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¿Por qué se embalsamaban los corazones de los reyes franceses?

Durante varios siglos, en Francia fue común la práctica de embalsamar los corazones de los soberanos. ¿De dónde procede esta costumbre y cuál es su significado?

A lo largo de los siglos, desde el medievo hasta el advenimiento de la Revolución Francesa, en el país galo fue costumbre embalsamar los corazones de los soberanos. El origen y la finalidad de esta práctica se explican por varios motivos.
Ya desde el siglo IX se documenta la práctica de enterrar el cuerpo desmembrado (lo que se denomina el mos teutonico), sobre todo en el norte de Europa y muy especialmente cuando un rey, noble o miembro de la elite eclesiástica moría en batalla o lejos de su ciudad natal. Las vísceras, que decaían casi de inmediato, acostumbraban a enterrarse en el lugar del deceso; otras veces se las curaba con sal para conservarlas y poder transportarlas sin perjuicio para la salud, como sucedió con las entrañas del emperador Enrique III. El cuerpo se desmembraba y se cocía para limpiar los huesos de la carne. De este modo, el esqueleto limpio podía trasladarse de un modo sencillo e higiénico hasta el lugar de reposo final.
Durante la Edad Media, se extendió la costumbre funeraria de embalsamar los corazones de los miembros de la aristocracia británica y francesa. La conservación del órgano formaba parte de un ritual político-funerario más complejo en el que las entrañas de reyes y reinas se enterraban separados del cuerpo. En algunas ocasiones, el órgano se inhumaba en el mismo mausoleo en el que reposaba el cadáver; en otras, se prefería un emplazamiento alejado de la tumba en la que reposaba el cuerpo, por lo general una iglesia, capilla o monasterio en el que los fieles pudiesen orar por las almas de los difuntos de la nobleza. El reposo del corazón en estos lugares de culto solía estipularse ya en vida. Así, el corazón de Luis XIV se depositó en la iglesia de San Pablo y San Luis junto al también embalsamado corazón de su padre, Luis XIII. En el caso de Ricardo Corazón de León, la entraña embalsamada se halla en la catedral de Ruan, mientras que su cuerpo reposa en la abadía de Fontevreau. Antes de llegar a su destino, el corazón del monarca guerrero viajó a lo largo de 500 quilómetros.
¿Qué sentido tenía preservar el órgano? La práctica se relacionaba con un mensaje que combinaba lo político con lo religioso y lo simbólico. El corazón se consideraba el centro de la fuerza espiritual y moral del individuo. Constituía el órgano principal de la inteligencia y el sentimiento, y era la sede de vitalidad. Preservarlo mediante el embalsamamiento suponía un modo de mantener incorruptos el poder aristocrático y la esencia de la persona.
Imagen: Wikicommons

Tumba CorazónDeLeónImagen: Wikicommons

Se conocen muchas recetas para embalsamar el corazón. Aunque los ingredientes utilizados diferían entre sí, eran habituales la canela, la rosa, el comino, la artemisia, la genciana, el iris, el azafrán, la menta o el tomillo. Una vez tratado y debidamente disecado, el órgano solía introducirse en un contenedor específico denominado cardiotafio o tumba del corazón. Fabricados con materiales como el plomo o el oro, estos recipientes solían mostrar inscripciones en el exterior que identificaban el propietario del órgano embalsamado. Carlos V de Francia fue una de las primeras figuras monárquicas que expresó el deseo explícito de que su corazón se depositara en uno de estos contenedores en forma de corazón. En otros casos, como sucedió con el corazón de Luis XVII, la víscera se conservó en una urna de cristal en la basílica de Saint Denis.
El embalsamiento del corazón se convirtió poco a poco en una práctica de distinción que demostraba la pertenencia a las elites. No solo los hombres de poder recurrían a ella, sino que también hubo mujeres cuyos corazones fueron conservados y expuestos con gran pompa. Es el caso de Ana de Bretaña (1477-1514), duquesa y dos veces reina de Francia, cuyo cuerpo reposa en la abadía de Saint Denis, mientras que la catedral de Nantes, su ciudad natal y el lugar donde reposaban sus padres, cela su corazón. Se conserva en un cardiotafio de oro de casi medio quilo de peso, tocado por una corona con nueve flores de lis. En su superficie figura una inscripción que loa la figura de Ana. El corazón se transportó con gran pompa en barco hasta el lugar de reposo final. Se utilizaron tres contenedores, metidos los unos dentro de los otros, para el traslado. En el más pequeño, un cofre hecho de plomo y forrado de tela, se había colocado la víscera. El corazón de la soberana todavía se considera el símbolo político de la identidad bretona.
Referencias
Bande, A. 2009. Le cœur du roi. Les Capétiens et les sépultures multiples, XIIIe-XVe siècles. París: Tallandier.
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Corbinau, R.; Ruas, M.-P. et al. 2018. Plants and Aromatics for Embalming in Late Middle Ages and Modern Period: A Synthesis of Written Sources and Archaeobotanical data (France, Italy). Vegetation History and Archaeobotany, 27: 151–164. DOI: 10.1007/s00334-017-0620-4

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