¿Por qué se quedan enganchados los perros tras la cópula?

Cada especie animal tiene unas características específicas en su comportamiento reproductivo con el fin de asegurar su perpetuación.

En el caso de los cánidos familiares, sus capacidades reproductivas están encaminadas a asegurar una gestación y el nacimiento de un grupo de cachorros que mantengan el bagaje genético de los progenitores.

Todo comienza con la capacidad de información de la hembra sobre su estado reproductivo ( feromonas, comportamientos, vocalizaciones…) y con la capacidad del macho de interpretar dicha información (olfato, vista…)

Un macho puede percibir los mensajes olfativos de una hembra en celo que este situada a varios kilómetros de distancia, lo que asegura la estimulación, por regla general, de más de un macho capaz de “cumplimentar” los requerimientos de la hembra.

Si un macho y una hembra, receptor y emisor de la información, se encuentran gracias a los mensajes emitidos, se producirá un cortejo de olfateos y acercamientos que conducirán, con mayor o menor rapidez dependiendo de la “experiencia” de los participantes, a la penetración.

Aquí entra en escena otra fundamental característica de la monta de los cánidos familiares: la anatomía peneana.

El pene del perro tiene dos características fundamentales para el acto sexual/reproductivo:

  • Hueso peneano: los perros disponen de un hueso en el interior del pene, longitudinal como su estructura, y que permite la rigidez continua y suficiente para mantener la cópula el tiempo necesario con una rigidez suficiente.
  • Bulbo peneano: esta estructura que rodea el pene en la parte más próxima a los testículos, tiene una capacidad de dilatación en el momento de la cópula que le hace responsable de lo que se conoce como “abotonamiento”, o proceso mediante el cual el macho queda enganchado a la vagina de la hembra durante el tiempo suficiente para completar la función sexual.

El macho penetra a la hembra, y con la excitación se produce la dilatación del bulbo y el abotonamiento… Pero, ¿por qué?

Cuando el macho eyacula podemos decir que lo realiza en tres fases

  1. En un primer momento, la eyaculación es una fracción ausente de espermatozoides, con contenido principal de las glándulas prostáticas.
  2. En un segundo momento, ya con el abotonamiento realizado, se produce la emisión del contenido de eyaculación con la principal presencia de espermatozoides.
  3. En un tercer paso el macho expulsa otra fracción con escaso número espermático.

El abotonamiento del pene permite que se depositen las tres fracciones comentadas, asegurando que el depósito de espermatozoides será el suficiente y permitirá la fecundación.
 
El abotonamiento se libera cuando la eyaculación completa se ha producido y cuando la excitación del macho disminuye, el bulbo peneano se relaja y el pene se libera de la vagina de la hembra.

Ésta sería la explicación fisiológica del abotonamiento, del “quedarse enganchados” … pero, ¿existen razones distintas a las puramente fisiológicas?

Las hembras de canidos familiares, en el momento del celo, solo tienen que seguir los mandatos de sus instintos, instintos que le conducen a asegurar que al menos el material genético de un macho será el responsable de proveer una camada que asegure el mantenimiento de su especie y de su propio bagaje genético.

Para ello, las hembras tienen un comportamiento promiscuo, pudiendo mantener sexo con varios machos, siendo por ello posible que una hembra se quede preñada de varios machos en una misma gestación.

El abotonamiento del macho facilita a este que su aportación genética se produzca, que será depositada en su totalidad sin interferencia de otros machos que puedan estar compitiendo por la misma hembra.

El abotonamiento permite la aportación del macho, pero no evita completamente la posibilidad de que la hembra pueda ser montada por otro u otros machos posteriormente, machos que entrarían en competencia genética con el primero en montar a la hembra.

Por la parte del macho se intenta asegurar su pervivencia genética, la suya exclusivamente, y por parte de la hembra se asegura también su propia pervivencia genética y, además, el mantenimiento de la especie, por lo que sus mecanismos innatos le conducen a permitir la monta de más de un ejemplar en cada celo.

Y hasta aquí la intervención de hembra y macho, o machos, en uno de los momentos más importantes para asegurar la reproducción.

Pero, desgraciadamente, el ser humano tiene la absurda y siempre presente “capacidad” de plantear maldades en cualquier momento de la vida de otros seres vivos.

No son pocos los presuntos racionales que al observar una pareja de perros “abotonados”, intentan separarlos… ¿POR QUÉ?

La contestación pasaría por confirmar la estupidez y la falta de respeto de ciertos individuos para con los diferentes tipos de vida que les rodean.

La “gracia” de intentar separar a dos perros abotonados, aparte de ser una aberración que califica “per se” al humano que lo realiza, puede ser causa de alteraciones físicas en ambos ejemplares:

  • Desgarros vulvovaginales.
  • Fracturas de hueso peneano.
  • Desgarros peneanos.

El “quedarse pegados” de los perros, es, como hemos visto, un sistema específico de los canidos familiares para asegurar la reproducción.

Permitamos que estas situaciones se desarrollen sin la innecesaria intervención del humano.

Carlos Rodríguez

Carlos Rodríguez

Veterinario Licenciado en la Universidad Complutense de Madrid. Director veterinario y co-propietario de Centros Veterinarios Mascoteros. Es presentador del programa ''Como el Perro y el Gato'' de Onda Cero. Además, es presidente de la Fundación Mascoteros.

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