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Los tratamientos médicos más extraños de la historia

Dolor, sufrimiento, curiosidades e historia de la experimentación humana.

Los experimentos médicos sin restricciones son habitual tema de pesadillas y guiones del séptimo arte. Poco se sabe, sin embargo, sobre cuánto dolor y sufrimiento se ha causado a lo largo de los siglos en nombre de la ciencia y el supuesto progreso, pero sí que conocemos muchos relatos y vivencias.

Algunos experimentos médicos, particularmente de los siglos XIX y XX, parecían inofensivos o incluso bobos teniendo en cuenta las cosas que podemos hacer hoy en día -y también lo que sabemos-.
Otros experimentos, sin embargo, fueron lo suficientemente terribles para hacer enfermar a una persona sana o incluso matarla.

Los experimentos con niños, animales y personas de pocos recursos son vistos como particularmente malvados debido a su naturaleza de
indefensión. No había leyes hace un siglo para proteger a estas víctimas, ni a nadie más, de médicos y cirujanos que querían jugar a dioses con la vida de sus congéneres -tanto vivos como muertos-.

El camino hacia la comprensión moderna de la medicina fue pavimentado con la desgracia de muchas personas sometidas a exámenes médicos sin su consentimiento. El progreso médico salva vidas, pero en ocasiones los científicos dejaron que la esperanza de un avance se interpusiese en el camino de la ética.

Los prisioneros, los soldados, los pobres y los enfermos mentales, históricamente se han llevado la peor parte de las peores pruebas médicas (como la disección en vivo sin anestesia, también llamada
vivisección, con el fin de visualizar la morfología y su correlación con la función orgánica).

Si bien estas atrocidades no quedaron impunes, algunas llevaron a descubrimientos médicos que salvaron miles de vidas. Por ejemplo, con el caso de la viruela.

Antes de su
erradicación en 1979 tras una intensa campaña de vacunación, la viruela era un virus mortal exclusivo de los humanos.

El científico inglés Edward Jenner hizo la primera inoculación contra la viruela en 1796. A un niño de 8 años, James Phipps. A partir de este experimento exitoso con el pequeño,
Jenner creó la primera vacuna contra la viruela.

Si bien se le atribuye a Jenner haber salvado más vidas que ningún otro ser humano, su prueba con el pequeño James no pasaría los estándares experimentales actuales, porque el niño no aceptó la prueba, ni tampoco sus padres.

Jugum: Anillo anti-masturbación para pene

A lo largo de la historia, la masturbación ha sido motivo de vergüenza por una gran cantidad de razones culturales, morales o religiosas. En la época victoriana se unió este puritanismo con la medicina clínica, alegando que el placer innecesario de la autocomplacencia drenaba el cuerpo de energías vitales, lo que llevaba a la enfermedad, a la locura y, potencialmente, incluso a la muerte. Para evitar tan negativo destino, apareció el anillo de Jugum. Este dispositivo de aspecto desagradable se colocaba en la base del pene y estaba diseñado para causar mucho dolor si alguno decidía masturbarse. Se utilizó de 1880 a 1920 incluso en instituciones mentales. Afortunadamente, la Asociación Médica Estadounidense declaró la masturbación un comportamiento normal y saludable en los individuos -y no una enfermedad mental- en 1972.

Alarma eléctrica para penes

Continuando con la masturbación, que ha sido objeto de toda suerte de inventos, la Alarma Eléctrica era una herramienta menos 'medieval' para contrarrestar las ganas de masturbarse. Consistía en un anillo que se ajustaba alrededor del pene. Si el pene se ponía erecto, activaba un perno que completaría un circuito eléctrico y haría sonar una alarma. En otros modelos de este mismo dispositivo anti masturbación, no solo sonaba una alarma, sino que también electrocutaba al sujeto en cuestión. Crédito imagen: Wellcome Colection.

