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Artistas sordos del Renacimiento: el arte como medio de comunicación

Quizás sean menos conocidos, pero lograron una carrera exitosa potenciando el sentido de la vista para plasmar la vida en sus obras.

Pocas épocas históricas han generado obras de arte tan famosas y admiradas como el Renacimiento. Artistas como Rafael, Miguel Ángel o Leonardo da Vinci siguen tan presente hoy día en la sociedad como cualquier estrella del rock o el deporte. Sin embargo, también hubo otros artistas que utilizaron el arte como medio para expresarse y comunicar su punto de vista a falta de otros recursos para hacerlo. Aunque menos conocidos, resulta curioso conocer la obra de artistas un tanto peculiares: Cristóforo de Predis, Pinturicchio, Juan Fernández Navarrete y Hendrick Avercamp eran sordomudos.

La sensibilidad silenciosa

Durante los siglos modernos existía un debate que para nosotros hoy día sería inconcebible. Dudaban si una persona sordomuda podía ser plenamente responsable ante la ley. La incapacidad para hablar de manera correcta les hacía víctimas de una percepción generalizada como si de bebés de trataran. Benjamin Ferrers fue un pintor inglés sordomudo. Entre los años 1710 y 1720 tuvo que afrontar varios juicios para reclamar una herencia que le negaban por “incapaz”. Compareció en el Tribunal de Causas Comunes y allí exhibió varias de sus pinturas para probar que era un hombre de “buen entendimiento”. La Corte de Cancillería finalmente le permitió obtener su herencia. Bajo estas líneas se encuentra la pintura más famosa de Ferrers, “Tribunal de Cancillería durante el reinado de Jorge I”.
La obra de Ferrers. Wikimedia.

Tribunal cancilleria Benjamin Ferrers.La obra de Ferrers. Wikimedia.

A finales del siglo XV, Leonardo da Vinci acudió a Milán para pintar el retablo de “La Virgen de las rocas” en la iglesia de San Francesco Grande. Allí conoció a algunos artistas locales que le ayudaron con el encargo. Entre ellos estaba Cristóforo de Predis. Era sordo de nacimiento y su producción artística se centró en las miniaturas, con libros ilustrados magistralmente que le dispensaron reconocimiento y admiración. El propio da Vinci quedó impresionado por los signos y gestos que empleaba Cristóforo para comunicare. Entre las notas de su “Tratado sobre pintura”, da Vinci animaba a observar a los sordomudos porque:
“Hablan moviendo las manos, los ojos, las cejas y toda su persona con el deseo de expresar la idea que tienen en mente”.

Entre la Capilla Sixtina y el Escorial

En Roma trabajó Pinturicchio, un artista que dejó su impronta en la Capilla Sixtina en colaboración con Pietro Perugino. Debido a su problema auditivo, también fue llamado “il Sordicchio. En España también hemos sido siempre de colocar motes. No fueron muy creativos aquellos que llamaron “el Mudo” a Juan Fernández Navarrete. En 1568 fue nombrado pintor de la corte de Felipe II y sus manos se encargaron de decorar el palacio de El Escorial. Navarrete “el Mudo” se formó en los mejores enclaves del arte renacentista. En pleno siglo XVI viajó por Italia y aprendió en Venecia, Nápoles, Florencia y Roma. Regresó a Madrid para pintar al más alto nivel en la cúspide social. Aunque algún historiador lo aclamó como “el Tiziano español”, la influencia de Miguel Ángel es notable en obras como “Bautismo de Cristo”.
''Bautismo de Cristo'' por Navarrete ''el Mudo''. Museo del Prado. Wikimedia.

Bautismo Cristo Navarrete''Bautismo de Cristo'' por Navarrete ''el Mudo''. Museo del Prado. Wikimedia.

Por entonces se vivía una edad de oro de la pintura de paisajes en los Países Bajos. Uno de los máximos exponentes fue Hendrick Avercamp, un pintor sordo cuyos paisajes invernales se vendieron por grandes sumas de dinero y su estilo tenía tanto nivel como el famoso Peter Brueghel.

Un oficio privilegiado

Si en la Europa del Renacimiento era difícil salir adelante de manera general, imagina la dura situación para un niño sordo de nacimiento. Como cabría esperar, los sordos prelingüísticos tenían salidas laborales orientadas a oficios prácticos que pudieran aprender solo con la observación. Muchos de ellos se formaban como sastres y herreros. Una alternativa era el mundo del arte, pero este sector estaba prácticamente limitado a familias pudientes. En la Inglaterra moderna, la familia Gawdy pagaba el equivalente actual a 17 000 libras al año para formar a sus hijos, ambos sordos. Es por ello que todos los protagonistas de este artículo contaron con la suerte de nacer en una familia mínimamente privilegiada y, aún más estrictamente restringido, todos eran hombres.
Qué duda cabe de la capacidad de expresión de los sordomudos. Nada más socorrido para quien no puede hablar que escribir o dibujar sobre un papel para hacerse entender. Bajo esta premisa, el arte se convirtió en un poderoso medio de comunicación y expresión para los sordomudos, con algunos de ellos forjando exitosas carreras en un momento artístico esplendoroso.
Da Vinci insistió en que las personas sordomudas podían “comprender cada accidente del cuerpo humano mejor que cualquiera que pueda hablar y oír”. El autor inglés Vincent Bourne dedicó un poema a Benjamin Ferrers que podemos extender a todos los artistas aquí mencionados. Escribió que la sordera le permitió dedicar toda su vida al “estudio silencioso del arte”.
Referencias:
Oates, R. 2022. The “silent study of art”: the deaf artist of the Tenaissance. historyextra.com.
Taranilla de la Varga, C. J. 2017. Breve historia del Renacimiento. Nowtilus.

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