¿Por qué hay gente que sufre intolerancia a la lactosa?

La intolerancia a la lactosa se da por una deficiencia de la enzima lactasa, producida por el intestino delgado y encargada de la absorción de la lactosa, un tipo de azúcar presente en la leche y en muchos alimentos preparados.

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La intolerancia a la lactosa afecta aproximadamente a un 30% o 40% de la población española. Se produce porque el organismo de determinadas personas no fabrica una enzima llamada lactasa o no en la cantidad adecuada, por lo que no pueden digerir la lactosa, presente en los lácteos, otros alimentos y preparaciones culinarias.

La lactasa se encarga de dividir la lactosa en sus dos moléculas: glucosa y galactosa, para poder ser absorbida. Si esto no sucede (porque no hay suficiente cantidad de lactasa o directamente ninguna), la lactosa seguirá su camino sin ser absorbida, producirá fermentación y gases. Los síntomas dela intolerancia serán: distensión abdominal acompañada de dolor y sonidos de movimientos intestinales que se pueden asociar con diarrea y, en casos extremos, vómitos y estreñimiento. 

La lactasa se pierde en los mamíferos cuando llegan a la edad adulta “salvo en las zonas donde se mantiene históricamente la ingesta de leche a lo largo de la vida a través de las vacas o rebaños de cabras u ovejas, como son los países nórdicos europeos, las poblaciones del norte de África y en Arabia y con menor intensidad los habitantes del Sur de Europa”, nos cuenta el doctor Federico Argüelles Arias, Presidente de la Fundación Española del Aparato Digestivo (FEAD).

¿Es lo mismo intolerancia a la lactosa que alergia?

No. La intolerancia a la lactosa se produce cuando la persona tiene un déficit de lactasa que hace que no absorba bien la lactosa. Al llegar al colon, la lactosa mal absorbida es fermentada por las bacterias del intestino y produce gases, entre otras cosas.

Las alergias están mediadas por una reacción inmune a través de inmunoglobulinas, la más común es la alergia a las proteínas de la leche de vaca y suele inducir síntomas parecidos. No obstante, en muchas ocasiones, los problemas alérgicos cursan con reacciones cutáneas, oculares y respiratorias que no aparecen en el caso de la intolerancia a lactosa”, nos cuenta Argüelles Arias. 

¿Y malabsorción e intolerancia a la lactosa?

Tampoco es lo mismo. El término malabsorción solo hace referencia a que la lactosa no es absorbida, mientras que con intolerancia a la lactosa nos referiremos a la aparición de síntomas originados por esta malabsorción. De hecho existen personas que presentan malabsorción de lactosa sin síntomas.

Intolerancia secundaria a la lactosa

¿En qué consiste? Federico Argüelles Arias nos lo explica: “Existen casos de intolerancia a lactosa secundaria, que quiere decir que el intestino ha perdido la lactasa de forma temporal a raíz de un problema en el intestino. Así, por ejemplo, tras una gastroenteritis severa o en la enfermedad celíaca. En estos casos, se pierden las vellosidades del intestino, donde se acumula la lactasa y hasta que no se reponen no se vuelve a concentrar la lactasa. Aquí sí que el paciente puede volver a consumir lactosa poco a poco. En el resto de los casos, la actividad lactásica no suele recuperarse, en todo caso, se puede mejorar la metabolización que las bacterias del colon hacen de la lactasa, por ejemplo, aportando probióticos”.

¿Hay que eliminar la lactosa de la dieta si se es intolerante?

“Los adultos con deficiencia de lactasa suelen mantener entre un 10 y un 30% de la actividad de la lactasa intestinal y desarrollar síntomas sólo cuando ingieren suficiente lactosa como para sobrepasar los mecanismos compensadores del colon”, nos cuenta Federico Argüelles Arias.

“La deficiencia de lactasa es variable entre las personas intolerantes a la lactosa. La mayoría de los pacientes intolerantes pueden soportar la ingesta de al menos 12 gramos de lactosa, equivalente a un vaso de leche. Pero en realidad, muchos pacientes se quejan de alteraciones intestinales con ingestas inferiores a esta cantidad. Se debería limitar la ingesta de lactosa diaria a las dosis que no produzcan efectos secundarios”, apunta Ángel Ferrer Torres, alergólogo en el Hospital Quirón Salud de Alicante y miembro de Top Doctors.

