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Un estudio realizado por biólogos del Instituto Cawhron, en Nelson (Nueva Zelanda), demuestra que las truchas que habitan en ríos de difícil acceso aprenden rápidamente de sus errores: una vez capturadas y devueltas al agua, se sumergen hasta el fondo y se alejan del lugar. Además, memorizan el suceso y evitan volver a picar el anzuelo, al menos durante un mes. Por el contrario, en los ríos frecuentados por los pescadores, las picadas dependen menos del cebo y más de la temperatura del agua de las capas superiores, que anima a los peces a comer.







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