ROSALIND PICARD

 

Rosalind Picard es clave en el Media Laboratory, el templo de los inventos modernos del MIT. Allí donde los robots aprenden a correr o saltar, las mascotas son virtuales y los juguetes inteligentes, esta ingeniera electrónica nacida en Boston hace unos cuarenta años destaca por su personalidad y la originalidad de sus planteamientos. Simpática y risueña, Roz -como le gusta que la llamen- comenzó su carrera científica desarrollando nuevos mecanismos de compresión de imágenes y métodos de visión por ordenador, siempre con la ayuda del gurú informático y director del Media Lab Nicholas Negroponte. Aficionada a bucear cerca de tiburones y a lanzarse en paracaídas, actividades que tiene abandonadas por la de criar a sus tres hijos, actualmente reserva las emociones fuertes para el trabajo, donde dirige el grupo de investigación de Computación Afectiva y codirige el consorcio Things That Think ("cosas que piensan").


Según Picard, la computación afectiva es "la informática que se relaciona con las emociones, no sólo con las consideradas más importantes, como la alegría o la tristeza, sino también con el interés, el aburrimiento o la frustración, que son las que se dan en relación con los ordenadores". Ella y su equipo tratan de diseñar aparatos capaces de reconocer los cambios de humor de quien los maneja, otorgando a las máquinas "habilidades propias de la inteligencia emocional para que puedan reconocer si su actividad causa frustración al usuario, y luego adaptar su comportamiento para que el uso sea gratificante", explica. Así, han construido cosas como un ratón que siente los cambios de presión de quien lo maneja, o un volante-ordenador que controla el nivel de estrés de un conductor a través de sus latidos.

-¿Qué entiende por emoción en un ordenador?
-Hace unos años, cuando leí que las personas con mecanismos emocionales dañados eran incapaces de comportarse racionalmente a la hora de tomar decisiones complejas pero cotidianas en un tiempo razonable, comprendí que los ordenadores fallaban de forma muy parecida. Se me ocurrió que a los ordenadores les faltaban muchas funciones reguladoras que poseen las personas y que están suministradas por el sistema de las emociones.

-¿Y cómo se puede dotar de emociones a una máquina?
-La idea básica es capacitarlas para que puedan tomar mejores decisiones relacionadas con el estado del usuario, y que puedan estimar cuándo éste necesitará ayuda teniendo en cuenta su conducta anterior. Esto implica aprender a observar al usuario para sopesar lo que es más interesante para él, calibrar información compleja y tomar decisiones inteligentes en tiempo real con recursos limitados. Esto es algo que los científicos que trabajan con ordenadores no han conseguido todavía por medio de sistemas lógicos o de reglas, pero que puede conseguirse con la computación afectiva. Tenemos diversas aplicaciones de software que sirven para medir las alteraciones de los sentidos y las emociones, y biosensores que usamos como estímulos de un sistema electrónico emocional. Los sensores se introducen en objetos con los que el usuario va a estar en contacto de forma natural, como el teclado, la ropa, las sillas, las joyas o las gafas, que detectan si está frunciendo el ceño o si levanta las cejas ante una sorpresa. O en objetos con los que no hay contacto directo, como cámaras, micrófonos y sensores a distancia, que miden cambios en la modulación de la voz o reconocen expresiones faciales. También hay sensores de señales fisiológicas, del ritmo cardiaco, la conductividad de la piel o el cambio de postura, capaces de analizar todas las reacciones del usuario. Así se detectan de manera muy precisa estados de frustración, estrés o enfado, o el nivel de concentración en una tarea. A partir de la biometría de datos somos capaces de transformar una onda acústica en una representación que contiene información relevante sobre el afecto o de establecer modelos informáticos de las emociones.

-¿Cómo puede ayudar el ordenador afectivo en los procesos de aprendizaje?
-Tratamos de construir aparatos que puedan discernir entre un estudiante que comete errores porque se siente frustrado y con ganas de abandonar, de otro que, aunque cometa errores, está comprometido con el esfuerzo y disfruta explorando. En el primer caso habría que parar y ayudarle, darle ánimos, una oportunidad para la reflexión o simplemente un descanso. Los aprendizajes con ordenadores deberían centrarse menos en la memorización de datos y más en cómo proponer hipótesis, comprobarlas, enfrentarse al fracaso, recuperar la confianza y disfrutar imaginando cómo avanzar en una hipótesis o crear una nueva. Educadores y tutores saben que enseñar implica observar los niveles de interés, frustración, confianza y miedo; es más, también incluye ayudar a controlarlos.

