¿Dónde está el museo de los alimentos más repugnantes?

Se encuentra en la ciudad sueca de Malmö y se llama Disgusting Food Museum.

No todos los museos del mundo son lugares destinados a conservar y exponer colecciones de objetos artísticos de gran valor, como el Prado, el MoMA o el Louvre; los hay diferentes, de los que llaman la atención precisamente por la rareza de su temática: que va desde orinales (el de Ciudad Rodrigo, Salamanca) y excrementos (ubicado en la ciudad inglesa de Wight) hasta collares de perro (en Leeds) o de las relaciones amorosas rotas (situado en Zagreb), entre muchos otros. Como el de los alimentos repugnantes, bautizado con el nombre de Disgusting Food Museum (en castellano, “museo de la comida asquerosa").

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Ubicado en la localidad sueca de Malmö, muy cerca de la Estación Central de la ciudad, se inauguró en octubre del año pasado y sus puertas permanecerán abiertas hasta el 1 de septiembre de 2019. El precio para un visitante adulto es de 185 coronas suecas (unos 17,7 euros).

En realidad el concepto de “alimento repugnante”, como sabemos, es altamente relativo: ya que, según las culturas, una misma comida puede resultar asquerosa para unos y una exquisitez para otros. Y no son pocas las ocasiones en que cambiamos nuestro parecer sobre un mismo alimento. Este museo sueco nos invita a abrir nuestra mente en lo que se refiere al mundo de la comida y a desafiar a nuestros prejuicios.

La muestra exhibe un total de ochenta platos procedentes de países de todo el mundo, y los visitantes cuentan con la posibilidad de oler y degustar algunos de esos alimentos que hasta entonces eran desconocidos para ellos. Así, nos proponen oler el queso más apestoso del planeta e incluso degustar dulces realizados a base de productos químicos usados para la limpieza de metales –es de suponer que se habrán cerciorado de que no resultan tóxicos para la salud del ser humano–.

Un queso infestado de gusanos

Otras delicatessen que encontraremos en el Disgusting Food Museum son el surströmming –arenque fermentado de Suecia–; el cuy –una especie de conejillo de Indias que se consume asado en Perú–; el casu marzu –un queso infestado de gusanos propio de Cerdeña–; el hákarl –realizado con carne curada de tiburón peregrino y propio de Islandia–; y el durián, la fruta más apestosa del mundo, originaria de Tailandia.

El hecho de que te den una bolsa a la entrada del museo, por si tienes que vomitar, a priori no nos promete una visita muy placentera, pero sí destinada a saciar nuestra curiosidad. Y parece que lo ha conseguido, a tenor de que los emprendedores que lo han puesto en marcha montaron una exposición temporal en Los Ángeles que permaneció abierta hasta el 17 de febrero.

Imagen (del murciélago de la fruta, arriba; y el queso casu marzu; abajo): Disgusting Food Museum

Raquel de la Morena

Raquel de la Morena

Periodista. También escritora de romances históricos y novela juvenil. Sin terraplanistas ni escépticos de la llegada del hombre a la Luna entre mi gente más cercana –que yo sepa–.

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