¿Todos los lácteos se toleran igual?

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“Se toleran mejor los productos fermentados porque las bacterias han hidrolizado la lactosa. Entre los más habituales se encuentra el queso curado o semicurado o algunos yogures producidos de manera artesanal ya que las bacterias que los fermentan tienen lactasa. También los helados y sueros procesados de manera tradicional. Otros productos lácteos como las cuajadas, al tener grasa y extraerse la parte acuosa donde está la lactosa, también se pueden tolerar perfectamente, al igual que la mantequilla”, declara Ferrer Torres.

¿Si dejas los lácteos sin ser intolerante te vuelves intolerante?

Se trata de una creencia muy extendida pero ¿es una leyenda urbana o sí que ocurre? Federico Argüelles Arias nos comenta que no hay constancia de esta afirmación.

¿Por ser intolerante a la lactosa se puede tener déficit de calcio?

Que una persona sea intolerante a la lactosa puede llevarnos a pensar que al no poder ingerir la misma cantidad de lácteos que tomaría alguien con suficiente lactosa en su organismo, podría sufrir una carencia de calcio. Pues no tiene por qué.

Según Ferrer Torres, los adultos necesitamos 1000 mg de calcio al día. El alergólogo nos cuenta que los lácteos aportan casi la mitad de esta cantidad. Sin embargo, existen otros alimentos no lácteos que aportan cantidades nada despreciables de calcio. De hecho, pueden aportar más que la propia leche (100 mg de calcio/100g de leche). Entre ellos el especialista destaca las semillas de sésamo (700 mg de calcio/100g de semillas), el tofu (250 mg de calcio /100g de tofu), pescados azules como boquerón, sardina o anchoa (250 mg de calcio /100g de pescado), almendras y pistachos, verdura cocinada al vapor como espinacas, brócoli, lechuga, acelgas, perejil, y algas como wakame, y legumbres como garbanzos (150 mg de calcio/100g del alimento).

Por otro lado, los lácteos que se venden sin lactosa siguen aportando calcio, de hecho sus valores nutriciones son exactamente iguales a los de los lácteos al uso, lo único en lo que difieren es que a los sin lactosa (sí que llevan lactosa) se les añade lactasa para poder ser digeridos.

Lactosa obvia

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La lactosa no está presente únicamente en los lácteos sino en preparaciones culinarias en las que se utilicen estos o sus derivados como en la bollería elaborada con leche o mantequilla, en el pan de molde o en el puré de patatas en copos. Por supuesto tendrán lactosa la bechamel, los pasteles de nata, la salsa blanca, preparaciones con crema de leche, helados de crema, batidos de fruta y de chocolate hechos con leche y chocolate con leche. Según el experto de Top Doctors: “La ingesta de estos alimentos suele producir síntomas asociados a la intolerancia”.

Y lactosa camuflada

“La lactosa se oculta en pequeñas cantidades en fármacos como excipiente (lo especifica el producto), sustitutos de comida (barras, en polvo) y suplementos de proteínas. También se pueden encontrar trazas en productos marcados con la letra L, carnes procesadas (embutidos, patés), sazonador en polvo, margarinas, cereales para desayuno, comidas preparadas. Tal y como se indica estos alimentos suelen contener trazas y muy difícilmente la cantidad ingerida llega a producir síntomas en un intolerante a la lactosa. Estas indicaciones se especifican para los pacientes alérgicos a las proteínas de leche de vaca”, apunta el alergólogo Ángel Ferrer Torres.

Lactasa en pastilla

Existen intolerantes a la lactosa que, por ejemplo, en comidas en sociedad se toman una pastilla y así pueden comer alimentos que contienen lactosa sin miedo a que les caiga mal. Esta pastilla es básicamente lactasa y se puede adquirir en la farmacia sin receta. Preguntado por si es bueno o no consumirla habitualmente, Federico Argüelles Arias responde: “No hay constancia de efectos adversos, si bien, se recomienda que no se ingiera forma habitual, sólo a demanda cuando se conozca que se va a hacer una comida con importante cantidad de lactosa”.

Mar Aguilar

Mar Aguilar

Me hubiera gustado ser médica pero le tengo terror a la sangre. Por eso, escribir sobre salud no me parece mal plan. También me interesa la nutrición. Disfruto viendo vídeos de YouTube con guiris preparando comida saludable.

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