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Al finalizar la II Guerra Mundial, en distintos laboratorios competían por diseñar un dispositivo que sustituyera a las costosas, enormes y frágiles válvulas de vacío, esas cosas parecidas a bombillas que aparecen en las viejas películas de ciencia ficción. Laboratorios Bell creó en 1945 un grupo dedicado a comprender la física de los semiconductores. El director, M. J. Kelly, tomó dos decisiones trascendentes: limitarse a estudiar sólo dos elementos, el germanio y el silicio, y retomar una idea de 1930 sobre el control de la corriente eléctrica en semiconductores. Acertó: el 23 de diciembre de 1947, J. Bardeen y W. Brattain ponían a punto el primer amplificador de estado sólido, bautizado como "transistor de puntas de contacto".


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