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Emmeline Pankhurst, la activista incombustible que luchó por el sufragio femenino

La editorial Capitán Swing publica Mi historia, las vibrantes memorias políticas de la sufragista Emmeline Pankhurst.

Emmeline Pankhurst (1858-1928) fue una de las figuras clave en el movimiento británico por el derecho al voto de las mujeres. Publicó Mi historia, su autobiografía, en 1914. Ahora, y gracias a la traducción de Gloria Fortún para la editorial Capitán Swing, podemos leerla en español.

Las mujeres, en casa

Imagen: Wikicommons

Emmeline PankhurstImagen: Wikicommons

Mi historia nos permite conocer de primera mano las vicisitudes de una mujer que, junto a muchas otras sufragistas, se debatió por el voto femenino en Gran Bretaña. Pankhurst nació en el seno de una familia acomodada con intereses sociales, políticos y humanitarios (su familia se opuso activamente, por ejemplo, al esclavismo). Sin embargo, descubrió muy pronto que su pertenencia al llamado «género femenino» era considerado un lastre y una deficiencia. En sus memorias recuerda la frase pronunciada por su padre al verla intelectualmente capaz, pero castrada por su condición mujer: «¡Qué lástima que no sea un chico!».
Las pruebas de ese menoscabo sistemático de las mujeres están presentes en todo el libro y Pankhurst las relata con claridad y contundencia. Es una desigualdad de género que, aunque se ceba con mayor ferocidad entre los sectores más humildes, afecta a las mujeres de todas las clases sociales. Así, durante su labor como voluntaria en los hospicios y como guardiana de la Ley de Pobres, Emmeline Pankhurst fue testimonio del estigma que sufrían las menores embarazadas, de cómo cargaban con una culpa social mientras los varones permanecían impunes, del desprecio a la infancia y la incuria hacia los mayores.
La educación de las mujeres no se consideraba algo esencial y, en las partidas de dinero que recibían los consejos escolares, no se destinaba un céntimo a crear programas educativos para ellas. Pankhurst fue consciente de que su pertenencia a una minoría de clase media-alta suponía un privilegio, pero en su larga carrera como activista, aprendió que las alianzas con otras mujeres de extracciones sociales diversas podían acrecentar la fuerza del movimiento.

El derecho al voto se combate en la calle

Imagen: Wikicommons

Huelga cerillerasImagen: Wikicommons

El testimonio de la época que ofrece Pankhurst está lejos de ofrecer una visión edulcorada de la lucha por el sufragio. Este combate no se realizó en despachos ni en salones en torno al calor de las chimeneas y las teteras humeantes, sino que bajó a la calle y se ensució las manos. Las sufragistas se enfrentaron a una oposición constante en la cámara de los comunes del parlamento inglés. Los parlamentarios, todos ellos hombres, no solo se negaron sistemáticamente a aceptar las reformas de ley del voto que proponían las sufragistas, sino que las despreciaron mediante burlas, insultos y luz de gas. El hecho de que los representantes del Partido Liberal en los que confiaban para lograr el voto femenino les dieran la espalda empujó a Emmeline y sus compañeras a buscar otros mecanismos para lograr el cambio.
Puesto que los mecanismos de la acción política tradicional les estaban vetados, las sufragistas adoptaron otros medios de acción. Las activistas más experimentadas se aliaron con las nuevas generaciones, y las mujeres de las elites intelectuales, como la propia Pankhurst, se unieron con las trabajadoras proletarias que protestaban por sus condiciones laborales. Amparándose en el lema «Hechos, no palabras», actuaron en la calle, como ya lo habían hecho las mujeres trabajadoras de la fábrica de cerillas londinense Bryant & May en la década de los 80. Las mujeres proletarias habían hecho huelgas para protestar por las condiciones de trabajo duras, la insalubridad de las fábricas y el riesgo de padecer fosfonecrosis por la continua exposición al fósforo que se utilizaba en la elaboración de cerillas. Ahora era necesario aplicar este sistema de revuelta para lograr el derecho al sufragio.

La colaboración como punto de fuerza

Imagen: Wikicommons

Sufragistas británicasImagen: Wikicommons

Bajo el paraguas de la Unión Social y Política de las Mujeres, la agrupación que Pankhurst fundó en 1903 con el solo objetivo de conquistar el derecho al voto para las mujeres, se puso manos a la obra. En los capítulos en los que desgrana este nuevo giro de la lucha por el sufragio, Emmeline Pankhurst dedica especial atención a la figura de Annie Kenney. Kenney, trabajadora de fábrica, propuso una acción a pie de calle con mítines y asambleas en ferias, plazas y auditorios, el reparto de panfletos y la acción directa en los edificios parlamentarios y contra aquellos políticos que, como Winston Churchill, se oponían al derecho al voto femenino.
La lucha por el voto fue, como afirma Emmeline Pankhurst en sus memorias, una guerra real que se desarrollaba en las calles. En sus protestas y reacciones contra el boicot sistemático al sufragio femenino, las mujeres sufrieron represión y brutalidad: agresiones físicas por parte de la policía, arrestos y estancias en prisión. Annie Kenney y Christabel Pankhurst, la hija de Emmeline, pasaron varios días en la cárcel. Este hecho creó una fuerte opinión pública que incentivó la afiliación de las mujeres a las agrupaciones sufragistas y puso contra las cuerdas a los partidos políticos.
En definitiva, Mi historia permite entender mejor lo que significó la lucha por el derecho al voto y los escollos a los que tuvieron que enfrentarse las sufragistas, pero también muestra las estructuras socioculturales que permitieron el mantenimiento de un orden injusto y desigual. La autobiografía de Emmeline Pankhust supone un documento histórico esencial para comprender el feminismo y la historia política reciente, los derechos que se han conquistado y lo que todavía queda por hacer.
Referencias
Pankhurst, E. 2022. Mi historia. Traducción de Gloria Fortún. Madrid: Capitán Swing.

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