Jaula electroterapéutica

Aunque más que terapéutico la palabra que nos viene a la cabeza es miedo, esta jaula electroterapéutica se empleó en Francia entre 1890 y 1910 para tratar a aquellas personas que sufrían trastornos neurológicos y psiquiátricos. Los pacientes eran encerrados en la cabina mientras fuertes corrientes pasaban alrededor de ellos en la maraña de cables que vemos (muy terapéutico, ¿verdad?). Aunque las corrientes eléctricas no hacían daño físico a los pacientes, es harto improbable que les hiciera algún bien (y mucho menos a su salud mental).

Smokey Susan

"Smokey Susan" es una muñeca educativa hecha en Reino Unido que se utilizó para demostrar los efectos nocivos del tabaquismo durante el embarazo, que incluyen un mayor riesgo de aborto espontáneo, pérdida del paladar y síndrome de muerte súbita del lactante. Podías colocar un cigarrillo encendido en la boca de la muñeca y el humo se canaliza en el recipiente que contiene agua y un modelo de un feto. A medida que el cigarrillo se consume, el agua adquiere un color marrón oscuro y el alquitrán se acumula en la línea de flotación. Un dispositivo para evitar que las embarazadas fumasen. Crédito imagen: Science Museum, London. CC BY 4.0

Trepanación contra el dolor de cabeza

Hace miles de años, taladrar un agujero en la cabeza de una persona con un dispositivo llamado trépano (de ahí el término trepanación) era auténtica medicina de vanguardia. De hecho, se considera uno de los intentos más antiguos conocidos de procedimiento quirúrgico. Así, más conocida como trepanación, esta cruda intervención fue utilizada por una gran cantidad de culturas en Eurasia y América hasta la Edad Media. La lógica detrás del procedimiento no está exactamente clara, ni su aparente popularidad generalizada en todo el mundo, pero se cree que se utilizó para tratar traumas, dolores de cabeza e incluso problemas psicológicos.

Kits médicos de la Guerra Civil

En Estados Unidos, durante la Guerra Civil, las amputaciones estaban a la orden del día. En una época en la que apenas se entendía sobre bacterias y los hospitales se caracterizaban por su insuficiencia o su falta de competencia, la amputación de una pierna con mosquete era a menudo la única forma de prevenir las infecciones. Por ello, se hizo muy popular este kit médico militar de la Guerra Civil, que se parecía más a la bolsa de herramientas del doctor Frankenstein que a la cartera de un médico, mostrando una serie de alicates de aspecto sombrío y sierras de amputación.

Kit de enema de tabaco

Cuando el tabaco llegó por primera vez desde el Nuevo Mundo, muchos médicos occidentales pensaron que podría tener algunas propiedades medicinales. De alguna manera, esta idea creó el equivalente del S.XVIII al desfibrilador. ¿Cómo funcionaba? Literalmente soplando humo por el recto y oye, que servía para tratar de todo, desde resfriados hasta el cólera. También fue popularmente utilizado para revivir víctimas de accidentes por ahogamiento.
Los vendedores no perdieron la oportunidad, puesto que la insuflación rectal de tabaco se había puesto de moda, y se dedicaron a crear kits especializados, con un fuelle de piel de cerdo.
 Crédito imagen: Wellcome Collection

Filtros de agua radiactiva

Hace más de un siglo la radioactividad era algo nuevo, emocionante e incluso bueno, pues se vendían habitualmente colgantes de radio para el reumatismo, agua de radón completamente natural para el vigor, mantas de uranio para la artritis y medicinas con torio para la digestión. De hecho, los ciudadanos de aquella época pensaron que sería una buena idea agregar radiación directamente al agua potable. Se cree que esta idea comenzó porque algunas fuentes termales naturales conocidas eran radiactivas. La idea era agregar bajos niveles de radiación al agua potable. Una de sus defensoras más famosas, Eben Byers, una mujer de la alta sociedad estadounidense y atleta, murió en 1932 de tumores cancerosos después de que se le prescribiera radio disuelto en agua y adquiriera uno de estos filtros para obtener agua radiactiva. Crédito imagen: Science Museum, Londres. 

