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Cuando los cordobeses conquistaron Creta

Exiliados de al-Ándalus crearon un emirato independiente en la isla que duró más de cien años.

Esta es la historia de cómo unos artesanos cordobeses acabaron controlando una isla en el Mediterráneo oriental. Fundaron su propia dinastía y un emirato independiente que logró prosperar durante más de un siglo a pesar de la situación geográfica tan delicada que ocupaban en medio de las dos grandes potencias del momento: Bizancio y el islam.
El Mediterráneo tenía un claro dueño en el siglo IV. El imperio bizantino era la mayor potencia y su hegemonía no fue discutida de manera convincente hasta el siglo VII. A partir de entonces tuvo en frente a un duro competidor: el imperio musulmán. A finales del siglo, el islam había conquistado todo el norte de África en un recorrido desde oriente hasta el mismísimo Atlántico. No dudaron en continuar la gesta y cruzaron el estrecho de Gibraltar con la idea de anexionar a su imperio unas tierras tan ricas en recursos y posibilidades como la península ibérica. En el año 710, el oficial Tariq y su ejército desembarcaron en la península y no tardaron en conquistar casi todo un territorio que pasó a denominarse al-Ándalus.

Rebeldes en Córdoba

Unas décadas después de la conquista, Córdoba se convirtió en la capital de un emirato independiente cuya prosperidad y legado cultural supone uno de los mayores tesoros del pasado ibérico. Los sucesos que nos interesan en este artículo tuvieron lugar durante el mandato del tercer emir de Córdoba, al-Hakam I.
Nos tenemos que remontar a inicios del siglo IX. El emir procuraba hacer frente a una crisis con una solución tan repetida en la historia como impopular entre la población: subida de impuestos. En un arrabal de Córdoba, al-Shaqunda, los ánimos no estaban precisamente calmados. Se trataba de un barrio de artesanos y comerciantes ubicado en la orilla sur del Guadalquivir. En sus talleres, no solo se fraguaban armas y ornamentos, también un alzamiento contra las políticas empleadas por el emirato. Las voces corrían con quejas por las mesas de la taberna y el lupanar. La rebeldía se palpaba en el ambiente y no tardó en explotar.
Un elemento que suele gustar mucho a los historiadores y más aún al gran público es el punto de inflexión que detona cualquier suceso histórico, como si se tratara del momento en el que tiene lugar un vuelco en la trama de cualquier película. En este caso (esta sería un thriller al parecer), ese punto se coloca en un asesinato. Un soldado de la guardia real del emir acabó con la vida de un artesano tras una discusión debido al descontento por el producto que había comprado. “El cliente siempre tiene la razón” llevado al extremo.
Se sucedieron entonces eventos que, si hoy día no siempre salen bien, imagina en pleno siglo IX. Al-Hakam volvía un día de cacería cuando se encontró una ruidosa manifestación alentada por los rabadíes (los del arrabal). Lejos de apaciguar la situación de manera sosegada, al-Hakam mandó sofocar aquello de inmediato y apresó a diez insurrectos. El enfrentamiento con la guardia del emir desató definitivamente la rebelión.

Expulsados de Córdoba

Al-Hakam respondió con más dureza aún y puso a funcionar su maquinaria militar para arrasar el arrabal al-Shaqunda:
“La ira y la soberbia del emir no dieron cuartel a los vencidos. Tres días duró la matanza. Calle por calle, casa por casa. Trescientos notables asesinados, y de no ser por las súplicas de un ministro, al-Hakam no hubiese dejado títere con cabeza”.
Los supervivientes fueron desterrados. Unas 20 000 familias expulsadas del emirato cordobés. Estos exiliados tomaron principalmente dos rumbos: algunas familias se asentaron en Fez, en el actual Marruecos, otras se hicieron a la mar en busca de recursos y, por qué no, otro lugar al que llamar hogar. La necesidad siempre fue el acicate principal para que alguien decidiese dedicarse a la piratería y el pillaje durante la edad media y los siglos modernos.
En el año 814, estos cordobeses navegaron por el mar blanco, tal y como los árabes conocían al Mediterráneo, y llevaron sus prácticas piratas por todo el norte de África. Es curioso como la diferencia entre un pirata y un marinero solo está en el punto de vista y aceptación o no de sus actividades por parte de una potencia política.

De Alejandría al emirato de Creta

En este periplo, los rabadíes llegaron a la ciudad de Alejandría, en el delta del Nilo. El enclave formaba parte del imperio controlado por la dinastía abasí, cuya capital se encontraba en Bagdad. Pero el califato estaba pasando por horas bajas debido a unas disputas por el poder desatadas tras la muerte de Harún al-Rashid. En Alejandría, unas tribus bereberes norteafricanas aprovecharon el contexto para disputarle el poder a los abásidas. Los exiliados de Córdoba se unieron a estos bereberes y lograron hacerse con el control de Alejandría.
Una década permaneció Alejandría como territorio independiente dentro del imperio abasí, hasta que el califa al-Mamún impuso su poder y obligó a los cordobeses a negociar una rendición. La negociación acabó en un pacto ingenioso: al-Mamún les permitió abandonar la ciudad sin sufrir daños y les alentó a que se establecieran en Creta, que formaba parte del imperio bizantino. La jugada podía ser redonda para los intereses musulmanes.
Mapa con los territorios controlados por el emirato de Creta hacia el siglo X. Wikimedia.

Mapa emirato CretaMapa con los territorios controlados por el emirato de Creta hacia el siglo X. Wikimedia.

Desde Alejandría, los cordobeses volvían a ser expulsados y sus 40 galeras pusieron rumbo a Creta. De nuevo, su osadía fue recompensada con un contexto favorable. El trono de Bizancio estaba en disputa por una rebelión orquestada por Tomás el Eslavo contra el emperador Miguel II. Así que en 820 los cordobeses lograron conquistar a una Creta desprotegida. Colocaron su capital en el promontorio de Khandaq y mantuvieron el poder de la isla durante más de un siglo. Según al-Nuwari, un historiador egipcio del siglo XIV:
“Los emigrantes cordobeses cultivaron la isla, proclamaron como rey a uno de ellos, armaron cuarenta barcos e infectaron con sus correrías todas las islas próximas a Constantinopla”.
No fue hasta el año 960 cuando el general bizantino Nicéforo Focas (futuro emperador) logró reconquistar la isla de Creta. Necesitó una de las mayores flotas de la historia de Bizancio y diez meses de asedio a la isla. La historia de aquellos cordobeses exiliados terminó tal y como empezó: con una matanza seguida del saqueo y destrucción de Creta con la idea de eliminar cualquier rastro musulmán.
Referencias:
Huertas, M. 2017. Piratas cordobeses conquistan Creta. Andalucía en la historia 55, 48-51. ISSN 1695-1956.
Sanz, J. 2019. Cuando los cordobeses ocuparon Alejandría y fundaron una dinastía en Creta. historiasdelahistoria.com.

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