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¿Y si la India no se hubiera partido al independizarse del Reino Unido?

Lanzamos nuestras hipótesis sobre lo que hubiera ocurrido si India se hubiera mantenido unida e independiente, tal y como deseaba Mahatma Gandhi.

A lo largo de los siglos XVII y XVIII, la Compañía Inglesa de las Indias Orientales conquistó amplias regiones del subcontinente asiático que comprendían los actuales territorios de India, Pakistán, Tíbet, Bangladés y Ceilán (Sri Lanka). Entre 1858 y 1947, el Raj colonial británico administró su Joya de la Corona con disciplina, mano dura y condescendencia racista. Hacia el final de la Primera Guerra Mundial, empezó a fraguarse entre las clases ilustradas urbanas un difuso rencor que cuajó en un poderoso sentimiento independentista. El Partido del Congreso, nacionalista hindú, le confirió entidad política, y el liderazgo carismático de Mahatma Gandhi le aportó sustancia moral. Con sus acciones de protesta no violenta y desobediencia civil, Gandhi sedujo a gran parte de la población, tradicionalmente dividida entre hinduistas, musulmanes y sijs.
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Durante la Segunda Guerra Mundial, Gran Bretaña consiguió reclutar para el bando aliado a dos millones de combatientes indios que, como contrapartida y por boca de sus representantes políticos, el Congreso y la Liga Musulmana, exigieron autonomía a Churchill. Su respuesta: “Primero hay que ganar la guerra contra Alemania y Japón”. Su sucesor, el laborista Clement Atlee, autorizó la creación de una Asamblea Constituyente y de un gobierno de transición indio bajo el liderazgo de Jawaharlal Nehru. En agosto de 1947, tras meses de disturbios y enfrentamientos sangrientos entre musulmanes e hindúes –que provocaron decenas de miles de muertos–, Londres decidió dividir la India en dos dominios separados: la Unión India, en la Península del Indostán, con mayoría aplastante de población hindú, y Pakistán, en las regiones de Punjab y Bengala, básicamente musulmanas. Gandhi se opuso firmemente al fraccionamiento del país, que solo deseaban la Liga y el Congreso, pero fue asesinado por un nacionalista radical hindú a principios de 1948 sin conseguir su sueño de una India independiente y unida.
La partición y el trazado acelerado de fronteras pareció entonces la única forma de evitar una guerra civil. El último virrey de la India, Lord Mountbatten, pariente de la reina Isabel, salió precipitadamente hacia la metrópoli y dejó un inmenso vacío de poder que causó medio millón de muertos, principalmente musulmanes, y tres guerras civiles.
¿Habría podido evitarse semejante baño de sangre? ¿Qué habría sucedido si el gran país de los maharajás y los nababs no hubiera acabado partido en dos?

Un magnífico país

Una India unida sería hoy el país más poblado del mundo (1.780 millones de habitantes), con un Producto Interior Bruto solo superado por Estados Unidos. El gasto gigantesco en Defensa que hoy consume los recursos de India y Pakistán –enemigos desde la misma medianoche de su nacimiento– podría reducirse drásticamente y las prioridades presupuestarias desviarse hacia la educación y la sanidad. Millones de refugiados y reubicados habrían podido seguir en los hogares de sus antepasados y Bangladés nunca habría existido. Muchas vidas se habrían salvado.
Mercancías y personas navegarían libremente por los grandes ríos Indo y Brahmaputra. Y el gasoducto Irán-India habría hecho más fácil la vida de todos. La inmensa y bella región de Cachemira, con sus paraísos de Srinagar y Jammu, se convertiría en uno de los destinos turísticos más atractivos del mundo. Los arqueólogos de todo el planeta podrían visitar las ruinas fabulosas de Harappa y Mohenjodaro, en Pakistán, y los turistas y peregrinos musulmanes se deleitarían con maravillosos vestigios y monumentos históricos como el minarete de Qutab, en Delhi, o el Taj Mahal de Agra.
Uniendo sus fuerzas, las selecciones nacionales de cricket y de hockey resultarían imbatibles hoy en la Copa Mundial. Y la producción cinematográfica indopakistaní se convertiría en la segunda más exuberante y prolífica del mundo. No menos importante: la mayor industria mundial de balones de fútbol estaría ubicada en este improbable y magnífico país, dividido por el nacionalismo y la geoestrategia en el mismo momento de conseguir su independencia.
Quizá Gandhi tenía razón al oponerse a la partición.

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