Los científicos somos gente honrada

Déjenme que se lo diga en una sola frase: el Ministerio de Educación y Ciencia y las universidades españolas llaman todos los días "chorizos" a sus investigadores. Y los pobres ni se inmutan. Es la prerrogativa de la burocracia. Se habrán sorprendido, pero así es. Y por si fuera poco bregar con el interminable papeleo previo, más propio de El proceso de Kafka que de un país del siglo XXI, llega luego la hora de justificar gastos.

Imagine que debe acudir a un congreso internacional. No puede faltar, pues es un lugar de encuentro de todos los que se dedican a trabajar en el mismo campo que usted; allí se escuchan propuestas, se discute, se hacen nuevos contactos... Pide ayuda a su universidad, que se la concede. Pero para que le den el dinero, que usted debe adelantar, le dicen que a su vuelta tiene que entregar los billetes y facturas de rigor y, además, ¡una prueba de que ha estado en el hotel hospedado! Y usted se queda rumiando con cara de lelo si tendrá que mangar las toallas o algún cenicero (empresa harto difícil en estos días de eliminación mundial del tabaco). Piensa que lo mejor es hacerse una foto dentro del establecimiento, porque si se la hace fuera, el probo funcionario podría sospechar que en realidad usted no durmió allí.

A su regreso ha decidido invitar a un colega a pasar una semana en su laboratorio: sus investigaciones van por el mismo camino y quiere que le ayude en ciertos aspectos difíciles de su trabajo. De paso, él aprenderá la nueva técnica experimental que está desarrollando. Lo aloja en el hotel que la universidad tiene concertado pero, para su sorpresa, descubre que no está incluido el desayuno. Acude con cierto miedo al mismo probo funcionario que le atendió la vez anterior. Sus temores son fundados. Atónito escucha que no pueden pagarlo porque no saben si el buen hombre va a desayunar. Usted le dice, pacientemente, que eso quedará reflejado en la cuenta, pero el funcionario le corrige: "No, no es eso. Es que no sabemos si va a desayunar? él".

Ya en su despacho recibe un correo electrónico donde le comunican que le han concedido una ayuda para una acción de divulgación. Escaldado, piensa que seguro hay trampa. Y así es. La carta de aceptación aclara que le dan el 40% de lo presupuestado (dinero que, obviamente, deberá justificar con facturas), pero que debe comprometerse a realizar TODA la acción. Vamos, que el Ministerio le dice algo así como: ?usted ha mentido en el presupuesto, lo ha engordado para quedarse con nuestro dinero. Pero nosotros somos muy inteligentes y sabemos que para desarrollar la actividad que nos propone basta y sobra con el dinero que le acabamos de conceder.

Así que firme un papel donde diga que lo va a hacer en estas condiciones, listillo?. Le están llamando ladrón a la cara y, además, debe reconocerlo por escrito.