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El David de Miguel Ángel, ¿debería tener colores?

En el Renacimiento, cuando artistas de la talla de Miguel Ángel decidieron emular el estilo de sus antepasados griegos y romanos para esculpir sus propias figuras se les pasó un detalle importante: el color.

Cuando, en el Renacimiento, artistas de la talla de Miguel Ángel decidieron emular el estilo de sus antepasados griegos y romanos para esculpir sus propias figuras se les pasó un detalle importante: el color.

La impoluta superficie de mármol del David de Miguel Ángel, o del Éxtasis de Santa Teresa de Lorenzo Bernini, se consideraría "inacabada" si la analizamos desde el punto de vista de los clásicos. Y es que según la pareja de arqueólogos alemanes Vinzenz Brinkmann and Ulrike Koch-Brinkmann, en las obras escultóricas y arquitectónicas del mundo antiguo la piedra y el mármol estaban magistralmente coloreados. La única razón por la que Miguel Ángel y sus contemporáneos nunca lo supieron es que, a lo largo del tiempo, las tallas sufrieron un desgaste que eliminó todo rastro de pintura... Aunque sólo a simple vista. Para sacar a la luz los colores del pasado, los Brinkmann han recurrido a técnicas especiales, como rayos ultravioleta para explorar las diferencias superficiales de la piedra, y fluorescencia de rayos-X o espectroscopia infrarroja para identificar el tipo de pigmentos empleados por los artistas clásicos.

Pero, ¿cómo romper con nuestra visión tradicional e imaginar la Acrópolis de Atenas coloreada "como el vagón de un circo"? Los arqueólogos alemanes ofrecen una oportunidad a través de la exposición Dioses de color: escultura pintada de la Antigüedad Clásica, que ahora ocupa las salas del Museo Sackler de la Universidad de Harvard. En ella se exhiben exuberantes reconstrucciones de obras clásicas a tamaño real y cubiertas de color, fruto de más de dos décadas de arduo trabajo e investigación de los dos arqueólogos. La pieza central, dicen los expertos, es una reconstrucción parcial del templo de Aphaia, de la isla griega de Egina, del 500 a.C.

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