Estudio sobre la Malaria en el Centro Penitenciario de Stateville

Durante la Segunda Guerra Mundial, la malaria y otras enfermedades tropicales estaban obstaculizando los esfuerzos del ejército estadounidense en el Pacífico. Con el fin de obtener un poco de control sobre la enfermedad, nació el Proyecto de Investigación de la Malaria en la Penitenciaría de Stateville en Joliet, Illinois (EE. UU.). Un equipo de médicos de la Universidad de Chicago expuso a 441 presos -voluntarios- a mordiscos de mosquitos infectados con malaria. Aunque un recluso murió de un ataque al corazón, los investigadores insistieron en que su muerte no estuvo relacionada con el estudio. El experimento continuó en Stateville durante 29 años, e incluyó la primera prueba humana de Primaquina, un medicamento que todavía se utiliza en el tratamiento de la malaria y la neumonía.

Separando trillizos

En nombre de la ciencia, un equipo de psicólogos realizó un experimento secreto durante las décadas de 1960 y 1970 en el que separaron gemelos y trillizos y fueron adoptados como hijos únicos. El experimento, que se dice fue financiado en parte por el Instituto Nacional de Salud Mental, salió a la luz cuando tres hermanos idénticos -trillizos- se encontraron accidentalmente en 1980. No tenían ni idea de que tenían hermanos.
Los psiquiatras infantiles que encabezaron el estudio, Peter Neubauer y Viola Bernard, no mostraron ningún remordimiento cuando el asunto salió a la luz, llegando a decir que pensaban que estaban haciendo algo bueno por los niños, separándolos para que pudieran desarrollar sus personalidades individuales. Su historia fue llevada al cine bajo el título de “Tres extraños idénticos”, que se estrenó en el Festival de Sundance en 2018.

Ácido para elefantes

Un estudio sobre el comportamiento de los elefantes resultó en uno de los experimentos más escandalosos realizados en nombre de la ciencia cuando Warren Thomas inyectó a un elefante llamado Truko, 297 miligramos de LSD, 3.000 veces más de lo que un ser humano común tomaría. El experimento, realizado en el Lincoln Park Zoo de Oklahoma City en 1962, se hizo para determinar si desencadenaría una locura temporal en los elefantes. Una hora más tarde, sin embargo, Truko, el elefante, murió.

Niños pobres y tuberculosis

En 1908, los científicos estaban tratando frenéticamente de encontrar una cura o prevención para la tuberculosis (llamada la 'Peste Blanca'). En un hospital para niños en Washington, DC, los "expertos" de esta enfermedad decidieron experimentar con niños que provenían de familias pobres. Inocularon a 10 niños con "bacilos de la tuberculosis y cultivos de la tuberculina de Koch sin el conocimiento o el consentimiento de los padres o tutores de los niños". Cuando fueron descubiertos, los médicos se negaron a revelar los nombres de los niños con los que habían experimentado porque "sus padres pertenecen a la clase ignorante y podrían objetar enérgicamente a tales experimentos". El hecho de que los médicos sintieran la necesidad de experimentar con niños de las clases más pobres sin el conocimiento o consentimiento de sus padres era una violación de los derechos individuales de las personas.
La Gran Peste Blanca, la  tuberculosis, se cobró alrededor de 110.000 vidas al año solo en Estados Unidos durante los primeros años del siglo XX. De 1908 a 1921, dos bacteriólogos franceses trabajaron en una vacuna para poner fin a la tuberculosis.

Polvo regenerativo de cerdo

Del Instituto McGowan de Medicina Regenerativa de la Universidad de Pittsburgh llegó la idea del polvo regenerativo proveniente del cerdo. La técnica era simple: se raspan células del revestimiento de la vejiga de un cerdo, el tejido se 'desceluliza' y luego se seca. Así, utilizando órganos secos de cerdo consiguieron hacer crecer un dedo. El estudio fue publicado en PubMed en 2009, no hace tanto tiempo.

Terapia por electrochoque en niños

En la década de 1960, la doctora Lauretta Bender del Hospital Creedmoor de Nueva York comenzó lo que ella creía que era un tratamiento revolucionario para los niños con problemas sociales: la terapia electroconvulsiva o por electrochoque Los métodos de Bender incluían entrevistar y analizar a un niño sensible frente a un grupo más grande, y luego aplicar una 'suave presión' sobre la cabeza del niño. Supuestamente, cualquier niño que se movía con la presión mostraba signos tempranos de esquizofrenia. Para cuando decidieron para su 'tratamiento', Bender había utilizado la terapia de electrochoque en más de 100 niños, el más joven con solo 3 años de edad.

