¿Cuándo puedo sacar al cachorro a la calle?

Nuestro joven amigo no deberá salir a la calle, y enfrentarse a peligros en forma de patógenos, hasta no tener correctamente cumplimentada su pauta vacunal.

 

En demasiadas ocasiones la premura por disfrutar de nuestro nuevo amigo en territorios abiertos puede conducir a que su organismo, aún no suficientemente preparado, tenga que enfrentarse a patógenos para los que no dispone de protección alguna.

La protección materna, a través del calostro, desaparece en un plazo medio de unos 40 días, y si no se ha procedido a la pauta vacunal tras la pérdida de dicha protección, su organismo se enfrentará, “en vacío”, a cualquier contacto de riesgo.

Los cachorros, cuando llegan al mundo, disponen de unas claras líneas de defensa:

  • Inmunidad Innata: esta podría considerarse la primera línea de defensa, un grupo de sistemas y estructuras que posee el animal desde su nacimiento y que pretende evitar al máximo cualquier tipo de agresión que llegue del exterior.
    • La piel: esta extensa estructura, la mayor del organismo del animal, es la frontera física entre el mundo exterior y el mundo interior; la piel se encarga de frenar a la mayor parte de agentes externos actuando como un preciso filtro, por ello la importancia de que esta estructura, acompañada del pelo del animal, se encuentre SIEMPRE en la condición idónea para la realización de su función.
    • Secreciones y enzimas digestivas: los cachorros no solo conocen el mundo a través de su incomparable y envidiable olfato, los cachorros, en su incesante interés por conocer todo lo que les rodea, se llevarán muchas de las cosas que aparecen frente a su trufa al interior de su boca, alcanzando posteriormente su aparato digestivo.
      Es evidente que aquello que encuentran por el suelo, en el exterior del hogar, puede estar en mal estado, contaminado… y por ello la gran importancia de los jugos gástricos, componentes ácidos capaces de terminar con la mayoría de posibles problemas que alcancen este territorio orgánico.
    • Fagocitos: células muy voraces cuya función es ingerir a todo microorganismo que se ponga a tiro; son muy eficaces y están distribuidos por todo el territorio orgánico del animal.
  • Inmunidad Adquirida: en este apartado se encuentran las formas de defensa relacionadas con unas importantísimas células “protectoras”: los linfocitos.
    Los linfocitos entran en funcionamiento cuando detectan la entrada de microorganismos o de las sustancias que estos producen (toxinas).
    Una vez detectados los agresores, los linfocitos entran en contacto, detecta los componentes específicos del agresor (antígenos) y genera el sistema de reconocimiento y defensa para posteriores agresiones (anticuerpos)
    Esta inmunidad adquirida se puede producir de forma natural, por el contacto de los linfocitos con agentes agresores que llegan de forma aleatoria al individuo, o de forma inducida, mediante la vacunación.

La vacunación consiste en la inoculación de una sustancia que contiene virus o bacterias debilitados, muertos, partes de los mismos, o sus toxinas. El organismo reacciona frente a la sustancia inoculada y crea defensas específicas (anticuerpos).

Debemos tener muy presente que para que una vacuna alcance su máxima efectividad debe ser inoculada en un animal sano.

Para que la vacuna cumpla con la función esperada, el animal previamente ha de ser correctamente desparasitado, asegurando que su sistema inmune puede centrarse en el reconocimiento de la vacuna inoculada con total capacidad.

El momento de la vacunación del cachorro es muy importante, ya que los anticuerpos maternos que han atravesado la barrera placentaria van disminuyendo paulatinamente después del nacimiento. Si vacunamos prematuramente podemos interferir con la inmunidad materna, si vacunamos demasiado tarde el animal estará un período de tiempo sin protección.

El tipo de vacunas a emplear en la inmunización del cachorro dependerá de forma exclusiva del criterio sanitario veterinario teniendo en cuenta los siguientes puntos:  

  • Estado del sistema inmune: si el cachorro se alimentó del calostro materno podemos empezar a vacunar a partir las siete-ocho semanas. Como ya hemos comentado debemos evitar que los anticuerpos de la vacuna se solapen con los que posee el cachorro (vía transplacentaria y calostro) 
    También es importante para la vacunación del nuevo animal tener en cuenta si la madre estaba correctamente vacunada y desparasitada, es decir, con un buen estado inmunitario.
  • Zona geográfica de residencia: determinadas áreas geográficas presentan una mayor incidencia de algunas enfermedades. En aquellos entornos en los que no todos los animales están vacunados adecuadamente el riesgo de enfermedades víricas transmisibles es mayor. El veterinario recomendará el plan de vacunación adecuado para cada situación.
  • Hábitos del perro: si el cachorro convivirá con otros perros, si será usuario de residencias o acudirá a concentraciones con muchos animales, es lógico pensar que existirá un mayor riesgo de contraer enfermedades, por lo que la vacunación deberá tener en cuanta esta realidad.

Ante todo lo comentado, tengamos muy presente que el momento de salida de nuestro nuevo compañero al exterior solo debe producirse cuando el profesional veterinario, tras la aplicación de la pauta preventiva correcta para las características de nuestro perro, nos diga que podemos hacerlo.

 

 

 

 

 

Carlos Rodríguez

Carlos Rodríguez

Veterinario Licenciado en la Universidad Complutense de Madrid. Director veterinario y co-propietario de Centros Veterinarios Mascoteros. Es presentador del programa ''Como el Perro y el Gato'' de Onda Cero. Además, es presidente de la Fundación Mascoteros.

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