Enfermedades tropicales que puede padecer tu perro

Las enfermedades tropicales son aquellas enfermedades infecciosas prevalentes principalmente en regiones tropicales y subtropicales, y de menor prevalencia en climas templados por la existencia de una estación fría que controla a los vectores artrópodos mediante su hibernación.

 

El 30 de enero es el “Día Mundial de las Enfermedades Tropicales Desatendidas”, un día en el que se pretende visibilizar una amenaza sanitaria que afecta a miles de millones de personas y animales, amenaza que puede, y debe, prevenirse y tratarse.

Son 20 los grupos de enfermedades provocadas por diversos patógenos (virus, bacterias, parásitos, hongos…), destacando dos zoonosis en la posible afectación de los cánidos domésticos en nuestro país: la leishmaniosis, y la rabia.

De estas dos patologías nos centraremos en la Leishmaniosis, patología endémica en España cuyo principal reservorio es el perro, pudiendo otras especies, como los lagomorfos, actuar también como reservorios.

La leishmaniosis es una enfermedad activa, que afecta diariamente a animales sanos y cuyo control pleno es complejo.

En el caso de la rabia, enfermedad mortal, afortunadamente las campañas de vacunación en nuestro país, todavía mejorables (algunas Comunidades Autónomas no exigen su vacunación anual), mantienen a nuestros compañeros, y por ende a los humanos, libres de una enfermedad que acaba con la vida de aquel que la padece.

Leishmaniosis

La presencia de la Leishmaniosis en nuestro país experimentó un ligero descenso en su presentación en la década de los 40, debido principalmente a la disminución de la densidad de mosquitos por el uso masivo de insecticidas y por las campañas de erradicación del paludismo, todo ello acompañado por un importante descenso del número de perros en los hogares por la recesión económica.

En las décadas posteriores, desgraciadamente, la presencia de la enfermedad experimentó un crecimiento exponencial.

La causa

El primer caso de Leishmaniosis detectado en animales de compañía fue descrito por Nicole en el año 1808; en nuestro país, el primer investigador que realizó una descripción completa de la enfermedad fue Dionisio Álvarez, en el año 1810.

Esta patología es debida a un protozoo flagelado (organismo unicelular con flagelo o cola) del género Leishmania, que puede afectar a los vertebrados con la genuina, única e imprescindible ayuda de la picadura de un mosquito: el Phlebotomus.

Para ser más exactos diremos que son las hembras de este insecto las únicas responsables de la transmisión de la enfermedad, ya que son hematófagas (se alimentan de sangre); esta característica alimentaria facilita la transmisión del parásito desde un animal enfermo a un animal sano.

La hembra de Phlebotomus es de hábitos nocturnos, suele actuar en zonas húmedas con ambientes cálidos y siente cierta predilección por las zonas rurales y la periferia de las ciudades.

Transmisión

Esta enfermedad, también conocida como "del mosquito" se manifiesta principalmente en América Latina y en países mediterráneos como España, Portugal, Italia, Francia, Malta, Grecia... y lo hace en las temporadas en las que los mosquitos hacen su aparición: con la subida de las temperaturas.

Para que la leishmaniosis se transmita de uno a otro animal, necesitamos la presencia de los siguientes protagonistas:

  • Un perro enfermo: un animal que, aún sin presentar síntomas de enfermedad, alberga en su interior formas parasitarias de Leishmania.
  • Un perro sano: cualquier perro, de raza o sin raza, de pelo largo o corto, pequeño o grande, puede ser afectado por la picadura de un mosquito portador de formas parasitarias de Leishmania.
  • Un mosquito: un sólo mosquito, una sola hembra de Phlebotomo cargada de formas infectantes de Leishmania es más que suficiente para que un animal sano deje de serlo.
  • Parásitos: el parásito, durante su viaje en el interior del mosquito, se va transformando para alcanzar su forma definitiva antes del desembarco en el animal sano.

