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Métodos de espionaje que se utilizaban en el pasado

Así actuaría 007 si hubiera nacido en la antigua Grecia

Mensajes encriptados y ocultos, chivatazos oportunos, y las formas más sesudas de pasar información confidencial forman parte de la estrategia de guerra desde siempre. Captar información valiosa y hacerla llegar a las manos correctas sin que nadie más intercepte el mensaje ha sido uno de los retos en los que la humanidad ha puesto más creatividad. Los espías y sus métodos existen desde que la política y la guerra forman parte de la vida humana y en estas actividades los griegos antiguos fueron muy ingeniosos.
Cuando hablamos de  espías lo habitual es que pensemos en algo parecido a James Bond. Es decir, el modelo de espía de la Guerra Fría, que tanto material de primera ha generado al cine, las novelas y los videojuegos. Un señor atractivo, con un físico envidiable, que se mueve a la perfección tanto en momentos de acción como en encuentros sociales, siempre bajo un traje a medida que le sienta como para ponerlo de maniquí en un escaparate. Como decimos, puede que sean los espías más famosos, pero no son los únicos de la historia.
Los lectores más gamers seguro que conocerán el Rome, un videojuego de estrategia militar ambientado en el Mediterráneo antiguo. En el juego podías elegir la facción que quisieras y una de las herramientas que tenías era la de usar un espía para obtener información del enemigo. Nada más cercano a la realidad.
Está claro que la manera más directa y sencilla de traspasar información confidencial es a través de la comunicación oral. Pero a veces existían barreras geográficas, militares, físicas o simplemente no había nadie de total confianza, por lo que había que recurrir a otros métodos. Es entonces cuando entra en juego la esteganografía (el estudio y aplicación de la escritura oculta) y la criptografía (por la que se llevan a cabo códigos secretos).

Agente Eneas

Contamos con un autor destacado en estos métodos: Eneas el Tácito. Este 007 de la antigua Grecia fue el primer griego en escribir sobre el arte de la guerra. En el siglo IV a.C. publicó su obra, Poliorcética, y en ella tenemos una sección dedicada a curiosos métodos de transmisión de información secreta. Se podía llenar una vejiga y escribir en ella un mensaje que quedaba oculto al desinflarse, teniendo que volver a llenarla para poder leer el texto. Escribir el mensaje en pequeñas láminas de plomo que se pudieran enrollar y colgarlas en las orejas de las mujeres como pendientes (ya veis que el espionaje y la moda tienen buena relación desde siempre). Eneas también proponía escribir la información en el interior de las vendas utilizadas para las heridas. Y, entre los clásicos, está el uso de animales como las palomas mensajeras o perros que portaran el mensaje cosido a la correa.
Los métodos eran un poco más sofisticados cuando no se contaba con nadie de confianza que pudiera llevar el mensaje. Eneas cuenta que podían enviar un mensajero con información intrascendente, pero antes de que partiera, introducir a escondidas el mensaje importante en la suela de sus sandalias. O, directamente, pasar a la encriptación del mensaje utilizando, por ejemplo, puntos en vez de vocales.
Pero cualquiera podía improvisar estos métodos en poco tiempo. Aunque no contaran con paracaídas y bolígrafos con cápsulas de cianuro dentro, en la antigüedad no fueron tan simples.

La escítala y otros gadgets

Una de las herramientas de espionaje más conocidas en la escítala laconia. El método consistía en enrollar un papel alrededor de una escítala (un palo, vaya) y se escribía el mensaje. El destinatario del mensaje tenía una escítala del mismo grosor y longitud para poder envolverla con el papel que recibía y así coincidieran las palabras para poder leer el mensaje. Para las barreras impuestas por la distancia, se experimentó con la antorcha hidráulica. Era un sistema por el que emisor y destinatario ya tenían un código propio con mensajes útiles. En un recipiente colocaban un corcho sosteniendo una antorcha, y se llenaba o vaciaba de agua haciendo subir o bajar la señal lumínica. Según la altura a la que estaba la antorcha el receptor sabía qué información le indicaba el emisor.
No es todo, no, hay métodos aún más llamativos. Los espartanos se enteraron de la invasión persa del 480 a.C. gracias a la astucia de Demarato. Los griegos tenían tablillas de cera en las que podían escribir y borrar tantas veces como quisieran. Demarato retiró toda la cera de una tablilla y raspó su mensaje sobre la madera, que volvió a cubrir con cera para ocultar su letra. Hárpago fue un noble medo que, vestido de cazador, le llevó una liebre a Ciro I. Le dijo que debía desollarla él en persona y, al hacerlo, Ciro encontró un mensaje en las tripas del animal, sabiendo que Hárpago lo apoyaría si atacaba a los medos.

Tatuado en la piel

Pero creo que tenemos un ganador.  Heródoto cuenta que en las preparaciones que las ciudades jonias estaban llevando a cabo para rebelarse contra los persas, Histieo de Mileto espiaba de incógnito en territorio persa. Debía informar a su compatriota Aristágoras para que el alzamiento jonio tuviera éxito, pero la vigilancia de los persas era extrema. Histieo afeitó la cabeza de uno de sus esclavos y le tatuó el mensaje el cuero cabelludo. Esperó a que le creciera el pelo para que el mensaje quedara oculto y envió su esclavo a Mileto, donde fue afeitado para que Aristágoras leyera el mensaje. El método era perfecto: solucionó las barreras geográficas, militares y el problema de hallar la persona de confianza con un solo método y paciencia; el esclavo no podía conocer el mensaje, por lo que ni siendo torturado podría revelar la información.
Referencias:

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