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Esta mujer mató a cientos de niños durante la época victoriana

Amelia Dyer está considerada una de las asesinas en serie más crueles de la historia.

Un barquero navegaba por el río Támesis cuando rescató del agua un bulto extraño. Comenzó a abrir las capas de lino, periódico y papel que componían el paquete. El horror que debió sentir aquel hombre tuvo que ser atroz cuando vio el cuerpo de un bebé parcialmente descompuesto. Los detectives no tardaron mucho en descubrir que se trataba de Helen Fry, de unos pocos meses de vida. Había sido estrangulada con una cinta blanca que aún se mantenía anudada alrededor del cuello del cadáver cuando fue encontrado. En el paquete, aunque desgastada, los detectives pudieron descifrar un nombre y una dirección: la señora Thomas, del número 26 de Piggott’s Road, Caversham, un suburbio de la ciudad de Reading, al oeste de Londres. La pista les condujo a la mayor asesina en serie de la historia de Inglaterra.

Una vida trágica

Amelia Elizabeth Dyer nació en el año 1836 en Pile Mars, un pequeño pueblo al este de Bristol. Fue la menor de cinco hermanos a los que Samuel Hobley, un zapatero, y su mujer, Sarah, tuvieron pocas oportunidades que brindarles en el contexto de la Inglaterra victoriana. La infancia de Amelia podría haber sido pobre, pero feliz. En cambio, con apenas diez años tuvo que encargarse de cuidar a su madre y durante un lustro vio cómo la enfermedad del tifus acababa con ella. Erupciones en la piel, fiebres altas y dolores de cabeza que hacían que Sarah pasara por fases de delirios violentos. Amelia atendió a su madre hasta que la enfermedad se la llevó definitivamente, y a ella se unieron las muertes prematuras de dos hermanas, una a los seis años y otra con diez meses. La tragedia se cebaba con una familia más en la ya de por sí miseria reinante del período en los barrios pobres.
Ilustración de Amelia Dyer realizada por la policía. Wikimedia.

Amelia DyerIlustración de Amelia Dyer realizada por la policía. Wikimedia.

A sus 24 años, Amelia se casó con George Thomas y, dada la ocupación que mantuvo durante tanto tiempo en su niñez, decidió formarse como enfermera, pero pronto descubriría uno de esos negocios turbios que nacieron bajo el paraguas del puritanismo victoriano y que le permitiría llevar a cabo su cruel actividad: Amelia Dyer se lanzó al negocio de las “granjas de bebés”. En enero de 1896, el diario “Bristol Times & Mirror” mostraba un anuncio:
“Pareja casada sin familia adoptaría un niño sano para vivir en agradable hogar en el campo. Precio: 10 libras semanales. Señora Harling”.
Un anuncio de este tipo puede resultar un escándalo, pero la realidad es que sobre este mismo anuncio otra madre pagó para que el diario publicara:
“Busco mujer respetable para cuidar a un niño pequeño”.

''Granjas de bebés''

En la época victoriana, tener un bebé fuera del matrimonio era una de las mayores deshonras para una familia. Tanto era así que normalmente daban de lado a la joven que tenía un hijo bastardo fruto de un descuido o incluso de una violación. La nueva ley de pobres promulgada en 1834 pretendía ahorrar al estado inglés el gasto por mantener y ayudar a una multitud creciente de pobres. En este contexto, la justicia permitió una práctica generalizada por la que las madres se deshacían de sus bebés bastardos a cambio de una cuota o un pago único, lo cual generó un oscuro e inhumano negocio dedicado a la crianza de bebés repudiados.
La señora Harling del anuncio no era más que un pseudónimo de Amelia Dyer, que publicó decenas de reclamos de este tipo en los que se ofrecía como una mujer respetable que daría un hogar feliz a los niños adoptados. Las madres desesperadas caían en la trampa, pagaban entre diez y ochenta libras para que Dyer se encargara de fabricarle un mejor futuro a sus hijos. En cambio, Amelia cobraba por adelantado lo que terminaba siendo el asesinato de los niños.

Una crueldad inhumana

Por entonces era una práctica aceptada utilizar jarabes y licores para mantener tranquilos a los bebés o aliviarles algunos males. Morfina, láudano o heroína formaban parte de los ingredientes que Dyer suministraba a sus niños adoptados en forma de jarabes, solo que lo hacía en cantidades peligrosas hasta causar la muerte, bien por la propia droga, bien por inanición de un niño sedado hasta el punto de ser incapaz de llorar para reclamar comida. El negocio de Dyer no hizo más que crecer y algunos testimonios confirmaron que habían visto recibir en su casa incluso varios bebés en un mismo día. Desbordada por su clientela, Amelia comenzó a estrangular a los niños para acabar cuanto antes.
La alta mortalidad infantil de la época camufló las actividades de Amelia, pero las cifras alrededor de sus cuidados escapaban de lo normal. Los médicos que certificaban las defunciones de los niños la acusaron y en 1879 fue encarcelada durante seis meses por negligencia. Sin embargo, la asesina de niños no escarmentó, solo cambió sus métodos.

La mayor asesina de Reino Unido

Pasó a cobrar un pago único en vez de una cuota. Se dedicó a estrangular rápidamente a los bebés con una cinta blanca. Para evitar las sospechas de los médicos, dejó de lado los certificados de defunción y se limitó a enterrar los cadáveres ella misma o a tirarlos al río Támesis. Fue esta solución la que permitió a la justicia atrapar a Amelia.
Cuando los detectives acudieron a la dirección escrita en el paquete encontrado en el río, Amelia se había mudado de casa. En el domicilio hallaron montones de ropa de bebé, recibos de anuncios publicados por varios periódicos de todo el país y una cinta blanca idéntica a la que llevaba el cadáver de Helen Fry. Amelia Dyer fue arrestada unos días después en su nueva residencia y confesó sus crímenes. Encontraron otros seis cuerpos de bebés en el Támesis, todos con una cinta blanca en el cuello. El juicio duró unos escasos cinco minutos. Amelia Dyer fue ahorcada la mañana del 10 de junio de 1896 en la prisión de Newgate.
La condenaron por una docena de asesinatos confirmados, pero los detectives reconstruyeron los treinta años que Amelia se dedicó a realizar aquella terrible actividad y calcularon entre 200 y 300 víctimas, lo que la convierte en una de las asesinas más prolíficas de la historia.
Referencias:
Bukley, A. 2016. Amelia Dyer and the baby farm murders. Manor Vale Associates.
García, M. 2019. Amelia Dyer cuidará de tu bebé. miguelgarciavega.com.
Lee, S. 2017. Amelia Dyer: The Victorian nurse who strangled babies. bbc.com.
Serra, A. 2019. La abominable asesina de niños que mató al amparo de una increíble ley de la Inglaterra victoriana. infobae.com.

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