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John Law y la primera gran crisis financiera

Los juegos económicos de John Law provocaron una gigantesca crisis financiera en la Francia del siglo XVIII.

Viajero y jugador

Tenía encanto, facilidad de palabra y, si hemos de atender a su biografía, cierta tendencia a las pendencias. Descendía de una rica familia de banqueros y orfebres de Edimburgo. Amaba los juegos de azar y, entre 1716 y 1720, transformó las finanzas francesas en el inmenso tapete verde de una mesa de apuestas. John Law diseñó un mecanismo para resolver la monumental deuda pública que ahogaba Francia en el siglo XVIII. El resultado fue catastrófico y originó la primera gran crisis financiera de occidente.
Nacido en Edimburgo en 1671, John Law era un bon vivant. Para evitar ser encarcelado, abandonó Inglaterra tras haber matado a un hombre durante un duelo en 1694. Dotado de un espíritu aventurero, se dedicó a pasear sus encantos por las cortes y la buena sociedad europea, donde se dedicaba a las apuestas y los juegos de azar. En ese periplo lejos de su tierra natal, Francia acabó por convertirse en su refugio.
En 1720, John Law fue nombrado controlador de las finanzas del país galo por el regente Felipe de Orleans. Después de los excesos económicos derivados del fasto en la corte de Luis XIV y del abultado gasto militar causado, sobre todo, por la Guerra de Sucesión Española, las arcas públicas estaban vacías. El monarca en funciones consideró que el economista escocés podía diseñar un plan con el que crear un banco capaz de resolver los problemas financieros del país en un momento en el que la deuda pública superaba los 2000 millones de libras. Comenzaba así uno de los mayores fiascos financieros de la época moderna.

El pensamiento económico de Law

Imagen: Wikicommons

Humblot QuinquempoixImagen: Wikicommons

John Law pertenecía a la escuela económica de los mercantilistas, que daba al estado una autoridad fuerte en lo económico a través de políticas de tasas de interés bajas y el intervencionismo en los intercambios comerciales. Mientras se dedicaba al juego y a la vida galante, John Law desarrolló su propia teoría económica y la expuso en la obra Considérations sur le numéraire et le commerce (1705), en la que proponía como estrategia para paliar la deuda inyectar liquidez en el mercado acuñando más moneda. Puesto que el oro y la plata, los metales comúnmente utilizados para acuñar moneda, eran limitados, Law propuso producir en su lugar papel moneda y títulos de crédito por un valor superior a su equivalente en metales preciosos.
John Law fundó así el Banco General en 1716, una institución privada que producía papel moneda y acciones. El estado suscribió estas acciones como títulos de deuda pública que podían utilizarse para el pago de impuestos. Dos años después de su creación, el banco de Law se convertía en una banca respaldada por la realeza francesa.

La Compañía del Mississippi

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Caricatura LawImagen: Wikicommons

Sus aventuras emprendedoras no se quedaron en la gestión de su institución bancaria. En 1717, John Law fundó la Compañía del Mississippi, una empresa para el monopolio de los recursos de la Luisiana. Tomaba inspiración de la Compañía Neerlandesa de las IndiasOrientales, cuyo funcionamiento Law había tenido la oportunidad de estudiar durante su estancia en Ámsterdam. Creó una sociedad por acciones cuya participación y dividendos podían abonarse a través de los títulos de estado emitidos por su propio banco.
En 1718, Law expandió su negocio. Absorbió a otras compañías coloniales en Asia y África, y acumuló una riqueza tal que llegó a convertirse en prestamista del estado francés. La aparente perspectiva de ganancias fáciles atrajo a una masa cada vez mayor de inversores decididos a comprar acciones. La situación de Law parecía boyante y, en 1720, el rey francés lo nombró dirigente de las finanzas del país. Como consecuencia de este nuevo nombramiento, Law unió su banco con la Compañía del Mississippi. Se creó así una inflación galopante y una enorme burbuja especulativa que no tardaría en explotar.
Los beneficios para los inversores se demostraron menores de lo prometido. El valor de las acciones cayó en picado. Muchos inversores solicitaron el cambio de sus acciones por dinero en metálico y, ante la imposibilidad de hacer frente a la demanda, Law aconsejó al monarca que devaluase el valor del oro. ¿El resultado? La bancarrota.

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