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Pocos lo saben, pero el tejado de los molinos de viento, tan típicos en el paisaje manchego, no está fijo al cilindro de la torre, sino que se mueve alrededor de un anillo para poder orientar las aspas según la dirección del viento. El palo que vemos cerca de los molinos tiene una importante misión: dirigir el movimiento de la cubierta y las aspas.

Gracias a los ventanales de la torre, el molinero puede saber en qué dirección sopla el viento. Entonces enrolla sobre un torno la cadena sujeta al palo de gobierno para lograr que el armazón cónico gire. Cuando las aspas están orientadas, se inmoviliza la cubierta fijando el torno a una de las piedras semienterradas alrededor del molino.

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