Crean el primer avión que vuela sin hélices ni turbinas

La aeronave está propulsada por 'viento iónico', vuela sin partes móviles y no necesita combustible.

Las naves espaciales de ciencia ficción se han acercado un poco más a la realidad esta semana cuando un equipo de físicos estadounidenses ha presentado el primer avión de estado sólido del mundo sin partes móviles y alimentado en vuelo por moléculas de aire sobrealimentadas. El avión no necesita ni hélices ni turbinas y es una aternativa ecológica muy interesante a los combustibles fósiles.

 

Volando voy



Más de un siglo después del primer vuelo artificial de los hermanos Wright, los científicos elogiaron la
prueba "histórica" de la nueva tecnología de "impulso de iones", que podría eventualmente reducir las emisiones de gases de efecto invernadero de la aviación.

 

Desde el inigualable vuelo de Orville y Wilbur Wright en el invierno de 1903, los aviones han sido impulsados por hélices o aviones que deben quemar combustible para conseguir un vuelo sostenido.

Ahora, un equipo de expertos del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) logró desbloquear un proceso conocido como
impulso electroaerodinámico, nunca antes visto como una forma plausible de alimentar un avión. Y consiguieron hacer volar el nuevo avión.

 

Características del avión

 

Este avión, que tiene una envergadura de cinco metros, logró recorrer una distancia de 55 metros a una velocidad de 17 km / h. Obviamente no se trata de un avión supersónico, pero las implicaciones de este modo de vuelo sin precedentes podrían ser increíbles.

Steven Barrett, líder del trabajo, afirmó haberse inspirado en las series de televisión y películas de Star Trek, donde fue sorprendido por los transbordadores que volaban sin partes móviles en sus sistemas de propulsión.

 

"Debería ser más como lo que ves en Star Trek con una especie de brillo azul y algo que se desliza silenciosamente por el aire", explica.

A primera vista, el avión en sí no parece estar a años luz de otros aviones renovables, como la nave Solar Impact II, que en 2015-16 utilizó la energía solar para volar alrededor del mundo. Pero, a diferencia de esta, el avión de Barrett no tiene hélices ni paneles solares, ni partes móviles. Es un avión de "estado sólido".
En lugar de motores, funciona con un sistema que consta de dos secciones principales.

 

En la parte frontal del avión hay una serie de electrodos paralelos compuestos de cables livianos que producen una carga enorme de +20,000 voltios, sobrealimentando el aire a su alrededor y separando los iones de nitrógeno cargados negativamente.

En la parte trasera del avión hay filas de perfiles aerodinámicos ajustados a -20,000 voltios. Los iones se mueven automáticamente de una carga positiva a negativa, arrastrando con ellos las partículas de aire que crean el llamado "viento iónico" para proporcionar sustentación a la aeronave.

 

La tecnología para crear viento iónico ha existido desde la década de 1960, pero antes se pensaba que no era lo suficientemente eficiente como para ser útil en aeronáutica.

 

Aviones más eficientes y más ecológicos



Los expertos no solo han demostrado que era posible que las naves impulsadas por iones volaran, sino que, debido a la relativa falta de resistencia generada por los electrodos, predijo que la eficiencia aumentaría con la velocidad, lo que
podría abrir el camino a aviones más grandes y más rápidos en el futuro.

 

El prototipo actual podría ampliarse "una cantidad significativa", pero advirtió no saber dónde puede estar el límite."Todavía no sé si veremos nuestro vehículo transportando personas, pero obviamente estaría muy emocionado si ese fuera el caso", dice Barrett.

Esta tecnología podría usarse en los aviones comerciales, reduciendo la resistencia y, por lo tanto, la energía necesaria para impulsar los modernos aviones de pasajeros.

 

"Esto sería mucho más eficiente que la situación actual en la que cuentan con motores concentrados que generan empuje, que tienen que luchar contra un gran fuselaje pasivo que genera resistencia", comenta Barrett.

El estudio, publicado en la revista
Nature, afirma que esperan que este éxito aliente a otros sectores a volver a apostar por dicha tecnología que durante mucho tiempo se pensó que se limitaría a las películas de ciencia ficción.

 

Referencia: Haofeng Xu et al. Flight of an aeroplane with solid-state propulsion, Nature (2018). DOI: 10.1038/s41586-018-0707-9

 

Sarah Romero

Sarah Romero

Fagocito ciencia ficción en todas sus formas. Fan incondicional de Daneel Olivaw y, cuando puedo, terraformo el planeta rojo o cazo cylons. Hasta que viva en Marte puedes localizarme por aquí.

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