LISA RANDALL



entrev305.gifEs una de las estrellas más brillantes de la nueva generación de científicos, además de una pionera: fue la primera mujer profesora titular de física teórica en el MIT, en Princeton y más tarde en Harvard, la universidad en la que se doctoró y donde trabaja. Tiene la firme intención de liberar a la humanidad de su mundo tridimensional. "La campaña de desinformación comienza ya en la cuna, que nos introduce en las tres dimensiones espaciales", advierte en su último libro Warped Passages, uno de los 100 mejores del año según The New York Times. Su visión del mundo ha abierto una nueva vía para la física moderna, que permite explicar por qué la gravedad es tan débil, unificarla con las otras tres fuerzas de la naturaleza y arrojar luz sobre los orígenes del universo.

-¿Cuándo comenzó su interés por la física?
En el colegio me gustaban las matemáticas porque todos los problemas tenían respuesta. Lo demás me parecía muy subjetivo. En clase de lengua los profesores preguntaban "¿por qué es importante este libro?", y buscaban tres buenas razones, pero se podía pensar en otras más. No me gustaba esa arbitrariedad. Más tarde me di cuenta de que, si sólo me dedicaba a las matemáticas, me iba a volver loca. Me habría pasado las noches en vela trabajando en un problema, y pensé "no puedo vivir el resto de mi vida así". Quería algo más conectado al mundo.

-Hablando de conexión con el mundo, en su trabajo usted imagina dimensiones adicionales, pero tiene que seguir viviendo en el mismo planeta que el resto de nosotros. ¿Lleva en su mente la imagen de otras dimensiones?
Suelo tener esa visión, pero es algo momentáneo. A veces tengo la impresión de que lo que estoy viendo es sólo una pequeña fracción de lo que hay en realidad. En mi libro describo cómo una vez estaba dando un paseo sobre el río Charles y pensé "realmente creo que ahí fuera hay muchas más dimensiones de las que conocemos". En ocasiones, más a menudo de lo que creo, surge algo y entonces me doy cuenta de que estoy viendo el mundo de una manera diferente a mis amigos.

-¿Así que usted intuye que existen dimensiones superiores?
No veo por qué no deberían existir. En la historia de la física, cada vez que hemos mirado más allá de las escalas que nos son familiares, hemos encontrado cosas inesperadas. Te asomas dentro de un átomo y descubres los quarks. ¿Quién lo hubiera imaginado? Es arrogante pensar que nuestra forma de mirar las cosas describe todo lo que hay.

-¿Y con más de tres dimensiones, cuál es su manera de describir el universo?
Lo que yo estoy estudiando son las branas, objetos similares a membranas en un espacio multidimensional. En mi hipótesis, las partículas y las fuerzas de la naturaleza están pegadas a una brana tridimensional, como cualquier cosa puede pegarse a la superficie de una cortina de ducha en nuestro espacio 3D. Todo lo que conocemos estaría dentro de nuestra brana, excepto la gravedad.

-¿Qué tiene de especial la gravedad?
En la teoría de cuerdas hay dos tipos de cuerdas cósmicas: abiertas con extremos y cerradas en bucles. Las abiertas y sus partículas asociadas, por ejemplo los electrones, están ancladas a la superficie de una brana. Pero la gravedad se asocia a una cuerda cerrada, y no hay ningún mecanismo para confinarla. Puede propagarse por cualquier parte, filtrarse en otras dimensiones y viajar a otras branas, por eso es diferente. Esta libertad puede explicar por qué la gravedad es tan débil comparada con las otras fuerzas; al fin y al cabo, un imán puede levantar un clip contra la atracción de toda la Tierra.

