Los gatos pueden contagiarse de las nuevas variantes de COVID-19

El estudio es el primero en identificar oficialmente una variante delta entre los gatos domésticos de EE.UU.

Investigadores de la Universidad de Pensilvania (EE.UU.) han descubierto que un gato diagnosticado con COVID en septiembre de 2021 se contagió de la variante delta que era la que, en ese momento y en esa zona, estaba circulando entre los humanos.

Es de sobra conocido que el SARS-CoV-2 no solo afecta a humanos, sino que, en ocasiones, ha saltado de nuestra especie a los animales domésticos, al ganado e incluso a la fauna salvaje. Lo gatos, concretamente, parecen ser especialmente susceptibles de contraer la COVID, aunque en muchas ocasiones no desarrollan síntomas y es poco probable que puedan transmitirnos el virus. Más bien es al revés, el propietario enfermo es el que contagia a la mascota. Entre gatos también parece haber una baja transmisión.

Algo que pude suceder si el coronavirus es capaz de circular silenciosamente entre nuestras mascotas, es la posibilidad de que se produzca una mutación peligrosa que se propague a de casa en casa a través de gatos y perros. Esta es la razón por la que algunos investigadores están tratando de rastrear las variantes del coronavirus en las mascotas. Por ahora, parece que no debemos preocuparnos.

Volviendo al estudio publicado en la revista Viruses, al gato de Pensilvania que se contagió de COVID en septiembre del año pasado, se le realizaron posteriormente pruebas genómicas que han indicado que la variante que le afectó fue la delta. Esto coincide con la variante predominante en ese momento en esa zona.

El descubrimiento viene a confirmar que las nuevas variantes de COVID, al menos hasta delta, también llegan a nuestras mascotas. Lo bueno es que los resultados del estudio sugieren que el coronavirus parece no estar mutando mucho en los gatos.

De las 4200 muestras humanas de coronavirus que se secuenciaron en Delaware (Pensilvania), menos del 5 % contenía las 10 variantes de un solo nucleótido encontradas en la muestra del gato doméstico. Siete de estas 10 mutaciones eran silenciosas, lo que significa que no provocaban cambios significativos.

"Cuando observamos una muestra aleatoria de secuencias humanas de nuestra zona geográfica, no había nada dramáticamente diferente en la muestra de nuestro gato", explica la veterinaria Elizabeth Lennon, de la Universidad de Pensilvania que ha participado en la investigación. "Así que nuestra conclusión fue que el gato no estaba infectado por un virus que fuera de alguna manera muy diferente".

Este es el primer estudio que identifica de manera oficial una variante delta en gatos domésticos de Estados Unidos. Sin embargo, mientras investigaban, los científicos supieron de otro felino de Virginia que se había contagiado con la misma variante delta AY.3 un mes antes.

Ambos genomas AY.3 derivados de gatos mostraron pocas variantes de un solo nucleótido en comparación con las muestras derivadas de humanos, lo cual es una buena señal, aunque el tamaño de la muestra sea diminuto.

"Algunas de estas mutaciones pueden estar enriquecidas en las muestras de gatos; sin embargo, es necesario un conjunto de datos más amplio para sacar esta conclusión", escriben los autores.

La investigación ha arrojado un dato curioso y es que el hisopo nasal que se le hizo en su día al gato de Pensilvania no identificó la COVID, pero sí lo hizo una prueba fecal. Esto podría deberse a la existencia de diferentes reservorios físicos del virus entre las distintas especies, o que el animal fuera analizado después de que la infección hubiera progresado de la nariz al trasero.

Algunas personas que se contagian de coronavirus dan positivo en heces una media de más de 11 días después de que los resultados de las vías respiratorias caigan por debajo de los niveles detectables. Por esta razón, los investigadores destacan la importancia de tomar muestras en distintas partes del cuerpo y es que si solo se hubieran quedado con el resultado del hisopo no habrían detectado el virus.

Al gato de Pensilvania lo llevaron al veterinario porque presentaba síntomas de anorexia, letargo, vómitos y heces blandas durante varios días. Su propietario contrajo la COVID 11 días antes y desde entonces se había aislado de su mascota por miedo a que enfermara. Cuando se descubrió que el animal tenía coronavirus fue demasiado tarde para obtener una prueba nasal del dueño, comparar ambas infecciones y tener alguna idea de cómo se había infectado el felino o de qué aspecto de su infección permitió al virus saltar la barrera de las especies.

El hecho de que este sea el primer informe oficial de un gato que contrae el linaje AY.3 sugiere que no deberíamos darnos por satisfechos con la transmisión entre nuestras mascotas.

"Una de las principales conclusiones es que, a medida que surgen diferentes variantes del SARS-CoV-2, parecen conservar la capacidad de infectar a una amplia gama de especies", afirma Lennon.

Debido a la naturaleza cambiante de la COVID, cualquier reservorio viral supone un peligro para los seres humanos y otros animales. El hecho de que los gatos no parezcan ser los causantes de las mutaciones o de la transmisión ahora no significa que vaya a ser siempre así.

 

Referencia: Lenz, O.C.; Marques, A.D.; Kelly, B.J.; Rodino, K.G.; Cole, S.D.; Perera, R.A.P.M.; Weiss, S.R.; Bushman, F.D.; Lennon, E.M. SARS-CoV-2 Delta Variant (AY.3) in the Feces of a Domestic Cat. Viruses 2022, 14, 421. https://doi.org/10.3390/v14020421

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