¿Cómo nos volvemos supersticiosos?

La casualidad gobierna nuestras vidas, pero los seres humanos intentamos encontrar asociaciones con las que podamos explicar lo que está ocurriendo. La superstición surge a partir de esa necesidad: amuletos, rituales y tabúes nos permiten creer que controlamos el mundo. En la mayor parte de los casos, nace a partir de lo que los psicólogos llaman correlación ilusoria. Creemos que dos acontecimientos están conectados porque alguna vez los hemos visto coincidir y eso ha llamado nuestra atención. Pero muchas veces no existe tal relación causa-efecto. Como nuestro cerebro está preparado para recordar las coincidencias, que pueden ayudarnos a sobrevivir, nos acordamos si derramamos sal y luego sucede algo negativo, pero olvidamos las situaciones en las que después no pasa nada.






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