3 collares de perro que están prohibidos (y se venden)

El uso de collares de castigo, no solo es una aberración para el bienestar del perro sino que es ineficaz e inseguro.

A pesar del amplio consenso internacional de los profesionales especializados en comportamiento canino de que el uso de collares de castigo es poco efectivo y seguro para el animal y sus propietarios, tan solo unas pocas comunidades autónomas prohíben explícitamente en sus leyes de protección de animales de compañía el uso de collares de castigo y únicamente una de las tres además veta su venta.

Sin embargo, su uso sigue siendo muy extendido ya que algunos lo entienden como una herramienta de adiestramiento. La adquisición de estos collares es bastante fácil y el asesoramiento en su venta es nulo.

La ecuación es sencilla: dueño desesperado + artilugio que causa daño + compra sencilla + vendedor sin formación = catástrofe asegurada.

Los principales collares de castigo son:

  • Collares eléctricos:
    Transmiten impulsos eléctricos en el cuello del animal, bien sea por la activación manual mediante mando a distancia o automática cuando el perro ladra o se arrima a una “valla invisible”.
    Aunque los fabricantes siempre aseguren que son “amigables y inofensivos”, la intensidad de descarga puede variar dependiendo de su tipo de uso, la raza del perro, su condición corporal, la humedad de su piel e incluso su estado anímico y emocional.
    Una descarga eléctrica provoca, en mayor o menor grado, dolor. Y eso le generará estrés y ansiedad. Basta con tan solo una aplicación de este shock eléctrico para que pueda generar en nuestro perro una indefensión aprendida que inhibirá todas sus conductas a muy largo plazo e incluso para toda su vida.
    Además, son inseguros para su entorno. El dolor puede desencadenar un ataque agresivo del perro.
    No podemos obviar también los daños físicos que pueden llegar a producir, como lesiones en la piel e incluso necrosis por un mal funcionamiento o por el ajuste estrecho que requieren estos dispositivos para el correcto contacto de los bornes metálicos sobre el cuerpo del perro.
  • Collares de pinchos o púas
    Es un sistema de sujeción metálico, normalmente de acero inoxidable, a modo de cadena cuyos eslabones tienen unas púas hacia el interior, de manera que éstas están sobre el cuello del animal.
    Son popularmente conocidas por “corregir el hábito de tirar de la correa” imitando la corrección “natural entre canes” cuando uno coge al otro del cuello para ganar autoridad y superioridad.
    Algunos collares vienen con las “púas” redondeadas o con un protector plástico, con el fin de ser menos punzantes. Pero, al igual que el collar eléctrico, causa aflicción, molestia, lesiones y/o incomodidad en el perro.
    Y si no lo crees, haz la prueba poniéndolo tú y aplicando la presión que haría tu perro al tirar de él. Pues ahora piensa que la piel del cuello de un perro es tres veces más fina que la tuya…
  • Collares de ahogo o estrangulamiento.
    Suelen ser de cordón trenzado a modo de horca, de tal manera que si el perro tira… simplemente se estrangula. Es manifiesto, a estas alturas del artículo, que es otro sistema más de sujeción que causa dolor en el animal y, con ello, un daño que puede ser irreparable en nuestra relación con él y en su bienestar.

Los métodos de educación basada en el castigo están obsoletos y todos estos collares realizan un daño físico y psicológico en los animales que los usan. La comunidad de expertos en etología recomienda innegablemente la educación en positivo. El castigo punible tiene innumerables efectos negativos:

  • Puede generar daños físicos en el perro.
  • Puede generar una conducta agresiva hacia las personas.
  • Deteriora la relación persona-perro.
  • Es poco efectivo: el perro puede generar cierta tolerancia al “castigo”.
  • No sirve para que aprenda nuevos comportamientos.

Es imperativo que estos collares no solo no resolverán un posible problema de comportamiento de nuestro perro, sino que puede agravarlo e incluso generar otros.

Existen alternativas mucho más eficaces e inofensivas para él. Por ello, siempre pongámonos en las manos de un profesional etólogo que abogue por los métodos educativos amables con el animal.

Referencias

Cooper, J., Wright, H., Mills, D., Casey, R., Blackwell, E., Van Driel, K., & Lines, J. (2013). Studies to assess the effect of pet training aids specifically remote static pulse systems on the welfare of domestic dogs.
 
Blackwell, E. J., Bolster, C., Richards, G., Loftus, B. A., & Casey, R. A. (2012). The use of electronic collars for training domestic dogs: estimated prevalence, reasons and risk factors for use, and owner perceived success as compared to other training methods. BMC Veterinary Research, 8(1), 1-11.
 
Lines, J. A., Van Driel, K., & Cooper, J. J. (2013). Characteristics of electronic training collars for dogs. Veterinary Record, 172(11), 288-288.

Beatriz Ramos

Beatriz Ramos

Especialista en comunicación digital del sector del animal de compañía, veterinaria y One- Health. Es productora y realizadora de ''Como el Perro y el Gato'' de Onda Cero. También es directora del podcast ''No Solo Perros y Gatos''. Además, es gerente de la Fundación Mascoteros. ATV y co-propietaria de Centros Veterinarios Mascoteros.

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