-¿Puede ayudar la computación afectiva a relacionarnos mejor como personas?
-Eso espero. Puede enseñar a la gente a comunicar las emociones de una forma más clara y a contagiar las buenas maneras. Cuando estamos con personas que se comportan de forma cariñosa, educada y alegre, es más fácil que nosotros también lo hagamos. Si manejamos ordenadores que practican una comunicación afectiva de forma hábil es posible que nos empujen a comunicar las emociones más eficazmente, como el conductor del autobús que te saluda alegre por las mañanas.

-Los expertos en domótica dicen que la casa afectiva es la que proporciona seguridad y confort y ayuda a sus habitantes ¿Cómo intervienen los ordenadores emocionales en esto?
-Estamos investigando sistemas informáticos para ayudar a las personas mayores a vivir una vida más independiente. El ordenador podría preguntar al usuario cómo se siente y ayudarle a decidir si quiere que alguien venga a cuidarle; podría enviar un mensaje a algún familiar o persona cercana para que compruebe su estado o, en caso grave, llamar a urgencias. También estamos trabajando en cuidado afectivo, ordenadores acompañantes que podrían complementar el trabajo de las enfermeras o actuar como fieles mascotas.

-¿Cómo mantener la privacidad del usuario en un mundo lleno de sensores invisibles?
-Defendemos la privacidad y por eso nosotros no trabajamos con tecnologías de vigilancia por control remoto. Los sensores con los que trabajamos son visibles y controlables por el usuario. Nos interesa ayudar a comunicar cosas que quieras comunicar y no a sacarte información contra tu voluntad. Si tú no quieres que el ordenador sepa lo que estás expresando lo tenemos en cuenta y nos ocupamos de que tu información no sea comunicada a nadie.

-En la ciencia-ficción reciente se describen las máquinas con emociones como increíblemente peligrosas. ¿Qué piensa de esto?
-Primero, no todas son así; ahí están R2D2 y C3PO, de La guerra de las galaxias, DATA, de Star Trek, y otros robots encantadores que han aparecido en distintos films. Sin embargo, es cierto que una parte importante de la ciencia-ficción tiene una visión dramática de los peligros de la tecnología. Francamente, agradezco que los escritores de ficción científica pinten un futuro inquietante: nos ayudan a estar seguros de lo que no desearemos crear. Espero que asusten a muchos científicos para que piensen despacio lo que podría ocurrir y tomen medidas para evitar consecuencias indeseables. La ficción es un medio seguro para experimentar con cosas potencialmente peligrosas. Yo leo con mis alumnos historias de ciencia-ficción en las que los ordenadores se vuelven locos y estudiamos la forma de reducir la posibilidad de que eso ocurra.

-¿Habrá en el futuro ordenadores afectivos de diferente género sexual?
-Por supuesto. Y no solamente masculino o femenino, sino que quizás habrá otras posibilidades. Serán los diseñadores los que decidirán. Depende de lo que ellos decidan construir.


-El experto en inteligencia artificial Ray Kurzweil habla de la introducción de los nanorrobots en los procesos cerebrales humanos. ¿Qué opina?
-Cuando los nanorrobots entren en nuestro cuerpo, la medicina habrá avanzado lo suficiente como para hacer que se encarguen de las señales bioquímicas de la emoción. Se dedicarán a medir sensaciones y a responder a las emociones humanas, lo cual les convertirá en ordenadores afectivos.

-Algunos científicos predicen que con el paso del tiempo las máquinas serán superiores a los seres humanos. ¿Cómo ve esta predicción?
-Las máquinas han sido diseñadas por los seres humanos para que sean superiores en un campo concreto: coger y transportar grandes pesos, hacer tareas repetitivas más rápidamente, resolver cálculos complicados de forma más precisa... Pero no conozco ninguna máquina que se dé a sí misma esas habilidades; siempre les han sido dadas por una persona. Aunque los niños son con frecuencia más inteligentes que sus padres, no he visto ninguna máquina más inteligente que su creador. Por eso, hasta que no seamos más inteligentes no podremos entender cómo hacer más inteligentes a las máquinas.

Alejandro Sacristán

Esta entrevista fue publicada en julio de 2003, en el número 266 de MUY Interesante.

Etiquetas: informáticatecnología

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