Vuelta a los orígenes de los coches eléctricos

Los coches y los patinetes eléctricos no eran, en sus inicios, tal y como los conocemos ahora. De hecho, han cambiado mucho a lo largo de los años. ¿Quieres conocer sus orígenes?

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Seguro que si te preguntáramos qué tipo de coche se desarrolló antes, no dudarías en contestar que los diésel y los  gasolina fueron antes que los eléctricos. Sin embargo, nada más lejos de la realidad, pues los motores eléctricos existieron antes que el motor de cuatro tiempos. Entre 1832 y 1839, el hombre de negocios Robert Anderson inventó el primer vehículo eléctrico puro, mientras que el profesor Sibrandus Stratingh diseñó y construyó, con la ayuda de su asistente Christopher Becker, vehículos eléctricos a escala reducida en 1835.

Durante la década de 1850, los franceses Gastón Planté mejoraron la pila eléctrica; y durante la década de 1880, Camille Faure siguió allanando el camino para los vehículos eléctricos. Ya en 1867, durante la Exposición Mundial de París, el inventor Franz Kravogl mostró un ciclo de dos ruedas con motor eléctrico. Francia y Gran Bretaña fueron las primeras naciones que apoyaron el desarrollo generalizado de este tipo de vehículos, hasta que Camille Jenatzy logró romper la barrera de los 100 km/h, alcanzando una velocidad máxima de 105,88 km/h, justo antes de la preeminencia de los motores de combustión interna.

Patinete eléctrico

Pese a haberse puesto muy de moda en los últimos meses, lo cierto es que el patinete eléctrico que tanto vemos ahora en las grandes ciudades como Madrid y Barcelona tampoco es algo nuevo. Y es que en 1915, el imperio Krupp, una compañía dedicada a la fabricación de pequeñas armas durante la Guerra de los 30 años, se pasó a la producción de monopatines en su fábrica situada en Long Island, Nueva York. Estos monopatines motorizados equipaban un motor de gasolina de 155 centímetros cúbicos, pudiendo alcanzar los 25 kilómetros por hora.

Fue a partir de la década de 1930 cuando este tipo de vehículos empezaron a evolucionar. Así pues, se mejoraron los frenos, las luces y la suspensión, además de aparecer los modelos plegables. Los primeros modelos eran pesados y con una maniobrabilidad más bien reducida, pero con el tiempo todas estas características fueron mejorándose, legándose a fabricar incluso modelos con asiento. Tras las Segunda Guerra Mundial, aumentó la producción de estos monopatines con motor, que se convirtieron –sin siquiera saberlo– en los antecesores de los patinetes eléctricos modernos.

Vehículo anfibio

Otro de los orígenes destacados es el del coche anfibio, vehículo que puede operar tanto en tierra como en mar. Para ello, tenemos que remontarnos más de 200 años atrás para encontrar el primer vehículo capaz de navegar por tierra y por agua indistintamente. Fue creado en 1805 por el inventor estadounidense Oliver Evans, que fabricó una barca de 17 toneladas que contaba con unas ruedas de madera que permitían transportar el barco del agua al taller y viceversa.

No obstante, el vehículo anfibio empezó a conocerse gracias a un gran productor alemán, durante los años 60. De hecho, fue la única marca que tuvo la valentía de lanzarse a la producción en masa de este tipo de vehículos. Si bien es cierto que desde entonces ha quedado demostrado que el mercado de vehículos anfibios no está hecho para el consumo masivo, también es verdad que los Amphicar –que así es como se llaman– han sabido mantenerse como una de las principales y pocas empresas productoras de este tipo de vehículo.

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