino a viajar no es tarea fácil pero hoy vamos a repasar unas pautas para conseguir que se relaje tanto si vamos al veterinario como si nos lo llevamos de vacaciones. ¡Toma nota!

Debemos acostumbrarle desde pequeño
Debemos acostumbrarle desde pequeño

La mayor parte de los gatos que conviven con nosotros en casa no salen casi nunca, en toda su vida, de las paredes de nuestro hogar. Aun así, podemos conseguir que el animal se adapte a salir al exterior, aunque sea de manera circunstancial y para actividades que le van a ser poco cómodas, con una serie de pautas.

Si nos paramos a meditarlo un segundo, para la mayoría de los felinos que no disfrutan de la oportunidad de experimentar la calle en la totalidad de su vida o al menos en una etapa de la misma, las salidas del hogar familiar son bastante escasas: reduciremos la cifra de viajes a las visitas a la clínica veterinaria o cuando nos lo llevemos con nosotros de vacaciones.

Tanto una como otra situación no suelen ser agradables para nuestro peludo amigo. Si se trata de ir a visitar al profesional de la salud, el gato relaciona el transportín y los movimientos que genera el desplazamiento en este con una experiencia negativa: está acudiendo a un local donde huele a muchos animales que no conoce. Además, estos olores tendrán las señales de estrés, le habremos llevado a un espacio, a una habitación con una persona desconocida (o que le trae malos recuerdos), que viste un uniforme con otros tantos olores y que comienza a tocarle, observarle de cerca, a manipularle e incluso a inyectarle alguna sustancia. Podemos imaginarnos la ansiedad que puede surgirle en un momento…

Teniendo en cuenta este ejemplo, que es uno de tantos, resulta indudable que el felino relacionará el transporte con algo poco agradable. Vamos a ayudarle a cambiar de opinión.

Los viajes en vacaciones

Por regla general no preguntamos a nuestro amigo de cuatro patas dónde quiere ir de vacaciones, tampoco le ponemos al corriente de la manera en la que iremos, qué día, las paradas que haremos durante el viaje… Él o ella tendrá que adaptarse a las decisiones que hayamos tomado y pasar el camino metido en su transportín el número de horas que hagan falta.

En el mejor de los casos nuestro gato irá todo el viaje callado, sorprendido por las circunstancias. En el peor de los casos, y aunque le hayamos administrado relajantes especiales para felinos, se quejará y maullará todo el rato. Aparte de que puede salivar, vomitar por el mareo o excretar por el miedo.  

¿Cómo podemos evitar el mal rato de los desplazamientos de nuestro animal?

De manera fácil pero desde el principio, desde el momento en el que el minino pisa nuestra casa.

Nadie dice que esto sea tarea fácil, va a ser un proceso largo y en el que deberemos tener paciencia pero hay que hacerlo por el bienestar de nuestro gato y también por nuestros propios nervios.

Es tan simple conseguir que el felino relacione el transportín con algo positivo... Para llegar a ello hay que dejarlo accesible y con la puertecita abierta, lo rociaremos con feromonas y lograremos que ese rincón pase a ser apreciado como un lugar seguro y cómodo donde refugiarse.

Es imprescindible hacer esto antes de ponernos en marcha, ya sea irnos de vacaciones o al veterinario. Lo haremos durante unos días, una semana…

Más tarde, acostumbraremos a nuestro amigo al coche. Para ello el primer recorrido será corto, muy corto, lo que tardamos en desaparcar y volver a aparcar el coche. Está claro que el animal aceptará de mejor grado ese pequeño desplazamiento a un primer viaje de Madrid a Cádiz.

El veterinario

Lo mejor es que en una primera visita acudamos únicamente para una revisión o a comprar algo, un viaje en el que no le pongan ninguna vacuna ni sea manipulado en exceso. Así podrá reconocer y aceptar este territorio.

Todas estas pautas pueden resultarnos aburridas y tediosas pero serán efectivas para el resto de la vida del gato.

Mar Aguilar

Mar Aguilar

Me hubiera gustado ser médica pero le tengo terror a la sangre. Por eso, escribir sobre salud no me parece mal plan. También me interesa la nutrición. Disfruto viendo vídeos de YouTube con guiris preparando comida saludable.

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