-Pero sólo vemos tres dimensiones a nuestro alrededor. ¿Dónde podrían estar escondidas las demás?
La vieja respuesta de la física decía que las dimensiones extra son minúsculas, y por eso no las percibimos. Así se pensaba hasta la década de 1990, cuando Raman Sundrum y yo nos dimos cuenta de que se podía tener una dimensión extra infinitamente grande si el espacio-tiempo está curvado. Después, con Andreas Karch, encontré algo aún más espectacular: puede que estemos viviendo en un compartimento de tres dimensiones, dentro de un universo multidimensional. En otro lugar podrían existir cuatro o incluso más dimensiones.

-¿Y podría existir otro universo que estuviese hecho de esa manera?
Posiblemente, y sería muy diferente. Por ejemplo, las órbitas cerradas, como la de la Tierra alrededor del Sol, sólo funcionan en espacios de tres dimensiones. También podría haber leyes físicas distintas o fuerzas a las que nosotros fuésemos inmunes y sin embargo otras, como el electromagnetismo, que no se sintieran. Mientras que nosotros estamos hechos de quarks y electrones, en otro universo las cosas pueden estar formadas por una materia totalmente distinta. Tendría una química completamente diferente, otras fuerzas... excepto la gravedad, que creemos que compartiríamos.

-Algunas de sus ideas suenan un poco locas para el ciudadano medio. ¿De dónde provienen?
La idea de que existen dimensiones extra proviene de la teoría de cuerdas, según la cual las partículas fundamentales son oscilaciones de pequeñas hebras de energía vibrantes. La teoría de cuerdas sirve para combinar dos modelos muy diferentes del mundo, la mecánica cuántica, que se aplica a escala atómica, y la relatividad general, que funciona a gran escala. Algunos físicos creemos que debería haber una única teoría válida en cualquier régimen. La teoría de cuerdas lo hace, pero sólo en un universo con más dimensiones. Hay cosas que no comprendemos con sólo tres dimensiones espaciales y una temporal. Como ninguna teoría física fundamental descarta la existencia de más de tres dimensiones, es lógico pensar cómo sería el mundo si existiesen.
 
-¿Cómo sabremos si sus ideas son correctas?
Dentro de poco, los físicos experimentales van a buscar las llamadas partículas Kaluza- Klein, que están asociadas a dimensiones ocultas. El Gran Colisionador de Hadrones (LHC, en inglés), un acelerador de partículas en la frontera entre Francia y Suiza que se pondrá en funcionamiento en 2007, podría tener la suficiente energía para producir estas partículas que, según nuestra teoría, se descompondrían en el detector. Si se comprueba experimentalmente que esto sucede, podría aportar una evidencia muy firme de que existen dimensiones extra. Puede que dentro de cinco años conozcamos las respuestas.

-Estos experimentos son caros. ¿Confía en la buena voluntad del público para financiar una investigación tan teórica?
Éste es un asunto que me preo cupa. Si no lo hacemos ahora, probablemente no lo haremos nunca. Ya hemos desarrollado la tecnología y estamos en un punto en el que, si no continuamos, perderemos la habilidad y tendremos que comenzar desde el principio. Cierto, es caro, pero estoy convencida de que al final habrá merecido la pena. Supone una diferencia en términos de quiénes somos, qué pensamos y cómo vemos el mundo. Este tipo de cosas son las que hacen que la gente se emocione con la ciencia y se consiga un público más educado.

-Uno de los aspectos asombrosos de su trabajo es que, en gran parte, proviene directamente de su imaginación, no de largas horas en el laboratorio. Parece más bien una investigación de pizarra y tiza.
Exacto, la pizarra. A la gente parece chocarle que tengamos pizarras llenas de ecuaciones y que discutamos mucho entre nosotros. No ignoramos al resto del mundo desde nuestros despachos, pero a veces nos metemos allí a pensar porque, una vez que estás centrado en algo, si te distraes tienes que volver a empezar. En ocasiones estamos hablando y garabateando juntos un papel, y otras, apuntamos y borramos ideas en la pizarra. Nuestro trabajo se compone de todas esas cosas: leer lo que han hecho otras personas, intentar resolver algo, quedarse atascado, desatascarse e intentar encontrar diferentes formas de resolver un problema.