Experimentos médicos nazis

Quizás los experimentos malvados e infames de todos los tiempos fueron los llevados a cabo por Josef Mengele, un médico de las SS en Auschwitz. Mengele peinó los trenes entrantes en busca de gemelos para experimentar, con la esperanza de probar sus teorías sobre la supremacía racial de los arios. Muchos murieron en el proceso.
Los nazis usaron prisioneros para probar tratamientos para enfermedades infecciosas y la guerra química. Otros fueron forzados a temperaturas bajo cero y cámaras de baja presión para experimentos relacionados con la aviación. Innumerables presos fueron sometidos a procedimientos experimentales de esterilización. Por citar alguno, a una mujer le ataron los pechos con cuerdas para que los médicos de las SS pudieran ver cuánto tardaba su bebé en morir de hambre, según una historia oral recopilada por el Museo del Holocausto.
Algunos de los médicos responsables de estas atrocidades fueron posteriormente juzgados como criminales de guerra, pero Mengele escapó a Sudamérica. Murió en Brasil en 1979 de un derrame cerebral.

El doctor que bebía vómito

Stubbins Ffirth fue un médico estadounidense conocido por su inusual investigación sobre la causa de la fiebre amarilla. Estaba tan convencido de que no era una enfermedad infecciosa que probó su hipótesis sobre sí mismo. Sus "experimentos" incluyeron vivir en las condiciones más deplorables con el fin de someterse a la infección de todas las maneras imaginables (bebía vómito, se inyectaba orina...) Aunque algunas de sus conclusiones demostraron ser correctas, sus explicaciones no fueron claras y un científico cubano llamado Carlos Finlay descubrió el vínculo con los mosquitos poco después de su muerte.

Camas de cólera

Estados Unidos no fue el único país que intentó aprender más sobre las enfermedades infecciosas, cómo se propagaron y cómo detenerlas. En 1871, Rusia estaba trabajando para descubrir cómo se diseminaba el cólera y al mismo tiempo explorar el poder del pensamiento sobre la salud de una persona (un tema candente en aquel entonces). Usando asesinos que ya estaban dentro del sistema penitenciario, colocaron a cuatro hombres en camas donde otras personas habían muerto de cólera. Después de dormir en ellas, los hombres no mostraron signos de la enfermedad. Luego, se les dijo a los hombres que durmieran en cuatro camas diferentes y limpias. Esta vez, les dijeron a los hombres que las personas que habían dormido en esas camas antes que ellos habían muerto de cólera. Se informó que tres de los cuatro hombres murieron de cólera en cuatro horas.
Durante la epidemia de cólera en el siglo XIX, los médicos descubrieron rápidamente que el cólera no se transmitía de persona a persona, sino a través de agua potable contaminada. Es por eso que los presos no mostraron ningún signo de la enfermedad después de dormir en camas contaminadas.

Experimentos con THN1412

En 2007, comenzaron los ensayos con medicamentos para THN1412, un tratamiento para la leucemia. Había sido probado previamente en animales, y se encontró completamente seguro. Por lo general, se considera que un medicamento es seguro para evaluar en humanos cuando se descubre que no es mortal para los animales. Cuando las pruebas comenzaron en sujetos humanos, a los humanos se les dieron dosis 500 veces más bajas que las encontradas seguras para los animales. Sin embargo, este medicamento provocó un fallo orgánico catastrófica en los sujetos de prueba.

Unidad de Japón 731

Durante las décadas de 1930 y 1940, el Ejército Imperial Japonés llevó a cabo una guerra biológica y pruebas médicas a civiles, principalmente en China. Se desconoce el número de víctimas de estos experimentos brutales, pero pudieron haber muerto hasta 200.000 personas, según un informe del New York Times de 1995. Entre las atrocidades que cometieron se encontraban pozos infectados con cólera, tifus y plagas de pulgas repartidas por las ciudades chinas. Los prisioneros fueron enviados a un clima helado y luego experimentaron para determinar el mejor tratamiento para la congelación. Los ex miembros de la unidad dijeron a los medios que los prisioneros recibieron dosis de gas venenoso, los colocaban en cámaras de presión hasta que se les salían los ojos de las órbitas, e incluso los disecaron mientras estaban vivos y conscientes.

