Perros pequeños vs perros grandes

Popularmente es frecuente escuchar la frase de que los perros pequeños tienen más “mala leche” que los perros grandes, los cuales, por su parte, suelen ser igual de bondadosos que su tamaño. Pero, ¿cuánto de cierto hay en esta afirmación?


Estereotipos y prejuicios

Los estereotipos son ideas que las personas nos hacemos sobre otros individuos a partir de su físico o de ciertas características representativas. Esto nos lleva a prejuzgar, incluso, antes de conocer.

El efecto Pigmalión

El efecto Pigmalión es la influencia que una persona puede hacer sobre otra en función de la idea preconcebida que tiene sobre ella. Es decir, los estereotipos pueden modificar la realidad.

De acuerdo con esto, no sería descabellado pensar que las ideas sociales que tenemos sobre los perros en función de sus características físicas, pueden afectar en su carácter y comportamiento.

Esto, ocurriría, como consecuencia de las diferentes formar que tenemos al relacionarnos con los perros según sea su físico, por ejemplo, su tamaño.

El gen del perro pequeño

Estudios científicos demostraron que todos los perros de menos de 9 kilos, poseen la misma mutación en un gen. Esta mutación, concretamente se encuentra en el gen IGF1, responsable de segregar la hormona de crecimiento.  Esta mutación habría dado lugar a la aparición de perros de pequeño tamaño.

¿Pero, está este gen asociado a un mal comportamiento?

Un estudio publicado en 2008, establece una relación entre algunos problemas de comportamiento con el tamaño de los perros. Según este estudio, los perros de menor tamaño serían, por ejemplo, más propensos a morder, mientras que los de gran tamaño mostrarían mayor capacidad de atención al guía y serían más adiestrables.

En que se basan estos estudios

Este tipo de estudios, que relacionan el comportamiento de nuestros perros con sus genes, se basan en una serie de encuestas realizadas a un gran número de familias con perro.

A estas familias se les pregunta sobre el comportamiento de su perro, comparando posteriormente estos datos con su morfología y secuencias de ADN. Posteriormente, se analiza estadísticamente, si existe alguna correlación.

Los resultados encontrados, parecen mostrar ciertos patrones. Esto hace innegable, la existencia de un factor genético en el comportamiento canino.

¿Entonces, podemos saber cómo se comportará un perro, mirando su ADN?

Por este camino se están llevando a cabo varias investigaciones científicas.

Los motivos son principalmente dos:

  1. Por un lado, la neurobiología de los problemas de conducta parece tener una evolución conservada en mamíferos, por lo que los perros podrían ser un potente modelo a la hora de entender trastornos humanos.
  2. Por otro lado, los problemas de conducta son el primer motivo de abandono animal en España, por lo que la cría selectiva en base al buen comportamiento podría ayudar a solucionar este problema.

La conducta es algo más que un puñado de genes

Pese a la progresiva aparición de todos estos hallazgos científicos, no podemos reducir el comportamiento de nuestros perros a un conjunto de genes.

Multitud de factores ambientales interactúan con los genes dando lugar a la conducta tal y como la observamos. Y muy previsiblemente, estos factores externos, tienen un mayor peso en el resultado.

Factores ambientales que influyen en el comportamiento canino

  • El estado de bienestar en que se encuentra la madre en el momento de dar a luz a los cachorros y sus habilidades para el cuidado de la camada.
  • La experiencia y formación previa en su cuidado y educación de las personas que conviven con el perro.
  • El entrenamiento y aprendizaje que haya tenido el perro durante su vida. Especialmente en los periodos más importantes para una correcta socialización, que suelen ser los primeros meses.
  • La correcta satisfacción de las necesidades diarias del perro, como la cantidad de ejercicio que realice.
  • Su estado de salud.

Con todo esto, la pregunta podría ser si… ¿existe una relación real entre los genes y el comportamiento canino? O, dado que la genética tiene una relación directa con la morfología, y la morfología tiene una relación con el trato que damos a los perros…

¿Sería más adecuado pensar que el comportamiento canino es una consecuencia del trato diferencial que damos los humanos a los perros en función de sus rasgos físicos? Es decir, ¿están condenados los perros pequeños a ser “malos” por los estereotipos?

Referencias:

Duffy, D. L. et al. 2008. Breed differences in canine aggression. Applied Animal Behaviour Science, 114(3-4), 441-460.

Sutter, N. B. et al. A single IGF1 allele is a major determinant of small size in dogs. Science, 316(5821), 112-115.

Zapata, I. et al. Genetic testing of dogs predicts problem behaviors in clinical and nonclinical samples. BMC genomics, 23(1), 1-19.

Io Almagro

Io Almagro

Doctora en Biología. Se licenció en Biología en la Universidad Autónoma de Madrid, y tras realizar un Máster en Biología de la Conservación por la Universidad Complutense de Madrid y otro Máster en Geología por la Universidad de Granada se doctoró en la Universidad de Granada dentro del programa de doctorado de Ciencias de la Tierra. Su tesis obtuvo la calificación máxima de sobresaliente cum laude y mención internacional. Apasionada por los perros desde los 5 años, Ío Almagro también es técnico en adiestramiento canino y colabora como experta en perros dentro del programa “Como el perro y el gato” retrasmitido por onda cero y melodía fm. Es colaboradora docente en los cursos de bienestar animal y social impartidos por la Universidad Nacional a Distancia (UNED), y tiene su propia consultoría sobre comportamiento canino losperrodealma.com donde ayuda a las personas a vivir más felices con sus perros.

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