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Los químicos que ganaron la Batalla de Inglaterra y otras victorias bélicas

Desde la Segunda Guerra Mundial hasta la actual Guerra de Ucrania, la ciencia y la tecnología se han ido revelando.

Los químicos que ganaron la Batalla de Inglaterra y otras victorias bélicas (Miguel Angel Sabadell)
Quizá el combate aéreo más famoso de todos los tiempos haya sido la llamada Batalla de Inglaterra, ocurrida durante la II Guerra Mundial. A su término el primer ministro inglés Winston Churchill dijo respecto a los pilotos: «Nunca en el campo de los conflictos humanos tantos han debido tanto a tan pocos». Lo cierto es que la victoria no se puede atribuir únicamente a la heroica resistencia de los pilotos ingleses. 
La superioridad aérea en el Canal de la Mancha era esencial para la invasión de Inglaterra. El ejército alemán necesitaba tres días de control absoluto sobre el canal manteniendo alejada a la marina británica. Y eso sólo lo podía hacer la aviación alemana pues la flota nazi era incapaz de mantener a raya a la potente flota inglesa. Pero eso implicaba destruir toda la aviación inglesa. Los alemanes tenían la mejor fuerza aérea del mundo tanto en calidad como en cantidad. ¿Por qué fracasaron?
Midway

A parte de porque es más fácil pelear en casa que fuera de ella, gran parte del mérito se debió al nulo sentido estratégico del general en jefe de la aviación alemana, Hermann Göring. Es evidente que si se quiere tener la superioridad aérea hay que impedir que el enemigo construya aviones y los pueda hacer despegar. Por tanto, hay que bombardear sus fábricas y aeropuertos. Contra toda lógica, y creyendo que el golpe moral era más efectivo que el golpe táctico, Göring dejó a un lado los objetivos militares y pasó a bombardear ciudades. De este modo, los ingleses pudieron construir sus aviones.

Mejor gasolina

Pero lo que pocos saben es que gran parte de la debacle nazi en la Batalla de Inglaterra se debió a hechos relacionados con la ciencia: el nuevo sistema para detectar aviones usando radiación de microondas, el radar, y la calidad de la gasolina. La gasolina británica era muy superior a la alemana y daba a sus aviones una ventaja crítica en su rendimiento. 
De la misma forma, cuando los aliados se vieron sin acceso a las fuentes de caucho natural tuvieron que inventar el caucho sintético que fue llamado GRS. Ambas creaciones, la gasolina y el caucho sintético, se derivaron de un descubrimiento casual que hicieron en 1877 dos químicos que trabajaban en París: el francés Charles Friedel y el norteamericano James Crafts. Encontraron que mediante cierto tipo de procesos se podían sintetizar una gran variedad de hidrocarburos y otros compuestos orgánicos como las cetonas. 
Spitfire

Todos ellos, conocidos como la química de Friedel-Crafts, crearon una nueva área de investigación en química orgánica y gracias a ellos se abrieron las puertas a la nueva química industrial: obtención de gasolinas de alto octanaje, el caucho sintético, el poliestireno, los detergentes sintéticos y el fenol, necesario -por ejemplo- para las aspirinas.

Del radar a las matemáticas

La contribución de estos dos químicos a la guerra fue totalmente involuntaria. Sin embargo, sí ha habido victorias que se pueden achacar directamente a la ciencia. El primero fue el radar, que a pesar de estar desarrollándose desde 1934 fue en 1940 cuando fue puesto a punto por el escocés Robert Alexander Watson-Watt. 
Mientras, prácticamente nadie sabía que el matemático Alan Turing estaba poniendo las bases para la construcción del primer ordenador de la historia, Colossus, en Bletchley Park, una mansión a 80 km al noroeste de Londres. Su objetivo era romper los códigos de la Enigma, la máquina de encriptar mensajes que usaban el ejército y la marina alemanes.
Enigma

Por su parte, los norteamericanos se enfrentaban a dos códigos japoneses: el de su máquina PURPLE para sus mensajes diplomáticos, y el JN-25, de la armada, que en la primavera de 1942 los norteamericanos empezaron a poder leer el JN-25. Justo entonces empezaron a recibir muchos mensajes refiriéndose a un objetivo designado con el nombre clave de AF. Los oficiales de inteligencia del almirante Chester Nimitz sospechaban que se referían a Midway. Para estar seguros, difundieron una información falsa sobre un problema con la planta de destilación de agua de la isla. Y llegó la confirmación: un mensaje codificado japonés decía: “AF está escaso de agua”. Los japoneses iban a atacar Midway y allí les estarían esperando. Esa batalla cambió el curso de la guerra en el Pacífico; a partir de entonces, los japoneses no hicieron otra cosa que retirarse.

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