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Las mil y una sonrisas del Joker

Junto con Lex Luthor, principal enemigo de Superman, el Joker es el supervillano más antiguo de la historia del cómic.

Intentó envenenar los embalses de agua de Gotham City, voló por los aires escuelas y hospitales, corrompió la mente de Harley Quinn, usó su letal gas de la risa más veces de las que pueden ser contadas, despellejó vivo a un hombre, mató a palos a Jason Todd y provocó una parálisis a Bárbara Gordon con el único objetivo de torturar a su padre y a Batman. La lista de los crímenes del Joker daría para un artículo por sí solo, pero aun con todo lo que ha hecho (y lo que le queda por hacer) no nos imaginamos un mundo sin su estridente risa de asesino demente. El Joker es uno de esos personajes que las historias necesitan para ser interesantes. Un malvado al que da gusto odiar.
Un superhéroe sin un rival al que enfrentarse es como un Hércules sin una hidra a la que cortarle cabezas. En más de una ocasión son los antagonistas, esos personajes que en teoría deberíamos despreciar, los que acaban por conquistar nuestros corazones frente a unos héroes que no saben qué hacer. Todos tenemos un lado oscuro dentro de nosotros y puede que sea por eso que nos gusta liberar a nuestro pequeño Mr. Hyde particular a través de estos malos malísimos. El Joker aparece como la perfecta contraposición a Batman: un incendio fuera de control, un agente del caos que solo busca la destrucción de todo cuanto le rodea. Batman ve en este príncipe payaso del crimen el descontrol y la muerte aleatoria como la que sufrieron sus padres, su mayor miedo. Es por eso que ambos personajes encajan tan bien.
Los malos, al contrario que los héroes, suelen encarnar esos comportamientos e ideas que nos asustan u odiamos de nosotros mismos y nuestra sociedad. Y tal vez es por eso que los malhechores nos gustan tanto; porque sabemos que en estas historias siempre acabarán perdiendo y nos tomamos la libertad de disfrutarlos. Si a esto se le añade el hecho de que los villanos son la otra cara de sus héroes, como en el caso que nos ocupa, empezamos a ver de dónde viene nuestro gusto por un buen malo. Cuando sentimos que estos dos personajes encajan el uno con el otro, nos da la sensación de que el héroe se enfrenta a su destino, a aquello para lo que se ha preparado. Joker es el dragón que retiene a la princesa, esa entropía que hace que el universo tienda al caos. El Joker es malo porque el mal existe, porque sí. Y al igual que el "porque sí" de una madre, poco se puede hacer contra él.
Einstein teorizaba que "la oscuridad es la ausencia de luz"; sin una no sabríamos que la otra existe. Pues bien; sin un villano, un héroe no vale nada. Aquí están las mejores (y peores) interpretaciones de ese psicópata de sonrisa enorme y mente destrozada. Los mejores Jokers de la historia.

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