El último vuelo del Concorde

El Concorde, el primer avión supersónico para transporte de pasajeros, estuvo operativo desde 1976 hasta 2003.

 

Decían que el cielo era el límite del ser humano, pero en cuanto fue posible demostramos que no era así; que podíamos llegar mucho más lejos. Desde los diseños nacidos de la brillante mente de Leonardo da Vinci hasta el primer éxito de los hermanos Wright, la historia de la aviación resulta tan fascinante como intensa y ha marcado algunos de los momentos clave para la humanidad. Entre ellos queremos destacar el avión supersónico Concorde, un ejemplo de las ansias del ser humano por ir más lejos.

El proyecto nació en la década de 1950, en plena Guerra Fría. Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y la Unión Soviética comenzaron a plantearse la posibilidad de crear un avión comercial que fuera capaz de alcanzar velocidades supersónicas (por encima de los 1234.8km/h). Aunque la idea rondaba por el ambiente, solo Francia y Gran Bretaña la afrontaron seriamente y comenzaron a diseñar proyectos independientes financiados, en gran parte, por sus gobiernos. Diez años después, en 1960, Gran Bretaña tenía un diseño listo para su construcción pero los enormes costes que supondría obligaron al país a llegar a un acuerdo de colaboración con Francia. El nombre de Concorde (concordia) hace referencia precisamente a este trabajo conjunto que ambos países llevaron a cabo.

El primer vuelo tuvo lugar en marzo de 1969 y se introdujo en las aerolíneas de forma regular a partir del 21 de enero de 1976. British Airlines y Air France fueron las dos compañías propietarias de este tipo de aviones, aunque alquilaron algunos a Braniff International Airways y Singapore Airlines. Los vuelos podían recorrer la distancia entre Londres y Nueva York en poco más de 3 horas y podían alcanzar una velocidad máxima de 2.179km/h. Realizó principalmente a los aeropuertos de París, Londres, Nueva York y Washington y entre los 2.5 millones de pasajeros que trasladó en los 27 años en que estuvo activo se destacan Mick Jagger, Sean Connery, Elizabeth Taylor o la reina Isabel II de Inglaterra.

Aunque el Concorde suponía un impresionante avance tecnológico y una obra de ingeniería digna de admiración, las cosas no salieron como se esperaba. El mantenimiento de la aeronave era muy alto y el consumo de combustible mucho mayor del de otros aviones, lo que hizo que los precios de los billetes llegaran a alcanzar precios exorbitados de hasta 10.000 dólares. Además, en julio del 2000, el vuelo 4590 de Air France sufrió un accidente durante el vuelo y se estrelló en la ciudad francesa de Gonesse. Hubo más de 100 muertos entre los pasajeros, la tripulación y el personal en tierra.

Este incidente, los costes de mantenimiento y la caída en la demanda de vuelos tras los atentados del 11-S hicieron que Air France y British Airlines decidieron poner fin a los 27 años de servicio y retirar los aviones Concorde. Su último vuelo se produjo el 26 de noviembre del 2003. Los 16 modelos que fueron empleados para vuelos comerciales y dos de los prototipos están guardados en distintos museos del mundo como recuerdo del hito que supuso el Concorde.

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