El homúnculo

Paracelso fue un alquimista y médico del año 1500 que fue acreditado por sus primeros trabajos en toxicología y psicoterapia. También fue la primera persona en mencionar el inconsciente de manera clínica, aunque sus trabajos más extraños radican en crear un 'homúnculo', básicamente un humano en miniatura que supuestamente se creaba trasplantando un huevo humano al útero de un caballo y luego alimentándolo de sangre humana. No es sorprendente que no haya ningún registro que indique un resultado exitoso de sus experimentos. Hay múltiples referencias a este personaje histórico en la ficción, una de las más aclamadas es la del alquimista Van Hohenheim, padre de los hermanos Elric en el anime/manga Full Metal Alchemist.

Operación Clímax de medianoche

Inicialmente establecido en la década de 1950 como un subproyecto de un programa de investigación de control mental patrocinado por la CIA, Operation Midnight Climax buscó estudiar los efectos del LSD en los seres humanos. Así, en San Francisco y Nueva York, los sujetos eran captados en refugios, por prostitutas en la nómina de la CIA y, sin saberlo, se les suministró LSD y otras sustancias que alteran la mente, y se les monitoreó a través de un cristal oculto en la habitación. Aunque estas casas fueron cerradas en 1965, cuando se descubrió que la CIA estaba administrando LSD a sujetos humanos, Operation Midnight Climax fue un teatro de amplia investigación sobre chantaje sexual, tecnología de vigilancia y el uso de drogas que alteran la mente en operaciones de campo.

Inyecciones de sudor

¿El sudor puede ser malo? Un bacteriólogo reflexionó sobre ello un artículo publicado en 1898. Colocó su sujeto de prueba en un baño de vapor, y después, recogió el sudor para hacer pruebas. Descubrió que el sudor estaba lleno de gérmenes y llegó a la conclusión de que la sudoración liberaba bacterias que estaban dentro del cuerpo. Creía que se podría hacer un diagnóstico preciso de la enfermedad del paciente simplemente haciéndolo sudar. El artículo continúa afirmando que "los animales pequeños mueren fácilmente mediante inyecciones subcutáneas de sudoración recolectadas después del ejercicio violento".
Contrario a la vieja creencia de que el sudor está lleno de gérmenes, una investigación posterior demostró que el cuerpo libera un antibiótico llamado dermicidina en el sudor. Los científicos descubrieron que la dermcidina puede matar E. coli, Staphylococcus aureus y otras bacterias dañinas.

Experimentos en recién nacidos

En la década de 1960, un equipo de investigadores de la Universidad de California desarrolló un experimento para estudiar los cambios en la presión arterial y el flujo sanguíneo. Los expertos utilizaron a 113 recién nacidos con edades comprendidas entre una hora y tres días de edad como sujetos de prueba. En uno de los experimentos, insertaron un catéter a través de las arterias umbilicales y dentro de la aorta. Luego, los pies del recién nacido eran sumergidos en agua helada con el propósito de probar la presión aórtica. En otro experimento, hasta 50 recién nacidos fueron atados individualmente a un tablero de circuncisión; luego, les dieron la vuelta para que la sangre llegara a la cabeza y se pudiera controlar su presión arterial. Monstruoso.

Estudio de monstruos

En 1939, un grupo de patólogos del habla de la Universidad de Iowa se propuso probar su teoría de que la tartamudez era un comportamiento aprendido causado por la ansiedad del niño por hablar. Desafortunadamente, la forma en que decidieron probarlo fue tratar de inducir la tartamudez en los huérfanos diciéndoles que estaban condenados a comenzar a tartamudear en el futuro. Los investigadores se sentaron con niños del Hogar de Huérfanos de Ohio 'Soldiers and Sailors' y les dijeron que mostraban signos de tartamudez y que no debían hablar a menos que estuvieran seguros de que hablarían correctamente. El experimento no indujo el tartamudeo, pero sí hizo que los niños que antes eran normales se transformaran en ansiosos, retraídos y silenciosos. Los supervivientes demandaron a la universidad posteriormente, conformándose con apenas 1 millón de dólares por daños.