Aspectos clínicos

Cuando el parásito penetra, y posteriormente se difunde por el organismo del animal, no suele hacerlo al azar, ya que tiene sus preferencias:

  • Por la piel (Leishmaniosis cutánea)
    Un animal con leishmaniosis cutánea puede presentar los siguientes signos y síntomas: 
    • Dermatitis exfoliativa con alopecia, ulceraciones, onicogrifosis (crecimiento exagerado de las uñas), formación de nódulos y pústulas, hiperqueratosis, despigmentación nasodigital, descamación y alopecia auricular y periocular, placas eritematosas, pelo opaco y quebradizo…
  • Por determinadas vísceras (Leishmaniosis visceral)
    Aumento del tamaño abdominal por el aumento del tamaño del hígado (esplenomegalia), pérdida de peso, disminución de la actividad... y también pueden afectarse los riñones, una de las afectaciones más peligrosas para la integridad del animal.

Aparte de los síntomas dermatológicos y viscerales, pueden aparecer otros como:       

  • Aumento del tamaño ganglionar de forma localizada o generalizada (síntoma presente en más del 90% de los casos)
  • Alteraciones locomotoras (poliartritis, polimiositis...)
  • Fisuras en las almohadillas
  • Úlceras entre los dedos
  • Rinitis, epistaxis (sangrado por la nariz), neumonía, colitis, conjuntivitis, queratitis...

Diagnóstico

El diagnóstico de la enfermedad ha llegado a un punto de alta eficacia gracias a la existencia de test rápidos que confirman o descartan la patología en el animal testado.

También se pueden, y deben, realizar pruebas más específicas para determinar el grado de infección, así como las posibles y diversas afectaciones orgánicas.

El diagnóstico precoz (al menos una analítica específica al año) de la enfermedad es fundamental para aplicar un tratamiento rápido, adecuado y efectivo; si detectamos el problema en sus primeras fases, cuando no suele presentarse alteración visceral grave, podemos asegurar que los tratamientos conseguirán mantener a raya el problema, incluso negativizar la enfermedad.

La leishmaniosis ha pasado en las últimas décadas de ser una enfermedad que no era compatible con la vida, y sugería la aplicación de la eutanasia, a un proceso que puede ser tratado y que permite que el animal fallezca por causa de la edad y no de la enfermedad.

Tratamiento

La investigación internacional sobre esta enfermedad combina los tres elementos claves de esta: el agente causante (el parásito), el transmisor (el flebotomo) y la víctima (el perro). Los científicos dedican sus esfuerzos a conocer los distintos tipos de hembras de flebotomus que transmiten la enfermedad, las distintas combinaciones de componentes que conformen la vacuna más eficaz, los fármacos que controlen la enfermedad con el menor impacto de efectos secundarios, los que prevengan la picadura de los mosquitos…

Afortunadamente, y como comentamos con anterioridad, la batería farmacológica para el tratamiento de la leishmaniosis consigue en la mayoría de los casos el control de la enfermedad, siempre que sigamos las pautas de tratamientos y revisiones prescritas por los profesionales sanitarios veterinarios.

Prevención

En la actualidad disponemos de fármacos de demostrada y repelente acción contra las hembras de flebotomus y sus indeseables picaduras, productos en forma de collares, pipetas, espráis… y también varias vacunas.

A pesar de tantas y buenas opciones, la efectividad preventiva NUNCA alcanza el 100%, por lo que es fundamental plantear, con el profesional de confianza, y atendiendo a las características individuales de cada animal, la mejor pauta preventiva.

Es de justicia comentar que los mejores resultados suelen obtenerse por la combinación sugerida por el veterinario mediante la combinación de varios de los productos y medios existentes, principalmente en aquellos cánidos en zonas de alta exposición.

Carlos Rodríguez

Carlos Rodríguez

Veterinario Licenciado en la Universidad Complutense de Madrid. Director veterinario y co-propietario de Centros Veterinarios Mascoteros. Es presentador del programa ''Como el Perro y el Gato'' de Onda Cero. Además, es presidente de la Fundación Mascoteros.

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