-Usted no concuerda exactamente con la imagen del catedrático canoso vestido de tweed. ¿Conlleva responsabilidades especiales el hecho de ser una mujer joven en un campo dominado por hombres?
¡Si todavía fuera joven! Pensé que podría terminar la entrevista sin haber tocado el tema. Sí, supongo que es así, por eso tengo cuidado y me tomo más tiempo. Cuando estaba escribiendo mi libro era consciente de que más me valía hacerlo bien, porque no hay muchas mujeres en este campo y sería objeto de un examen exhaustivo. Sí, hay una responsabilidad añadida pero, por otro lado, también la recompensa es mayor si se consigue arrastrar a un público diverso hacia la física.
 
?¿Fuera de su campo de investigación, en cuál cree que están hoy los acontecimientos más emocionantes de la ciencia?

En la neurología. Comprender cómo funcionan los pensamientos, cómo se crean conexiones, cómo funciona la memoria, cómo procesamos y archivamos la información... todo esto es fascinante. Pero a nivel experimental seguimos estando muy limitados en lo que podemos hacer. Yo ni siquiera sé qué es la conciencia. Me gustaría que alguien lo definiera.

-Se dice que la física también tiene un largo camino que recorrer. ¿Le molesta pensar que todo esto, que ahora le parece apasionante, pueda convertirse en obsoleto tan pronto como alguien aparezca con una teoría mejor?
Es cierto que no tenemos todas las respuestas, pero sí hemos encontrado algunas, cada vez más. El hecho de que no sepamos todo no significa que no sepamos nada. Hay gente que me pregunta "¿por qué molestarse si no se consiguen respuestas definitivas?". Yo respondo que si alguien me diera un postre, y yo supiera que no es el mejor que existe, me lo comería tan contenta y esperaría al siguiente.

-¿Será la física capaz de abordar las grandes preguntas, como por qué el universo se ha tomado la molestia de existir?
Los físicos no vamos a responder a los porqués. Pero si juntamos todo lo que sabemos del universo, encaja increíblemente bien; por ejemplo, me parece extraordinario que la teoría inflacionista -el actual modelo del Big Bang- pueda ser comprobada mirando el fondo cósmico de microondas. La ciencia no es religión, pero eso no significa que no podamos ir más allá en el conocimiento. Sobre el origen de este universo, yo creo que ya deberíamos estar haciéndonos otras preguntas: cómo surgió un universo de más de diez dimensiones, y de qué manera llegamos nosotros desde allí.

-Su respuesta suena a una fórmula para evitar luchas entre la ciencia y la religión.
Muchos científicos abrazan la propuesta de Stephen Jay Gould: la religión hace preguntas sobre moral, mientras que la ciencia plantea cuestiones sobre el mundo natural. Cuando la gente intenta utilizar la religión para dirigirse al mundo natural, no les queda más remedio que echarse atrás y adaptar los resultados a sus ideas. Yo pienso que las creencias pueden ser permanentes, pero deben ser flexibles. Personalmente, si descubro que una creencia mía es errónea, cambio de parecer. Creo que es una buena manera de vivir.

-¿Entonces, le deja su ciencia espacio para una fe no probada? ¿Cree en Dios?
Hay un sitio para las propias creencias. Así que, tanto si creo como si no, eso no tiene nada que ver con lo que hago como científica. Creer en Dios debe de ser agradable para ver una finalidad en las cosas. Pero también sin fe podemos confiar en que existe un propósito, o en que la bondad es una virtud en sí misma. Pienso que uno puede apañarse bien con el mundo que tenemos, así que probablemente no creo en Dios. Por otro lado, es un problema que la gente sea considerada inmoral por no ser religiosa. Sencillamente, esto es falso. Creo que se puede ser incluso más moral: quienes se mueven por un motivo religioso actúan para obtener una recompensa en ésta u otra vida... y eso no es tan bueno como obrar por pura generosidad.

Corey S. Powell