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Los siete magnicidios anarquistas que cambiaron el mundo

Entre 1875 y 1914 los atentados anarquistas acabaron con dos presidentes del Gobierno en España, otro en Estados Unidos, un rey de Italia, un presidente de Francia y una emperatriz austro-húngara

Los magnicidios anarquistas de finales del siglo XIX sacudieron la política europea. Entre 1875 y 1914 los atentados anarquistas acabaron con dos presidentes del Gobierno en España, otro en Estados Unidos, un rey de Italia, un presidente de Francia y una emperatriz austro-húngara. Por el camino dejaron un numeroso número de intentos fallidos. Solo entre mayo de 1878 y diciembre de 1879 intentaron asesinar dos veces al rey de España, Alfonso XII, otras dos al kaiser Guillermo I, y otra contra el rey Umberto I de Italia.
A pesar de que el anarquismo, exceptuando casos como el de España, siempre fue un movimiento minoritario, sus atentados tuvieron una trascendencia colosal. Desde finales de la década de 1870, en los ambientes anarquistas se había extendido la idea de “la propaganda por el hecho”. La mejor manera de que su mensaje llegara a todas las capas de la sociedad sería a través de hechos impactantes. Al principio, la “propaganda por el hecho” se refería sobre todo a la insurrección, pero pronto se llegó a la conclusión de que los atentados también tendrían una finalidad propagandística. El magnicida se convertía en un mártir en un ejemplo a seguir, un héroe que había entregado su vida por el ideal libertario.
La presidencia francesa fue la primera en padecer uno de estos ataques. En junio de 1894, el presidente galo Marie François Sadi Carnot, a la salida de un banquete de Lyon y se dirigía hacia una representación teatral. El presidente no quiso que le escoltaran para que la gente se pudiera acercar. El anarquista italiano de 19 años, Sante Geronimo Caserio, aprovechó el momento y le clavó un puñal de 16 cm en el abdomen. La cuchillada seccionó la vena porta, dañándole el hígado y provocándole la muerte unas horas más tarde. Caserio sería guillotinado un mes después antes de cumplir los 20 años.
Tres años más tarde, el presidente español Antonio Cánovas del Castillo correría la misma suerte mientras disfrutaba de unos días de descanso en un balneario. El jefe de Gobierno leía los periódicos en un banco, cuando Michele Angiolillo acabó con su vida con tres disparos de revólver. El anarquista fue ejecutado por garrote vil dos meses después del atentado.
Otra de las víctimas de los atentados anarquista fue la glamurosa Sisi. La emperatriz del Imperio Austrohúngaro paseaba por el lago Lemán en Suiza, y fue atacada por un hombre cuando estaba a punto subir a un barco. Sisi embarcó y en un primer momento pensó que solo tenía heridas superficiales, pero pronto se desmayó. Cuando le desabrocharon el corsé descubrieron la gravedad de la herida. El anarquista Luigi Lucheni, de 25 años le había incrustado una lima de carpintero en el corazón. Aquel mismo día, Sisi moría y Lucheni era condenado a cadena perpetua, puesto que fue juzgado en Suiza y no existía la pena de muerte.
Humberto I de Italia 1900
En julio de 1900, Gaetano Bresci descerrajó tres disparos al rey de Humberto I de Saboya en una competición deportiva en Monza. El rey resultó herido en hombro, pulmón y corazón y falleció casi al instante. El asesino fue condenado a cadena perpetua, pero en menos de un año apareció muerto en prisión. Se desconoce si por suicidio o asesinado por los guardias.
El anterior atentado inspiró a Leon Czolgosz un anarquista estadounidense que acabó con la vida del presidente norteamericano William Mckinley, que sobrevivió a la Guerra de Secesión de Estados Unidos, pero no a los dos balazos que Czolgosz le disparó a quemarropa. El presidente asistía en septiembre de 1901 a la celebración de una feria en el Palacio de la Música de Buffalo. El anarquista se acercó a él, le estrechó la mano, al tiempo que con la otra le disparaba dos tiros en el abdomen. El anarquista había escondido su revólver bajo un pañuelo. Mckinley fue operado de inmediato y aunque parecía haberse recuperado, ocho días después murió debido a una gangrena. Czolgosz sería ejecutado en la silla eléctrica.
Quince años después del asesinato del presidente Cánovas del Castillo, el anarquismo volvió a atentar contra otro presidente del Gobierno español. El 12 de noviembre de 1912 el presidente José Canalejas estaba mirando el escaparate de la librería San Martín en el centro de Madrid cuando recibió un disparo en la cabeza. El anarquista Manuel Pardiñas trató de huir, pero se vio acorralado por los policías que escoltaban al presidente y se suicidó a unos pocos metros de su víctima.
Referencias bibliográficas:

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