Proyecto Aversión

En 1969, durante la detestable era del Apartheid de Sudáfrica, miles de homosexuales fueron entregados al cuidado de Aubrey Levin, un coronel del ejército y psicólogo convencido de que podía "curar" a los homosexuales. En el hospital militar de Voortrekkerhoogte, cerca de Pretoria, Levin utilizó la terapia de aversión electroconvulsiva para "reorientar" a sus pacientes. Los electrodos se colocaban en la parte superior del brazo de un paciente con alambres que corrían a un cuadrante calibrado de 1 a 10. A los hombres homosexuales se les mostraban imágenes de un hombre desnudo y se les alentaba a fantasear, momento en el que el paciente era sometido a fuertes descargas. Cuando le advirtieron a Levin que sería denunciado por vulnerar los derechos humanos, emigró a Canadá, donde estuvo trabajando en un hospital universitario hasta 2010. Fue condenado en 2013 por agredir sexualmente a tres de sus pacientes.

Experimento Milgram

En 1961, Stanley Milgram, un psicólogo de la Universidad de Yale, comenzó una serie de experimentos de psicología social que medían la voluntad de los sujetos de prueba para obedecer a una figura de autoridad. Realizado solo tres meses después del inicio del juicio del criminal de guerra nazi alemán Adolf Eichmann, el experimento de Milgram trató de responder la pregunta: "¿Podría ser que Eichmann y sus millones de cómplices en el  Holocausto simplemente siguieran órdenes?". En el experimento, dos los participantes (uno en secreto, un actor y otro un sujeto de prueba involuntario) fueron separados en dos salas donde podían oír, pero no verse, el uno al otro. El sujeto de la prueba leería una serie de preguntas al actor, castigando cada respuesta incorrecta con una descarga eléctrica. Aunque muchas personas indicaron su deseo de detener el experimento, casi todos los sujetos continuaron cuando les dijeron que no serían considerados responsables, o que no habría ningún daño permanente.

Experimento Tuskegee

El lapso más famoso en la ética médica en los Estados Unidos duró 40 años. En 1932, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, el Servicio de Salud Pública de EE. UU. lanzó un estudio sobre los efectos en la salud de la sífilis no tratada. Desafortunadamente para los participantes involuntarios, este estudio implicaba no tratar la sífilis. Los investigadores rastrearon la progresión de la enfermedad en 399 hombres negros en Alabama (y 201 sujetos de control), diciéndoles que estaban siendo tratados por "mala sangre". De hecho, los hombres nunca recibieron el tratamiento adecuado, incluso en 1947, cuando la penicilina se convirtió en el fármaco elegido para tratar la sífilis. No fue hasta que un artículo publicado en 1972 expuso este estudio al público cuando las autoridades decidieron clausurarlo.

Sigmund Freud y el caso de Emma Eckstein

A finales del siglo XIX, Emma Eckstein visitó a Sigmund Freud para ser tratado por una enfermedad nerviosa. Freud la diagnosticó con histeria y masturbación excesiva. Su amigo Willhelm Fleis creía que la histeria y la masturbación excesiva se podían tratar cauterizando la nariz, por lo que realizó una operación a Eckstein donde esencialmente le quemó los conductos nasales. Sufrió infecciones horribles y quedó desfigurada permanentemente ya que Fleiss había dejado gasas quirúrgicas en su conducto nasal. Otras mujeres sufrieron por experimentos similares.

