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Mujeres trabajadoras de hace 4000 años: una entrevista a Agnès Garcia-Ventura

Conversamos sobre Mesopotamia antigua y estudios de género con la investigadora Agnès Garcia-Ventura.

Agnès Garcia-Ventura es investigadora Ramón y Cajal en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universitat Autònoma de Barcelona. Especialista en la historia de Mesopotamia y del Próximo Oriente Antiguo, cuenta con una trayectoria de investigación brillante que le ha servido para sacar a la luz las vidas de las trabajadoras de la antigüedad. En esta entrevista para Muy Historia, Garcia-Ventura comparte sus inicios en el mundo académico, sus perspectivas en los estudios de género y sus proyectos presentes y futuros.
Comencemos con una pregunta general. ¿Qué nos enseña la Mesopotamia antigua sobre las mujeres? ¿Existen falsos mitos al respecto que hayamos asumido como ciertos?
¡Muchas cosas! A menudo tenemos la idea de que las fuentes antiguas que permiten estudiar las mujeres son demasiado escasas, pero no es exactamente así. Cierto es que en las fuentes escritas se privilegian ciertas personas (hombres, de clase alta, adultos) pero también es cierto que ofrecen mucha información para estudiar muchas otras personas. En cuanto a las mujeres, nos podemos aproximar tanto reinas y mujeres de las elites, como a trabajadoras dependientes o prisioneras de guerra. Gracias a ello sabemos que hubo mujeres que gestionaron negocios familiares, que ostentaron el poder político, que cultivaron el intelecto o las artes musicales, o que cobraron por producir tejidos o por moler grano. Todo ello nos permite atisbar cuán diversas fueron las vidas de las mujeres, como lo fueron las de los hombres, en función de su estatus, de su formación, de su edad. 
Esto nos lleva por lo tanto a desmontar varios falsos mitos, apunto dos. El primero que, como apuntaba inicialmente, no tenemos suficiente información para aproximarnos a las mujeres. Sí la tenemos, ¡sólo hay que buscarla! El segundo: que todas las mujeres estuvieron en la misma situación. De ninguna manera: no podemos hablar de «las mujeres de Mesopotamia» como si fueran un colectivo homogéneo. Hay que estudiarlas en su diversidad
Imagen: ©Agnès Garcia-Ventura

Agnès Garcia-VenturaImagen: ©Agnès Garcia-Ventura

¿Cómo llegaste a la asiriología? ¿Y a los estudios de género?
Hubo un componente de decisión, otro de azar. Cuando me planteé hacia el año 2000 emprender el camino de una tesis doctoral, tenía interés por la historia antigua y por la escritura cuneiforme, que había descubierto durante el grado (entonces licenciatura) gracias a un cursillo breve de Joaquín Sanmartín. Encontré unos cursos de máster y doctorado en la Universitat Pompeu Fabra que incluían Mesopotamia, y me apunté. Una vez matriculada, se hizo evidente que el conocimiento de las lenguas proximorientales era fundamental, por lo que me apunté, con la colega Érica Couto, al máster de asiriología que ofrecía la Universitat de Barcelona. ¡Fueron unos años de mucho trabajo de lectura, de traducción y de perplejidad por la complejidad de la escritura cuneiforme... y sobre todo de la lengua sumeria!
Al mismo tiempo, para solicitar una beca predoctoral, era necesario elegir tema y dirección de tesis. Viendo mis intereses, me recomendaron uno de los profesores visitantes que en aquel momento impartía docencia en ambos programas de máster: el gran sumerólogo Miquel Civil. Civil había desarrollado toda su carrera en el prestigioso Oriental Institute de la universidad de Chicago y, a su jubilación, empezó a impartir algunos cursos en Barcelona. Tuvimos, por lo tanto, la suerte y el privilegio de que él pasara por allí.
Cuando nos sentamos a hablar de la tesis, le dije que me interesaba algún tema relacionado con las mujeres, y Civil me sugirió centrarme en los textos administrativos de finales del tercer milenio a.n.e. que trataban de centenares de mujeres asalariadas en el sector textil. Para ahondar en estos textos, empecé a trabajar no solo la historia de las mujeres, que fue mi primera motivación, sino también la perspectiva de género, que descubrí en buena parte gracias a la co-dirección de la tesis de Marina Picazo, referente de los estudios de género que también impartía docencia en el máster de la Pompeu Fabra.
Imagen: Wikicommons

