¿Qué es la formicofilia?

Parafilia en la que la estimulación sexual se produce al ser arrastrada o mordida por pequeños insectos, como las hormigas.

Aunque suele relacionarse con la zoofilia, la formicofilia es una parafilia diferente en la que la particularidad reside en obtener placer sexual mediante el contacto directo con animales pequeños en zonas erógenas del cuerpo como el pene, el clítoris, el pecho o el ano pero no se establece contacto sexual como sí sucede en la zoofilia.

 

Los animales más comunes en esta práctica son las hormigas, aunque también puede darse con caracoles, ranas, abejas o gusanos. Todas aquellas personas que sufren esta parafilia sienten una gran excitación cuando estos insectos o pequeños animales caminan, muerden o pican por las zonas en las que son colocados (provoque esto heridas o no) o con cualquier desplazamiento por el cuerpo que genere algún tipo de estimulación sexual.

 

Los formicofílicos suelen tener fantasías sexuales con animales cubriéndoles el cuerpo e introduciéndose por las diferentes cavidades del mismo. El término fue acuñado por los investigadores Ratnin Dewaraja y John Money en 1986 en su publicación en la revista American Journal of Psychoterapy (vol. 41) y su etimología procede del latín formica (hormiga) + el griego philia (amor).

 

Las zonas del planeta en las que existe más inclinación hacia la formicofilia son aquellas en vías de desarrollo, puesto que los insectos tienen un acceso más directo a los hogares y por tanto también al contacto con las personas que viven allí.

 

Como decimos, esta parafilia suele implicar la aplicación de insectos en los genitales, pero otras áreas del cuerpo también pueden representar el objeto de deseo o atracción en relación a los pequeños insectos. Quizá lo que se desea es un leve cosquilleo o si se trata de babosas, por ejemplo, una sensación viscosa.

En el primer estudio confirmado de esta parafilia, el paciente había comenzado a acumular hormigas en un armario de su habitación como pasatiempo cuando tenía nueve años. A esta edad disfrutaba de "la sensación de cosquilleo" de las hormigas arrastrándose sobre sus piernas y muslos. A los diez años, tuvo una relación sexual con otro niño y cuando su padre le descubrió le dio una paliza. Cuando alcanzó los 13 o 14 años, a las hormigas de su colección añadió también caracoles y cucarachas, sintiendo cada vez más apego por estos insectos.

De hecho, había comenzado a masturbarse mientras las hormigas se arrastraban sobre sus piernas. Cuando cumplió los 28 años, se masturbaba varias veces a la semana mientras las cucarachas se arrastraban por sus muslos y testículos, y los caracoles se arrastraban por sus pezones y pene. A pesar de que el paciente no se encontraba cómodo con este disfrute sexual, no lograba llegar al orgasmo ni a obtener placer de las relaciones sexuales normales. 

También se describió otro caso posteriormente, en 2012, cuando con 14 años, el paciente comenzó a dejar que las hormigas se arrastraran por sus genitales, especialmente hormigas de fuego, algo que le resultó tremendamente excitante -sexualmente hablando-, continuando con este hábito hasta la edad adulta. Según el informe, el paciente de formicofilia, no tenía problemas sociales.

 

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Sarah Romero

Sarah Romero

Fagocito ciencia ficción en todas sus formas. Fan incondicional de Daneel Olivaw y, cuando puedo, terraformo el planeta rojo o cazo cylons. Hasta que viva en Marte puedes localizarme por aquí.

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