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Pueden hacerlo aunque, dada la anatomía de su aparato urogenital, son incapaces de orientar el "chorrito", así como el nivel de flujo. El hombre lo consigue gracias a que la uretra cruza la longitud de su pene y puede ayudarse con las manos para miccionar. Cuando una mujer intenta orinar de pie, el chorro produce salpicaduras y, a medida que la micción decae en intensidad, el pipí tiende a escurrir por las piernas. Hace años se lanzaron al mercado unos conos de papel para la micción "erguida" que estaban adaptados a la anatomía femenina.

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