Revivir a los muertos

Robert E. Cornish, un niño prodigio de la Universidad de California en Berkeley que se graduó con honores a la edad de 18 años y recibió su doctorado a los 22 años, estaba muy interesado en la posibilidad de devolver la vida a los muertos. En 1930, intentó traer animales muertos a la vida, utilizando un grupo de fox terriers conocidos como 'Lazarus'. Los colocó en un balancín para hacer fluir su sangre y mientras balanceaba sus cadáveres de un lado a otro, les inyectó epinefrina y anticoagulantes. Unos pocos que volvieron a la vida momentáneamente sufrieron ceguera y daño cerebral, pero rápidamente fueron declarados clínicamente muertos una vez más y jamás pudo repetir el éxito en un humano.  Crédito imagen: Can Science Raise the Dead? (J. E. Ford en Popular Science)

Los asesinatos de Burke y Hare

Hasta la década de 1830, los únicos cuerpos legalmente disponibles para la disección por los anatomistas eran los asesinos ejecutados. Por 'desgracia', en aquella época los asesinos ejecutados eran una rareza relativa y muchos anatomistas se dedicaban a comprar cadáveres a los ladrones de tumbas o a robar ellos mismos los cuerpos inertes.
Así fue como el propietario de la pensión de Edimburgo William Hare y su amigo William Burke llevaron esta actividad empresarial un paso más allá. De 1827 a 1828, los dos hombres asfixiaron a más de una docena de inquilinos en la pensión y vendieron sus cuerpos al anatomista Robert Knox, según Mary Roach en "Stiff: The Curious Lives of Human Cadavers". Al parecer, Knox no se dio cuenta (o no le importó) que los cuerpos que le traían sus nuevos proveedores estuvieran sospechosamente 'frescos'.
Burke fue ahorcado por sus crímenes, y el caso estimuló al gobierno británico a dar un poco de manga ancha a las restricciones para disección.

El peso del alma

Duncan MacDougall fue un médico estadounidense de principios del siglo XX que teorizó que el alma tenía peso. Afirmó que podía medir la masa supuestamente perdida por el cuerpo humano cuando el alma partía al morir. Sus experimentos incluso demostraron que el alma tenía un peso de 21 gramos al utilizar a seis pacientes a punto de morir y pesarlos. Huelga decir que su conclusión nunca fue aprobada en la comunidad científica. Esta cantidad es una mera anécdota en un experimento con poca verosimilitud.

Gas mostaza contra el ejército estadounidense

En 1943, la marina de los EE. UU. expuso a sus propios marineros al gas mostaza. Oficialmente, la Marina estaba probando la efectividad de la nueva vestimenta y las máscaras de gas contra el gas mortal que había resultado tan aterrador en la primera Guerra Mundial. El peor de los experimentos ocurrió en el Naval Research Laboratory en Washington. A los chicos de 17 y 18 años, tras ocho semanas de campamento de entrenamiento, les preguntaron si querían participar en un experimento que ayudaría a acortar la guerra. Al llegar al laboratorio les contaron que el experimento involucraba gas mostaza. Los participantes, que sufrieron graves quemaduras externas e internas, fueron ignorados por la Marina y, en algunos casos, amenazados con la Ley de Espionaje. En 1991, los informes finalmente fueron desclasificados y llevados ante el Congreso.

Cirugía de la edad de Piedra

Trepanar es el proceso de perforar un agujero en el cráneo de alguien. Suena tan brutal como es. Los científicos han desenterrado cráneos con agujeros reveladores desde el período Neolítico en adelante. Muchos consideran la trepanación la cirugía más temprana para la que existe evidencia arqueológica.
Y fue muy popular: de un 5 a un 10% de todos los cráneos neolíticos que los científicos han desenterrado hasta ahora llevan las marcas inconfundibles de la trepanación.
De los restos antiguos, no siempre es posible decir si la cirugía se realizó antes o después de la muerte, pero algunos pacientes ciertamente estaban vivos.
Contra todo pronóstico, algunos lograron sobrevivir al proceso. Sabemos esto porque los cráneos muestran evidencias de curación.
Aunque la mayoría se realizó en hombres adultos, también se han encontrado agujeros de trepanación en los cráneos de mujeres y niños.
Durante el período Neolítico, la práctica fue sorprendentemente generalizada: Europa, Siberia, China y las Américas.
¿Se extinguió la trepanación con la Edad de Piedra? En absoluto. Continuó a través del período clásico, e incluso hasta el Renacimiento.
Hoy en día, todavía existen procedimientos quirúrgicos similares; pero, como pueden imaginar, implican un poco más de delicadeza y mucha más anestesia.
Así, las craneotomías se utilizan para tratar algunos hematomas (en los que la sangre se acumula entre el cráneo, el cerebro y las membranas intermedias), por ejemplo.

