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Nicolás I, el zar que mandó un ejército de niños a la guerra

El zar Nicolás I reclutó forzosamente a menores judíos para su ejército. Fueron los cantoneros, obligados a una vida de penurias.

La guerra no solo destruye las vidas de los soldados en el frente. La historia nos enseña que los conflictos bélicos ponen contra las cuerdas a la población civil, desgarran el tejido social y subvierten cualquier atisbo de orden, ciudadanía y respeto. Dentro de la tragedia de la guerra, quizás sea en los ejércitos infantiles donde se manifiesta el terror y la irracionalidad militar en toda su fuerza destructiva, una realidad nada deseable que aúnan el pasado con el presente. De entre todos los ejemplos de ejércitos integrados por menores, la historia del que se organizó bajo el zar Nicolás I (1796-1855) resulta especialmente estremecedora.
La primera mitad del siglo XIX en Rusia estuvo marcada por una viva actividad militar. Además de producirse enfrentamientos con los ejércitos napoleónicos en su avanzada hacia la Europa oriental (1812-1815), la monarquía zarista se vio agitada por la revuelta decembrista en el contexto de la ascensión al trono. En 1825, Nicolás fue nombrado zar, mientras que los decembristas pujaban por nombrar emperador al legítimo sucesor, Constantino, el hermano de Nicolás que había renunciado a su derecho al trono por haber contraído matrimonio con una mujer polaca. En un gobierno absolutista que debía mantener el orden dentro de sus fronteras y dar prueba de una capacidad de ejercer un poder ilimitada, el patrimonio de la violencia estaba a la orden del día. A esto se une el carácter especialmente dominante de Nicolás I. Sus biógrafos de lo presentan como un personaje autocrático, conservador y amante del orden, implacable en sus decisiones y violento en su ejecución, además de prejuicioso contra polacos y judíos. Y, justamente, fue entre los judíos donde el zar encontró a buena parte de los soldados de su ejército.
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Niños judíosImagen: Wikicommons

El zar Nicolás I estableció una cuota anual de reclutamiento obligatorio de judíos, con edades comprendidas entre los 12 (y algunos incluso de edad inferior) y los 25, que debían servir al ejército ruso durante un período de 25 años. Los reclutas menores de 18 años recibían instrucción militar dentro de los batallones cantoneros que los preparaban para incorporarse legalmente a las filas del ejército regular una vez alcanzada la mayoría de edad. El sistema de reclutamiento cantonero se había iniciado en Rusia un siglo atrás, en 1721, bajo la soberanía de Pedro el Grande. Los muchachos que se enrolaban recibían formación en aspectos militares, mecánica e ingeniería, además de en trabajos manuales como la herrería o la carpintería.
Se calcula que unos 50000 niños judíos, algunos incluso de 8 años, se vieron obligados a formarse como cantoneros entre las décadas de los 20 y los 50 del siglo XIX. Otras poblaciones étnicas o religiosas, como zíngaros o polacos, también fueron obligados al reclutamiento forzoso. Los muchachos judíos recibieron el bautismo y se les obligó, por tanto, a convertirse al cristianismo ortodoxo. Los que se resistían a renunciar a su fe recibían castigos físicos. Se les prohibía hablar yiddish, así como cualquier tipo de práctica religiosa judaica como parte de una política implacable de rusización. Los hijos de familias judías especialmente pudientes y de rabinos podían evitar el reclutamiento, por lo que eran los niños de las familias menos favorecidas y los huérfanos los que terminaban en las filas del ejército.
Los muchachos eran reclutados por miembros de las propias comunidades judías (de hecho, algunos rabinos fueron colaboracionistas de los rusos), que convencían a los niños y a sus familias a enrolarse, o que incluso los raptaban de sus casas, como demuestran algunos testimonios escritos de la época como diarios, memorias y documentos de archivo. Los recluían en prisiones hasta que el convoy se ponía en marcha, y el tiempo de espera podía durar semanas, un tiempo en el que no contaban con dinero ni con los medios necesarios para poder regresar a sus casas. Muchos morían durante el viaje que los llevaría a la estructura militar, víctimas del hambre, el cansancio y el maltrato.
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Guerra CrimeaImagen: Wikicommons

En muchos casos, los reclutadores y las autoridades falsificaban los documentos para justificar el reclutamiento de niños muy pequeños, incluso por debajo de los 12 años reglamentarios. Les aumentaban voluntariamente la edad en la documentación: esto implica que muchos de esos niños probablemente se integraron en las filas del ejército regular cuando todavía eran menores de edad.
Cuando llegaban a los batallones, se les hospedaba con familias cristianas, algunas de las cuales manifestaban actitudes violentas y vejatorias hacia los niños. Obligados a convertirse, los niños judíos a veces también sufrían el repudio de sus propias familias, que los rechazaban por haber apostatado de su fe. Esto acabó por destruir las vidas de muchos niños que, una vez alcanzada la edad adulta, no consiguieron encontrar su lugar en el mundo.
Se sabe poco del papel que jugaron los soldados judíos en el ejército zarista. Con la conversión forzosa al cristianismo, se les cambió el nombre. Se supone que miles de ellos tomaron parte en la Guerra de Crimea (1853-1856) y quién sabe cuantos de ellos fueron niños.
Referencias
Ofek, A. 1993. Cantonists: Jewish Children as Soldiers in Tsar Nicholas' Army. Modern Judaism. A Journal of Jewish Ideas and Experience, 13(3): 277–308. DOI: https://academic.oup.com/mj/article-lookup/doi/10.1093/mj/13.3.277
Petrovsky-Shtern, Y. 2008. Jews in the Russian Army, 1827-1917: Drafted into Modernity. Cambridge: Cambridge University Press.
Riasanovsky, N. V. 2022. Nicholas I, tsar of Russia. Britannica (acceso: 26/02/2022).

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