Escultura MesopotamiaImagen: Wikicommons

Eres una mujer trabajadora que estudia a las mujeres trabajadoras del pasado. ¿Cómo dialogan el pasado y el presente en tu investigación? ¿Influye la situación social, económica y laboral contemporánea en el modo en el que, como estudiosa, te aproximas al pasado?
Como apuntaba a partir de la pregunta anterior sí, desde luego, ¡influye mucho! Como bien planteas, me aproximé a las mujeres trabajadoras de pasado como mujer trabajadora yo misma. Admito que hablar de mujeres trabajadoras del pasado es un anacronismo, en cierto modo, pero me parece necesario por dos motivos.
En primer lugar, para visibilizar a las mujeres del pasado no solo como madres, esposas e hijas, sino también como agentes que realizan trabajos retribuidos, como creadoras, como emprendedoras. Esto me parece importante para no reiterar discursos que afirman que la incorporación de las mujeres al mundo laboral es reciente... ¡las mujeres siempre hemos trabajado, cobrando o no!
En segundo lugar, desde los estudios de género se ha puesto énfasis en la necesidad de crear genealogías de mujeres. Estas genealogías permiten ver que no solo los hombres, sino también las mujeres, pueden referentes en distintos ámbitos. Tener referentes es fundamental para reducir las desigualdades entre hombres y mujeres. Por lo tanto, para mi uno de los vínculos más claros entre pasado y presente en mi investigación es que el interés de la misma no es solo el conocimiento de las mujeres del pasado, que también, sino ofrecer datos y fuentes que permitan desnaturalizar las desigualdades que sufren y sufrimos las mujeres del presente.
Imagen: Wikicommons

Cabeza MesopotamiaImagen: Wikicommons

¿Cómo ves la situación actual de las investigadoras y académicas universitarias?
¡Esta es una pregunta difícil! Para responder me remito a los informes «Científicas en cifras» del Ministerio de Ciencia e Innovación (se publicó el último en 2021, puede consultarse aquí). En ellos se analiza la presencia de hombres y de mujeres en los grados, en los posgrados, en los doctorados, en los contratos predoctorales y posdoctorales, y también en los distintos puestos a los que se puede acceder, mediante concurso, al cuerpo de personal investigador y docente de las universidades, los cargos de dirección y gestión (dirección de departamento, rectorado, etc). En el último informe vemos que hay más mujeres que hombres que cursan grados y cursos de doctorado. Las proporciones son similares en primeros contratos de investigación y contratos temporales (con ligeras variaciones en función de la disciplina), en los que, respecto a la formación inicial, por lo tanto, ya habría más hombres que mujeres.
El desequilibrio se evidencia cuando miramos profesorado fijo con la más alta categoría profesional (cátedra). En 2019, con los datos más recientes que recopila el informe, solo el 24% de los puestos de cátedra eran ocupados por mujeres. Si nos fijamos en los órganos de gobierno de las universidades, en 2020 había un 23% de rectoras, frente a un 42% de vicerectoras. Esta proporción creo que también es elocuente.
¿Qué es lo que todavía queda por hacer en el terreno de los derechos y las oportunidades laborales de las mujeres en la universidad?
Lo que queda por hacer, entre otras cosas, es garantizar sistemas de evaluación y acceso a estos puestos más altos menos basados en redes de contactos que, en según qué niveles, siguen siendo muy masculinas. Además, sigue habiendo para muchas mujeres la necesidad de decidir entre familia y trabajo académico. Esto no sucede en el caso de muchos hombres que, por ese mismo motivo, en algunos niveles de la carrera académica, acaban siendo más competitivos. 
Imagen: Wikicommons

Estatua sumeriaImagen: Wikicommons

Y ya para terminar, ¿cuáles son los proyectos de investigación en los que estás trabajando actualmente?
Como de costumbre, tengo proyectos muy diversos entre manos. Os destaco tres principales líneas de investigación que me ocupan ahora mismo y que serán las prioritarias en los próximos años. En primer lugar, me interesa mucho analizar cuáles son los estereotipos de género que reproducimos en la investigación. En este sentido, me he ocupado últimamente de ver cómo se estudia la prostitución en los estudios históricos.
En segundo lugar, me interesa el uso de las mujeres del pasado como ejemplos para la educación de las mujeres en el mundo contemporáneo, sobre todo en los siglos XIX y XX.
En tercer lugar, me ocupo de la historia de los estudios proximorientales en la Península Ibérica, con un foco especial en las copias artísticas de piezas mesopotámicas que llegaron a algunos museos a finales del siglo XIX e inicios del siglo XX. Este último tema no parece tener relación con las mujeres... pero observar su ausencia, tanto como gestoras de estos museos, como en las piezas de las que se encargaban copias, también es algo elocuente que me propongo analizar. 

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