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5 objetos históricos que se consideran malditos

Espadas sedientas de sangre, joyas malditas y momias egipcias: te presentamos 5 de los objetos malditos más espeluznantes.

La literatura y el cine nos ofrecen periódicamente un amplio repertorio de objetos malditos. Tenemos ejemplos en el Anillo Único que Sauron mandó forjar para dominar al mundo, la espada Tyrfing de la mitología nórdica, que siembra la violencia y el terror cada vez que se desenvaina, o el botón embrujado de la película “Arrástrame al infierno”.
La historia también está plagada de objetos sobre los que pesa la leyenda de una maldición y la mayoría de ellos pueden visitarse en museos y áreas arqueológicas. Algunas de esas piezas fueron maldecidas ya en la antigüedad: es el caso de las defixiones o láminas de maldición, de las muñecas vudú romanas o de los libros medievales sobre los que se escribía un texto de maldición para protegerlos de los robos.
A otros objetos de valor histórico se les ha atribuido un aura maligna en época más o menos reciente, en especial cuando se ha tratado de objetos religiosos, restos humanos o repertorios procedentes de tumbas. En estos casos, la percepción de que un objeto está maldito se relaciona con la violación de lugares sagrados, el expolio y la apropiación indebida de objetos de valor  simbólico, material o cultural. El objeto maldito, por tanto, podría tomarse como la expresión física de la mala conciencia.
Te presentamos cinco objetos históricos que tienen fama de estar malditos.
El diamante Hope. Imagen: Wikicommons

Diamante HopeEl diamante Hope. Imagen: Wikicommons

1. La momia de la mala suerte
El Museo Británico ha rebautizado esta tapa del sarcófago de una sacerdotisa devota de Amen-Ra como “Unlucky mummy”, la momia funesta. Llegó desde Egipto a Inglaterra de la mano de cuatro estudiantes de Oxford en 1868. Según se dice, la maldición se activó al momento y dos de ellos murieron durante el viaje. No fueron las únicas víctimas: fotógrafos, periodistas y porteadores también fallecieron tras entrar en contacto con el objeto.
A principios del siglo XX, la tapa entró a formar parte de los fondos del Museo Británico, donde todavía se conserva. Un rumor le atribuye el hundimiento del Titanic (las malas lenguas sostienen que el Museo Británico habría intentado deshacerse de ella enviándola a los Estados Unidos), así como el naufragio de otra nave, la Empress of Ireland, que la habría llevado de vuelta a Inglaterra.
La piedra rúnica de Björketorp. Imagen: Wikicommons

Piedra BjörketorpLa piedra rúnica de Björketorp. Imagen: Wikicommons

2. El diamante Hope
Es una entre muchas otras joyas con mala fama, como el Koh-i-Noor y el Black Orlov u Ojo de Brahma, pero este pedrusco puede presumir de ser el mayor diamante azul del mundo. Se dice que el Hope fue arrancado del ojo de una estatua hindú, aunque la realidad es menos exótica: a mediados del siglo XVII, el comerciante Jean-Baptiste Tavernier lo compró durante un viaje a las minas de Kollur y se lo vendió al monarca Luis XIV.
La historia del objeto está repleta de catástrofes: entre otras cosas, se lo acusa de la muerte de María Antonieta y de la Revolución Francesa. Tras varias peripecias, pasó a manos de la familia de banqueros de los Hope, de donde toma su nombre actual. Se afirma que la bancarrota y los problemas financieros que hundieron a la familia se deben al diamante, como también fue la piedra la que, se afirma, sembró la desgracia en la vida del siguiente propietario de la joya, el sultán de Turquía.
Sin embargo, la leyenda de la maldición se debe a una estrategia publicitaria creada por el joyero Pierre Cartier para vender su joya en un momento en el que los diamantes de procedencia africana habían contribuido a reducir el precio de las piedras. Fascinados por el exotismo del diamante y su presunta historia sobrenatural, lo compraron los cónyuges McLean. Curiosamente, la tragedia marcó sus vidas: uno de sus hijos murió atropellado, otro se suicidó, la pareja se divorció y el marido ingresó en un hospital psiquiátrico.
Muñeca vudú griega, Museo del Louvre. Imagen: Wikicommons

Muñeca vudúMuñeca vudú griega, Museo del Louvre. Imagen: Wikicommons

3. La piedra rúnica de Björketorp.
Este menhir se encuentra en las costas bálticas de Blekinge, Suecia, en una necrópolis en las que se emplazan otras piedras hincadas. Fue realizada en torno al siglo V d.C. y cuenta con una inscripción en nórdico antiguo estremecedora. La terrible maldición que se labró sobre la piedra dice así: “Yo, señor de las runas, oculto aquí runas poderosas. Quien destruya este monumento, será perseguido sin cesar por la maldad, maldecido con una muerte insidiosa. Auguro destrucción”. Su función es un misterio. Se cree que podría haber sido un marcador territorial o un monumento de protección del área sacra, pero bajo la piedra no hay ninguna tumba
Imagen: Wikicommons

Asesinato cortesanaImagen: Wikicommons

4. Muñecas vudú grecolatinas
Fabricadas en plomo, bronce, cerámica o cera, las efigies o muñecas vudú se han encontrado en las áreas de influencia griega y romana, desde Ática, Creta y Germania hasta Italia, Egipto y Palestina. Solían utilizarse para lanzar maldiciones contra los enemigos o para doblegar la voluntad de las personas. En ocasiones, como sucede con la muñeca vudú de Mnesimachos, se inscribía sobre la muñeca el nombre de la persona contra la que se lanza la maldición (el nombre Mnesimachus aparece inscrito en la pierna derecha de la efigie) y se depositaba la imagen dentro de un pequeño ataúd que se enterraba en una tumba. Las muñecas también se podían romper, un claro ejemplo de la voluntad de destruir a la persona contra la que se lanzaba la maldición.
5. Las espadas Muramasa
Sengo Muramasa fue un espadero japonés en activo durante el siglo XIV o XV sobre el que planea una persistente leyenda negra. Fundador de una escuela y famoso por la calidad de sus katanas, se dice que había realizado algún tipo de pacto con entidades sobrenaturales para conseguir fabricar armas perfectas. Como contrapartida, las katanas exigían un sacrificio cruento. Una vez desenvainadas, su furia y violencia solo se aplacaba con un baño de sangre. Existe la leyenda de que el shogun Ieyasu Tokugawa prohibió las espadas Muramasa, pues creía que atraían la muerte. Muchos miembros de su familia habían perecido bajo el filo de una katana Muramasa. Algunas de estas espadas se conservan en instituciones como el Museo Nacional de Tokio.
Referencias
Faraone, C. A. 1991. Binding and Burying the Forces of Evil: The Defensive Use of "Voodoo Dolls" in Ancient Greece. Classical Antiquity, 10(2): 165-205, 207-220. DOI: https://doi.org/10.2307/25010949
Kurin, R. 2017. Hope Diamond: The Legendary History of a Cursed Gem. Washington:Smithsonian Books.
Ocker, J. W. 2020. Cursed Objects. Strange but True Stories of the World's Most Infamous Items. Filadelfia: Quirk Books.

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