¿Comemos demasiado pescado?

Es un alimento variado y muy sano, pero ¿estamos esquilmando el océano?

El consumo global de  pescado y marisco se ha duplicado en el planeta en los últimos cincuenta años, y alcanza los 22,3 kilos per cápita, según datos del Centro Común de Investigación de la Comisión Europea (JRC, por sus siglas en inglés). En el caso de la Unión Europea, cada ciudadano come una media anual de 27 kilos de merluza, lubina, atún, sardinas y otros productos del mar. Los españoles andamos por esa cantidad, y nos encanta que sea fresco: el 44,5 % del pescado que comemos lo es, aunque su consumo está bajando ligeramente en los últimos años. Los líderes son los portugueses, que ingieren 61,5 kilos por cabeza.

 

 

Bueno para nosotros, nefasto para los peces 

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) afirma que “el porcentaje de poblaciones explotadas a niveles biológicamente insostenibles creció del 10 % en 1974 al 33 % en 2015”. Por regiones, las que presentan un panorama más sombrío para las especies marinas comestibles son el Mediterráneo y el mar Negro (con un 62 % de poblaciones insostenibles), seguidas por el Pacífico sudoriental, con un 61,5 %, y el Atlántico sudoccidental (59 %).

Semejante nivel de capturas es insostenible a largo plazo. Y el problema no se resuelve regulando la pesca local, porque el océano no entiende de fronteras. Hace falta un acuerdo internacional. Para precisar el estado de la cuestión, el JRC ha elaborado el informe Huella de consumo mundial de productos del mar, que contempla la producción, el consumo y las importaciones. Sus datos indican que la demanda global de pescado destinado al consumo humano fue de 144 millones de toneladas en 2011, con China a la cabeza (65 millones anuales de toneladas), seguida por la Unión Europea (13 millones de toneladas).

Lo curioso es que, según los médicos, deberíamos tomar más pescado. La OMS informa de que dos tercios de la población mundial comen menos de dos raciones a la semana, que es el mínimo saludable. Una investigación recientemente publicada en la revista Journal of Internal Medicine sostiene que consumirlo contribuye a la reducción de la mortalidad en los hombres y mujeres afectados por enfermedades cardiovasculares y respiratorias, entre otras.

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