¿Por qué el féretro de Isabel II fue tirado por marineros y no por caballos? El fallo que se convirtió en tradición

Innovaciones y soluciones improvisadas que hoy son tradición.

 

El lunes 19 de septiembre de 2022 fue el día escogido para realizar el funeral de la reina Isabel II. Londres se preparó para uno de los mayores eventos que haya tenido lugar en sus calles en las últimas décadas. Las exequias dedicadas a la reina más longeva en la historia de su país contaban con un dispositivo que ha sido preparado durante años. Conocido con el nombre de Operación London Bridge, se trata de la planificación de todo el proceso y sus ceremonias desde el anuncio del deceso hasta el entierro de la reina. Tras su traslado desde Escocia al palacio de Westminster, el último acto consistía en el funeral de Estado, el primero de Reino Unido en todo el siglo XXI. El evento transcurrió según la tradición histórica de la casa real británica y las indicaciones que Isabel II dejó en vida.

El funeral de la reina también se puede tomar como un reflejo de la evolución propia de las monarquías, donde se unen tradición y la capacidad de adaptarse a los nuevos tiempos, sin olvidar la improvisación cuando las cosas no salen como se pretendía. Con todo, la meticulosa planificación ha contado incluso con pruebas y simulacros realizados de madrugada para que nada se salga del guion. Sin embargo, algunas de las tradiciones del funeral de la reina Isabel II tienen su origen en improvisaciones.

A la moda victoriana

La reina Victoria (1819-1901) fue el punto de partida para un nuevo concepto de funeral en la corte británica. Tras casi un siglo de vida, dio nombre a toda una época: la victoriana. Fue la última reina de la Casa Hannover, sucedida en el trono por su hijo Eduardo VII, primer monarca del linaje actual, la Casa de Sajonia-Coburgo y Gotha. Pero Jorge V, durante la Primera Guerra Mundial y ante el rechazo a lo germano, cambió el nombre familiar a Windsor, tomando como referencia la residencia real.

La segunda monarca más longeva de la historia de Reino Unido (63 años y 226 días) también dejó indicaciones precisas sobre cómo debía ser su funeral. El evento resultó, sin embargo, un tanto caótico. Los nervios se extendieron entre aquellos que procuraban descargar las responsabilidades en otros. Tanto duró su reinado, que parecía que muchos se habían olvidado de cómo se preparaba un funeral de este nivel. El vizconde de Esher escribió quejándose:

“No puedo describirles la ignorancia histórica, de todos, de arriba abajo, que deberían saber algo de procedimiento. Uno pensaría que los monarcas ingleses no habían sido enterrados desde la época del rey Alfredo”.

En defensa de los ignorantes mencionados por el vizconde, diremos que Victoria cambió bastante lo que venía siendo tradición. Sus predecesores habían optado de manera general por ceremonias más privadas. Pero la reina Victoria pidió un funeral de Estado militar. El ataúd de esta reina fue el primero de entre los monarcas británicos en ser acompañado por una procesión militar, una maniobra que se sigue repitiendo.

La procesión militar como cortejo del féretro real se dio por primera vez con la reina Victoria. Con Isabel II se mantiene esta tradición que vemos en la imagen. Getty.
La procesión militar como cortejo del féretro real se dio por primera vez con la reina Victoria. Con Isabel II se mantiene esta tradición que vemos en la imagen. Getty

La reina Victoria quiso evitar el bochorno sufrido durante el funeral del duque de Wellington en 1852. El féretro de Arthur Wellesley fue trasladado en un carro fúnebre de 10 toneladas de peso, forjado con cañones de bronce capturados en Waterloo. Tanto pesaba que se atascó en el barro y generó otros problemas logísticos y técnicos que retrasaron y deslucieron el acto. Victoria cambió lo que hoy es una de las tradiciones impuestas por ella. Mandó que sus restos fueran llevados en un armón de artillería más sencillo y ligero, tal y como ha vuelto a suceder con Isabel II. Victoria quiso que su cureña fuera tirada por ocho ponis de color blanco o crema, pero los equinos no respondieron como se pensaba. No hay consenso acerca de cuál fue el problema, pero ya fuera el frío, unos arreos en mal estado u otros factores, la cuestión es que no lograban doblegar a los ponis para que tirasen del féretro. Fue entonces cuando se improvisó que los guardias tirasen del carruaje, una solución para ese momento que se ha mantenido como tradición y hemos podido ver repetido con Isabel II y su féretro tirado por 142 componentes de la Royal Navy.

Marineros de la Royal Navy tiran del armón de artillería que transporta el ataúd de Isabel II. Getty
Marineros de la Royal Navy tiran del armón de artillería que transporta el ataúd de Isabel II. Getty

Sobre el ataúd de Isabel II ha reposado la corona imperial del Estado hasta el último instante en que ha sido enterrada. Junto al orbe y el cetro, además del estandarte real, forman el conjunto de objetos que simbolizan el poder imperial desde tiempos remotos. La corona fue fabricada en 1838, precisamente para la coronación de la Reina Victoria. Cuenta con más de 3000 piezas entre diamantes, perlas, zafiros, esmeraldas y rubíes que siguen presenciando las coronaciones de los monarcas de Reino Unido y las ceremonias de apertura del parlamento.