Mejorar la sonrisa de una forma barata

Hoy en día, la orina tiene pocos usos cotidianos, lo que quizá es una pena, dada su amplia disponibilidad (cough, cough). En la época romana, sin embargo, era diferente. La orina era un producto tan popular que la gente la recogía de los orinales públicos. Incluso hubo un impuesto que había que pagar si te beneficiabas de la venta de este líquido dorado. Muchos de los usos de la orina no eran médicos, como la producción de pólvora o para suavizar el cuero. Pero, un uso menos sabroso para la orina, sin embargo, era como blanqueador de dientes. El amoniaco supuestamente ayudaba a limpiar las manchas de los dientes (mejor no hablemos del aliento).
Aparentemente, dejar que la orina se pudra durante algún tiempo da tiempo a la urea para que se convierta en amoníaco, que es un agente antibacteriano y blanqueador utilizado en los productos de limpieza del hogar.
No fueron solo los antiguos romanos quienes utilizaron este método escatológico de blanqueamiento de dientes; A lo largo de la historia, ha sido utilizado por varias personas e, incluso hoy en día, algunos se sienten tentados a intentarlo.

Cortar las encías

En los viejos tiempos, la mortalidad infantil era muy alta; y la mayor parte del tiempo, la razón de la muerte era totalmente desconocida. Los niños morían frecuentemente entre los 6 meses y los 2 años de edad, lo que, casualmente, es aproximadamente el momento en que salen los primeros dientes. Las mentes médicas del momento pensaron que esto podría no ser una simple coincidencia, por lo que concluyeron que el proceso de la dentición también era la causa de la muerte infantil. Así que ni cortos ni perezosos -y desafortunadamente para los niños involucrados-, los médicos de la época desarrollaron una amplia gama de intervenciones, que incluían sangrado, ampollas y colocación de sanguijuelas en las encías. En algunos casos, incluso quemaban la parte posterior de la cabeza del bebé.
Durante el siglo XVI, el cirujano francés Ambroise Paré (1510-1590) introdujo la punción de las encías, y este se convirtió en el método preferido. Encontramos escritos como este: "El médico Marshall Hall (1790–1857) escribió que preferiría pinchar las encías de un niño 199 veces innecesariamente que omitirlas una vez si fuera necesario y le ordenó a sus estudiantes que lo hicieran antes, durante y después de que aparecieran los dientes, a veces dos veces al día ".Aún se desconoce cuántos niños murieron a causa de infecciones que probablemente se desarrollaron tras tales procedimientos.
Otro recordatorio de cómo los humanos podemos llegar a ser increíblemente bárbaros sin la más mínima intención de serlo.

Heroína como medicamento para la tos

¿Heroína? Así es. Debido a las molestias que causaba la tos, los científicos diseñaron varios brebajes -no puede llamarse de otra forma- a lo largo de los siglos para eliminarla. Un invento que la compañía farmacéutica alemana Bayer comercializó en su momento tenía un ingrediente particularmente potente: la heroína. La inclusión de esta sustancia altamente adictiva estaba destinada a reemplazar el opio, que se había convertido en una popular droga de abuso. Este medicamento de venta libre se promovió como un "sustituto de morfina no adictivo". Aunque pronto quedó claro que la heroína también era increíblemente adictiva. Dicha droga se comercializó entre 1898–1910. En 1924, sin embargo, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) prohibió que la heroína se vendiera, importara y fabricara. ¿Y la heroína funcionaba mejor que los jarabes de la tos? Pues lo cierto es que no.

Hace solo 20 años, era normal fumar cigarrillos en restaurantes, conducir bajo la influencia del alcohol era algo común hasta la década de 1970 y, en la década de 1960, las mujeres embarazadas bebían regularmente alcohol y fumaban. ¿Qué estamos haciendo ahora que nos sorprenderá en unas pocas décadas?

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