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Hegel, el filósofo que fracasó como astrónomo

Hegel, la gran figura filosófica del idealismo alemán, escribió su tesis doctoral sobre el número de planetas que debían orbitar alrededor del Sol. En ella defendía que solo podía haber siete cuando meses antes se había descubierto Ceres, situado entre Marte y Júpiter.

Hegel, el filósofo que fracasó como astrónomo (Miguel Angel Sabadell)
Georg Wilhelm Friedrich Hegel está considerado como uno de los filósofos más importantes de la historia y su objetivo era explicar el proceso que lleva a lo real y a la verdad a constituirse como tales. Pero no vamos a hablar del gran filósofo sino de cuando era joven, allá por el 1801. Ese año Hegel presentaba una tesis de habilitación para obtener el empleo de Privatdozent o profesor asociado en la Universidad de Jena. Este es el mayor título profesional conferido a una persona por las universidades alemanas y que implica poder dar clases de manera independiente. Un puesto, todo hay que decirlo, que no obligaba a la universidad a ofrecer un salario. El título de su tesis fue Dissertatio philosophica De Orbitis Planetarum, una disertación filosófica sobre los planetas. En ella Hegel sostenía que en el Sistema Solar no podía haber más de siete cuerpos girando alrededor del Sol. Evidentemente, los que se conocían entonces: Mercurio, Venus, la Tierra, Marte, Júpiter, Saturno y el último, Urano, descubierto en 1781.
Este texto es el más extraño, oscuro y menos conocido de las obras del alemán; ha sido vilipendiado y denostado por casi todos, hasta el punto de que la editorial Verlag lo eliminó de su famosa recopilación de todas las obras de Hegel. Incluso fue arrinconado por el propio Hegel, que lo catalogó como un ejercicio de juventud inmaduro.
Hegel, el filósofo que fracasó como astrónomo

El planeta que destruyó la tesis de Hegel

Hegel defendió su tesis el 27 de agosto de 1801. Para su desgracia, el italiano Giuseppe Piazzi, que era el director del Observatorio de Palermo, había descubierto ocho meses atrás, concretamente el día 1 de enero, una estrella que parecía moverse respecto a las otras. Dos días después confirmaba su descubrimiento: la estrella en cuestión era otro cuerpo del Sistema Solar. La noticia del descubrimiento de Piazzi corrió como la pólvora pues suponía la confirmación de una ley empírica llamada ley de Titus-Bode. Esta ley había sido formulada años atrás y se trata de una simple fórmula matemática para calcular la distancia de los planetas al Sol. De este modo, introduciendo en ella el número 2 se obtiene la distancia de Venus al Sol, con el 3 la de la Tierra y así hasta el 8, con el que se obtiene la distancia a Urano.
Cuando se formuló esta ley había una laguna: el 4 correspondía a Marte y el 5, que debía tocarle a Júpiter, no valía. Para tener la distancia a Júpiter había que meter el número 6. A pesar de los esfuerzos por localizar ese planeta que faltaba según la ley de Titius-Bode los astrónomos no tuvieron suerte. Cuando Piazzi descubrió su planeta todo el mundo esperaba con los dedos cruzados a que se calculara su órbita. ¿Sería éste el misterioso número 5? Así fue. El nuevo cuerpo celeste lo bautizó con el nombre de «Cerere Ferdinandea» en homenaje a su rey (Fernando IV de Nápoles y Sicilia). Sin embargo, era demasiado pequeño para que ser un planeta, por lo que al principio lo llamaron planetillo. Después, en 1860, se le rebajó a la condición de asteroide y en 2006 pasó a formar parte del conjunto de planetas enanos que orbitan alrededor del Sol. En este caso Ceres es uno de los miles de cuerpos que componen el famoso cinturón de asteroides situado entre Marte y Júpiter.
La noticia del descubrimiento de Ceres estaba en boca de todos los astrónomos alemanes, pero el joven Hegel no era astrónomo sino filósofo. Ocho meses después del descubrimiento, mientras defendía su tesis de que sólo podía haber siete cuerpos girando alrededor del Sol, el pobre Hegel aún no se había enterado. El duque de Sajonia Ernst von Sachsen-Gotha envió a su astrónomo Franz von Zach un ejemplar de la tesis de Hegel. Zach pudo leer en él la siguiente leyenda escrita de su puño y letra: “monumento a la locura del siglo XIX”.
Ceres y Hegel

No es tan malo como lo pintan

Sin embargo, no deberíamos cargar demasiado las tintas contra el pobre Hegel. La historia fue popularizada por el filósofo y economista austríaco Otto Neurath, que lo usó como ejemplo de la diferencia entre la ciencia y la filosofía: “La filosofía convencional lo hace de otra forma: llega a sus conclusiones acerca del mundo inferidas desde pensamientos fundamentales. De sus juicios sobre el mundo busca frecuentemente inferir juicios de hechos singulares. La filosofía de Hegel sólo permitía siete planetas en un tiempo en que ya había sido descubierto el octavo planeta por los científicos”, escribió en la revista Erkenntnis en 1930.
Sin embargo, para Hegel no es que fuera imposible la existencia de un octavo planeta, sino que no se podía afirmar su existencia simplemente porque así parece decirlo una fórmula (la ley de Titius-Bode) sin base científica alguna. Y recuerda a los astrónomos que cualquier serie observada se puede hacer coincidir con distintas sucesiones numéricas
En palabras de Hegel: “Cuando los que buscan leyes mediante la experiencia y la inducción se encuentran con algo que parece ser una ley, se alegran por su hallazgo y por la identidad de la naturaleza y la razón subyacente, pero cuando hay otras apariencias difíciles de acomodar dudan de los experimentos y estudian cualquier otro modo de establecer una armonía”. Dicho de otro modo: Hegel les dice a los científicos de su época que lo que estaban haciendo era forzar los datos a encajar en sus teorías en lugar de aceptar los hechos como eran. Para demostrar que eso era así, Hegel tomó la serie de siete números que Platón atribuye a Pitágoras como expresión de la proporción y armonía de las esferas y afirmó que “la raíz cúbica del cuadrado del cuadrado de estos números da la razón de las distancias de los planetas”. La aproximación de Hegel no es tan buena como la de Bode, pero sirve como ejemplo.
Y quizá para resarcir la figura más importante del idealismo alemán baste con mencionar que en sus conferencias Filosofía de la Naturaleza, agrupó los objetos del Sistema Solar en tres bloques: el de planetas interiores (Mercurio, Venus, Tierra, Marte), el de asteroides (Ceres, Pallas, Juno, Vesta) y un tercer grupo de planetas exteriores (Júpiter, Saturno, Urano), que coincide con la nuestra: planetas rocosos, gaseosos y cuerpos menores.

Referencias:

  • Beaumont, B. (1954) “Hegel and the seven planets”, Mind, 250: 246-248
  • Craig E., Hoskin, M. (1992) “Hegel and the seven planets”, Journal for the History of Astronomy, 23(3): 208-210

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