La corona imperial, el orbe y el cetro, símbolos imperiales, sobre el ataúd de Isabel II. Getty
La corona imperial, el orbe y el cetro, símbolos imperiales, sobre el ataúd de Isabel II. Getty

De las campanas a la vigilia de los príncipes

El hijo y sucesor de la reina Victoria, Eduardo VII, tuvo un funeral que implantó una serie de ceremonias que se repiten hasta hoy. Falleció en mayo de 1910, fue el primero en reposar en el Salón del Trono de Buckingham y luego sus restos permanecieron durante tres días en el palacio de Westminster, donde se ubicó la capilla ardiente a la que acudió un gran número de súbditos a presentar sus respetos. El día del funeral de Estado, se formó una procesión con la escolta militar y los familiares a pie tras el féretro. La ceremonia religiosa fue oficiada en la abadía de Westminster y luego viajó en tren hasta el palacio de Windsor para ser enterrado en la capilla de San Jorge. En el evento se dieron cita un número de representantes internacionales equiparable al que asistirá al funeral de Isabel II. Solo cuatro años después, la mayoría de los reyes presentes perderían sus poderes debido a la Primera Guerra Mundial.

El mismo recorrido y ceremonial de Eduardo VII se siguió en el funeral de Isabel II, solo que la monarca ha tenido abiertas las puertas al público de su capilla ardiente durante cinco días en los que se han formado colas de hasta 24 horas de espera. Otra diferencia entre Isabel y sus predecesores es que su ataúd viajará hasta Windsor en coche fúnebre, en vez de en tren, como ha sido costumbre desde el funeral de Eduardo VII.

Con Eduardo VII también se inició otra tradición: desde el campanario del Big Ben sonaron 68 toques de campana, uno por cada año que vivió. Además, en su cortejo fúnebre también desfiló César, su perro favorito. Con el apego que siempre ha mostrado Isabel II a sus perros, no hubiese sido de extrañar que también se sumaran al cortejo del funeral, pero finalmente no fue así. Lo que no han faltado, son los 96 toques de campanas por la reina.

El Big Ben fue rebautizado como Elizabeth Tower en 2012, en honor a la reina
El Big Ben fue rebautizado como Elizabeth Tower en 2012, en honor a la reina

Jorge V se enterró el 28 de enero de 1936. Durante la procesión del cortejo fúnebre el traqueteo del armón de artillería afectó a la corona imperial del Estado y la cruz de Malta que tiene en la parte superior se cayó. El hijo del rey vio un destello por el suelo, pero aguantó el tipo para no descomponer el cortejo, y el sargento mayor de la compañía, dos filas más atrás, recogió la cruz y se la echó al bolsillo sin casi ni siquiera perder el paso. El suceso fue descrito por el propio Eduardo VIII, sucesor de Jorge V:

“Parecía extraño que eso hubiera ocurrido, y aunque no soy supersticioso, pensé si no sería un mal augurio”.

Por desgracia para Eduardo VIII, estuvo acertado en sus pensamientos. Una serie de polémicas hicieron que su reinado apenas durase un año. No llegó a ser coronado cuando abdicó y el trono pasó a su hermano Alberto, el padre de Isabel II. En el féretro de Isabel II, además de los símbolos imperiales, había una corona de flores que acogía una dedicatoria escrita por su hijo, el ahora rey Carlos III. Paseando por el sobre de papel se pudo ver una araña. Esperemos que Carlos no sea supersticioso ni estemos ante otro mal augurio.

Alberto reinó con el nombre de Jorge V. Murió joven, afectado por un cáncer de pulmón. Solo sonaron 56 campanadas. Tras su féretro, una joven Isabel formó parte del cortejo junto al resto de la familia. Durante este funeral se realizó por primera vez la vigilia de los príncipes, un instante emotivo en el que los hijos varones montaron guardia alrededor del ataúd de Jorge V. Con Isabel se ha seguido el ejemplo de su padre y tanto sus hijos como nietos realizaron esta vigilia.

El de Isabel II ha sido el primer funeral de Estado del Reino Unido en lo que llevamos del siglo XXI. No se vivía algo similar en Londres desde las exequias de Jorge V en 1952 y las del primer ministro, Winston Churchill, en 1965 quien, junto al duque de Wellington, se cuenta entre los pocos personajes ajenos a la casa real que han recibido un funeral de Estado en Reino Unido.

Fran Navarro

Fran Navarro

Historiador y escritor (esto último solo lo digo yo). El destino me reservaba una carrera de ensueño en el mundo académico, pero yo soy más de divulgar, hacer vídeos y contenidos culturales para que mi madre se entere bien de lo que hablo. De entre las cosas menos importantes de la vida, los libros son lo más importante para mí. Y como no hay nada mejor que conocer bien un asunto para disfrutarlo al máximo, hice el máster de Documentos y Libros, Archivos y Bibliotecas. Para esto y todo lo demás tengo Twitter: @FNavarroBenitez.

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