¿Qué son las auroras boreales?

En algunas regiones del norte, las largas noches de invierno se tiñen de verde, violeta y azul. La aurora boreal es un fenómeno que siempre ha despertado nuestra curiosidad y ha estado presente en mitos y leyendas.

 

El fenómeno comenzó a investigarse con una perspectiva científica en el siglo XVII. Y fue a principios del siglo XX, con los experimentos del noruego Kristian Birkeland, cuando se empezó a comprender mejor su origen.

Su nombre viene de Aurora, la diosa romana del amanecer, y Bóreas, el dios griego del viento del norte. En el hemisferio sur también se da el mismo fenómeno, pero es conocido como aurora austral.

Las auroras australes se producen con la misma frecuencia y la misma intensidad que en el hemisferio Norte. Se denominan de esta forma por encontrarse en el hemisferio austral, es decir, el  hemisferio Sur. Sin embargo, no son tan conocidas como las auroras boreales por la sencilla razón de que en este hemisferio hay una menor cantidad de tierra habitable y una menor población. Esto hace que sean más difíciles de observar y que sean menos conocidas.

El nombre correcto para denominar este fenómeno es el de aurora polar. En función de si se producen en el hemisferio Norte o en el hemisferio Sur, debemos llamarlas auroras boreales si se trata del hemisferio Norte o auroras australes si hablamos del hemisferio Sur.

 

Una aurora se produce cuando las partículas cargadas procedentes del Sol chocan con el campo magnético de la Tierra. El Sol, situado a 150 millones de km de la Tierra, emite continuamente partículas que viajan a velocidades de entre 300 y 1000 kilómetros por segundo, de modo que recorren la distancia del Sol a la Tierra en aproximadamente dos o tres días. Estas partículas procedentes del viento solar son atraídas por el campo magnético de la Tierra y se dirigen hacia los polos.

Cuando esas partículas alcanzan nuestra atmósfera chocan con las moléculas de oxígeno y nitrógeno, excitando los átomos y haciendo que estos ganen un electrón. Transcurrido un rato, al liberarse de ese electrón, devuelven la energía adquirida en forma de luz. Esta luz puede producirse con distinta intensidad y longitud de onda, que afectan al color de la luz que vemos. Los colores verde y amarillo son el resultado de la combinación con el oxígeno. Los tonos azules y purpúreos, de la actividad del nitrógeno.

Todo este fenómeno ocurre a unos 100 kilómetros por encima de nuestras cabezas. La enorme carga energética de las auroras, que contienen infinidad de átomos y moléculas, es la razón por la que llegamos a verlas con tanta claridad.

La actividad solar es variable y cíclica, es decir, cambia constantemente pero sigue ciclos de 11 años. Sin embargo, no es posible predecir esta actividad, por esto también las luces de colores de las auroras boreales cambian todo el tiempo de forma e intensidad. Pueden ser muy tenues o muy brillantes, lo suficiente como para poder leer con su iluminación.

Durante una noche, la aurora puede comenzar como un arco aislado muy alargado que se va extendiendo en el horizonte, generalmente en dirección este-oeste. Se pueden formar ondas o rizos a lo largo del arco y también estructuras casi verticales. De repente la totalidad del cielo puede llenarse de bandas, espirales, y rayos de luz que tiemblan y se mueven rápidamente de horizonte a horizonte. Y tan rápido como llega, puede marcharse y dejar un cielo estrellado sin actividad.

La ciencia continúa investigando las auroras boreales y todo parece indicar que queda mucho por conocer. En 2018, científicos finlandeses descubrieron un nuevo tipo de auroras en colaboración con un grupo de observadores y fotógrafos aficionados. Las bautizaron con el nombre de dunas, debido a la particular forma que adoptan.

Este fenómeno no está restringido a la Tierra. Las auroras también tienen lugar en otros planetas del Sistema Solar. El telescopio espacial Hubble ha fotografiado auroras en Saturno y Júpiter, que poseen intensos campos magnéticos. Aunque los colores son distintos a los observados en la Tierra, debido a la diferente composición de sus atmósferas.

Las auroras también han sido detectadas en Marte por la nave Mars Express, durante unas observaciones realizadas en 2004 y publicadas un año más tarde. Marte carece de un campo magnético análogo al terrestre, pero sí posee campos locales, asociados a su corteza. Son éstos, al parecer, los responsables de las auroras en este planeta.

Aunque puede que no pensemos demasiado en ello, las auroras boreales son un fenómeno tan natural como el clima. Su apariencia e intensidad varían en función de la actividad del sol y su ubicación depende del campo magnético de la Tierra.

Elaboración propia

Doctor Fisión

Doctor Fision

Divulgador científico especialista en física y astrofísica, y apasionado de la ciencia en general. Autor del bestseller "El Universo Explicado" y de "La Nueva Carrera Espacial". Tiene más de 3 millones de seguidores en redes sociales.

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