¿Cada cuánto tengo que lavar a mi perro?

No todas las rutinas para la salud de nuestro compañero tienen una respuesta concreta en lo referente a sus tiempos de realización.

La higiene del animal ha de pasar por un reconocimiento diario de la capa externa, piel y pelo, ayudado por algo tan simple como las caricias y por el beneficioso uso del cepillado diario.
 
Si lo pensamos fríamente, el baño no es algo que vaya directamente asociado a los ancestros de nuestros cánidos familiares, dentro de sus rutinas, marcadas por sus comportamientos innatos, no aparece como primordial el comportamiento higiénico mediante el baño.

El lobo, y los carnívoros salvajes, no repudian el agua, pero tampoco la usan como nosotros pretendemos con nuestros cánidos familiares.
En la mayoría de las ocasiones, la higiene de los cánidos salvajes pasa por “rebozarse” por el suelo, frotarse con árboles o vegetación, pero no por un relajante baño con agua en una charca, poza, rio… en la que, si llegan a introducirse de forma voluntaria, sería por razones de caza o por paliar temperaturas muy altas.

Nuestros cánidos familiares, sea cual sea el tipo de pelo en referencia a longitud, dureza de pelo… han de ser tratados prácticamente de la misma forma:

  • El cepillado del pelo y la piel del animal provocan una serie de beneficios importantes tanto a nivel higiénico, como a nivel sanitario:
    • Localización y/o retirada de parásitos externos.
    • Masaje de la piel que provoca una mejor circulación y perfusión sanguínea de la zona (mejor calidad del pelo)
    • Retirada del pelo muerto: el cepillado ha de realizarse en ambas direcciones: en dirección al pelo y a “contrapelo”; con esta ultima dirección de cepillado retiramos los pelos muertos que tienden a acumularse en las zonas más cercanas a la piel, y que pueden acabar produciendo diferentes tipos de patologías dermatológicas.
    • Momento de contacto positivo entre humano y animal: si acostumbramos a nuestro buen amigo al cepillado desde su más tierna edad, conseguiremos que no lo vea como un suplicio y sí como algo deseable, como una forma más de intercambio de afecto entre las dos especies.
  • El cepillado diario asegura una higiene suficiente para las necesidades de cualquier animal, exceptuando situaciones puntuales en las que el animal haya podido mancharse, ensuciarse, con alguno o algunos productos que requieran el uso de jabones específicos para nuestros compañeros (aceite, resina, heces…)
  • El uso de jabones, champús, lociones… solo ha de realizarse tras la consulta con el veterinario:
    • Las características de la piel y del pelo de un perro distan mucho de las características de la cubierta protectora del ser humano, por lo cual NUNCA deberemos usar nuestros medios de limpieza e higiene en el cánido familiar; la diferencia de pH de los productos puede provocar diversas lesiones, de diverso grado, al usar productos de higiene humana sobre el animal.
    • El veterinario, conociendo las características del animal, su estilo de vida, su estado general de salud podrá proponer una rutina de higiene adecuada a las características especificas del individuo.
    • No tomemos como referencia los comentarios de amigos con perro, de las redes sociales… en las que se nos suele indicar una fecha concreta para el baño de nuestros perros: “una vez al mes”
      ¿Por qué una vez al mes? ¿qué razones argumentan aquellos que recomiendan esta pauta? ¿existe alguna relación entre un baño cada treinta días y los verdaderos requerimientos higiénicos del animal?
      Rotundamente, NO.
  • El uso indiscriminado de champús, lociones, su uso excesivo, la frecuencia innecesaria, son la causa de problemas dermatológicos de moderados a graves, pudiendo ser causa de, por ejemplo, importantes reacciones alérgicas y efectos secundarios no deseados que pueden acabar con la paciencia y con la pituitaria del más paciente humano, entre los que haremos referencia al más habitual:
    • La piel y el pelo de nuestro cánido posee unas glándulas sebáceas que permiten una protección de la piel y una adecuada condición del pelo del animal. Esa secreción grasa forma una película protectora, fundamental para un buen estado de la capa externa del can.
    • El baño demasiado frecuente consigue alterar el equilibrio de esa cubierta: con el baño retiramos la capa grasa, el organismo detecta una “brecha en la seguridad de la cubierta” y reacciona produciendo grasa de forma inmediata…
      Esta reacción orgánica es la responsable del olor a “perro mojado”, o a “fuet” como algunos lo describen, cuando estamos secando al animal justo después de lavarlo.

Un perro, cualquier perro, podría disfrutar de una excelente higiene con cepillados diarios, y solo siendo bañados cuando alguna circunstancia de suciedad especifica provoque el uso de jabones adecuados y agua.

Carlos Rodríguez

Carlos Rodríguez

Veterinario Licenciado en la Universidad Complutense de Madrid. Director veterinario y co-propietario de Centros Veterinarios Mascoteros. Es presentador del programa ''Como el Perro y el Gato'' de Onda Cero. Además, es presidente de la Fundación Mascoteros.

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